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Los paseos con Nacho

Este blog quiero que también sea un homenaje a mi padre, Nacho Carnero. Una persona que hizo de la escritura una forma de contar paseos, reflejados en multitud de artículos, novelas y cuentos, tal y como se detalla en este breve perfil. Ignacio Carnero (Salamanca, 1944-2018) posee numerosos premios de cuentos y artículos periodísticos, entre los que destacan: Paz en la Tierra, Miguel de Unamuno, Gabriel Sijé, Ciudad de Arévalo, etcétera, así como el Víctor Chamorro de Relatos 2011. Su novela ‘Los desterrados’ se clasificó para las votaciones postreras del Planeta, en tanto que otras, como ‘La maldición de un dios cruel’, ‘El ruido y el silencio’, ‘La veleidosa paloma blanca de la libertad’ y ‘Cincuenta y cinco días allende el Tormes’, llegaron a las puertas del Ateneo de Valladolid, Ciudad de Cáceres, Tigre Juan y Manuel Díaz Luis. Después de su primer volumen de relatos publicado, ‘Un camino hacia la esperanza’, candidato al Nacional de Literatura “Miguel de Cervantes” y al Fastenrath, de la Real Academia Española, y de su ‘Diccionario de personajes, topónimos y demás nomenclaturas del callejero salmanticense’, considerado ya como indiscutible referencia en la bibliografía sobre la Ciudad del Tormes, ha visto editados ‘Buscarruidos y otras historias taurinas’, ‘Aquella cigüeña tempranera’, ‘Crónica de una noble institución salmantina’ (Historia de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, después llamada Caja de Salamanca y Soria o Caja Duero) y ‘Callejero histórico salmantino’. Ha sido colaborador de El Adelanto y de La Gaceta de Salamanca. Su novela póstuma, ‘La Campana del Carnaval’, fue presentada en el Casino de Salamanca en noviembre de 2019. A continuación se muestran algunos de sus últimos artículos:

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Visitar las Cataratas del Niágara, excursión de un día desde Toronto

Cuesta pensar que estadounidenses y canadienses compartan algo más allá del idioma, ¿verdad? Pues, más aún, que compartan una atracción turística de la envergadura de las Cataratas del Niágara. Aunque ya eran populares como destino para recién casados, la película ‘Niágara’, protagonizada por Marilyn Monroe, hizo que el número de visitantes se disparara. Al igual que ‘Superman II’, donde se rodaron algunas impactantes escenas que seguro recuerdas si naciste en la década de los 70 u 80. Una excursión de un día o fin de semana es una de las actividades más típicas desde Toronto. Qué hacer en las Cataratas del Niágara o Niagara Falls 1. Table Rock Welcome Centre Empieza tu visita a las Cataratas del Niágara en el Centro de Bienvenida y déjate aconsejar para disfrutar al máximo. En Table Rock podrás, además, comprar alguno de los pases turísticos como el Niagara Falls Explorer Pass. También encontrarás tiendas de recuerdos y varios restaurantes. El Table Rock House, con excelentes vistas, ofrece brunch dominical con dos opciones: a la carta o por un precio fijo de 30 dólares. 2. Crucero Maid of the Mist En funcionamiento desde 1846, es uno de los servicios turísticos más antiguos del mundo que todavía sigue activo. Esta emocionante experiencia tienes que hacerla, al menos, una vez en la vida. El precio de los cruceros en el Maid of the Mist es de 22,25$ para adultos y 13$ para niños entre 6 y 12 años. Los menores de 5 años acompañados por un adulto pueden acceder de manera gratuita. El trayecto es muy seguro, pero te avisamos que da ‘un poco de respeto’ cuando el barco se acerca a la catarata y tiene que emplear a fondo sus motores para vencer la fuerte corriente en contra. Aunque la compañía proporciona un chubasquero con cada tíquet, te mojarás sin remedio. Así que ten mucho cuidado con la cámara fotográfica o teléfono móvil. 3. Subir a la torre Skylon La atracción más famosa de las Cataratas del Niágara te brindará las mejores vistas de esta maravilla y sus alrededores. Desde la torre Skylon es posible divisar Nueva York o Toronto en los días más claros. Pensada para el ocio de toda la familia, en ella podrás encontrar un observatorio, 3 restaurantes panorámicos -uno de ellos, giratorio- o un centro de ocio. 4. Pasear por Niagara Falls Como si de un parque temático se tratara, las calles de Niagara Falls están plagadas de llamativas tiendas y restaurantes. Cadenas como Rainforest Cafe o Hard Rock Cafe cuentan con sucursales de lo más coloridas. 5. Tomar una cerveza en la Niagara Brewing Company Con varias refrescantes cervezas de barril, algunas de ellas de elaboración propia, la Niagara Brewing Company es el sitio perfecto para hacer un alto en el camino antes o después de tu visita a las Cataratas del Niágara. Ofrece una «Hoppy Hour» de 15:00 a 16:00 y de 19:00 a 20:00, además de una pequeña carta de comidas y dos terrazas. Los encontrarás en el 4915-A de Clifton Hill. 6. Reponer fuerzas en Chuck’s Roadhouse Bar & Grill Un poco alejado de zona más turística, en el 5317 de Ferry St, se ubica este restaurante para comer en Niagara Falls. Una de las especialidades de Chuck’s Roadhouse Bar & Grill es el denominado steak and lobster: solomillo de ternera con cola de langosta a la parrilla. Nunca un ‘tierra y mar’ nos supo tan delicioso. En su menú, también ofrecen hamburguesas, costillas, ensaladas, platos de pollo o fish and chips. 7. Cata de vino de hielo o icewine Algo que hacer de manera casi obligatoria cuando visites las Cataratas del Niágara es una cata de vinos en alguna de las más de 50 bodegas de la región. Cada vez más famoso, el vino helado canadiense se produce de viñedos congelados de forma natural cuyos frutos se recogen a temperaturas de -8º o menos. Ideal para postre, el ice wine es bastante caro ya que son necesarios muchos kilos de fruto para una sola botella. 8. Niagara on the Lake Al contrario que Niagara Falls, esta ciudad de postal parece haberse quedado anclada en el tiempo. Pasea tranquilamente por el centro histórico de Niagara on the Lake, relájate en Queen’s Royal Park, explora las pequeñas tiendas o disfruta de los dulces típicos en alguno de sus acogedores cafés. ¡Una verdadera delicia! ¿Cómo llegar hasta las Cataratas del Niágara desde Toronto? El autobús es la manera más cómoda ya que hay varias compañías que realizan el recorrido desde Toronto a las Cataratas del Niágara en dos horas y media. Nosotros elegimos Greyhound. Otra opción es un tren que sale desde Union Station y llega a Niagara Falls en menos de dos horas. ¿Has estado en las Cataratas del Niágara? ¿Cómo fue tu experiencia?

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San Francisco, tranvías y casas victorianas en el norte de California

En esta entrada, os proponemos un recorrido por San Francisco, una de las ciudades más fascinantes de los Estados Unidos. Situada al norte de California, es famosa por el icónico puente Golden Gate. Otras estampas de su cosmopolita imagen la componen los típicos tranvías y coloridas casas victorianas. Pero hay mucho que ver en San Francisco. Y también mucho que comer. Así que vamos a proponeros varias paradas coincidiendo con los lugares más turísticos. ¿Nos acompañais en este paseo? Qué ver en San Francisco 1. The Painted Ladies Uno de los lugares más fotografiados que ver en San Francisco. Esta hilera de casas victorianas de madera, pintadas en colores suaves, son famosas en todo el mundo. Son conocidas también como Postcard Row, por aparecer en cientos de postales, y fueron construidas finales del siglo XIX. Frente a ellas, el parque de Alamo Square (que da nombre al barrio), ideal para sentarse a contemplar el skyline o disfrutar de un pícnic. ¿Dónde comer cerca de The Painted Ladies? Con varios restaurantes en San Francisco, la especialidad de Souvla es el souvlaki. Ellos mismos asan la carne -pollo, cerdo o cordero- que sirve de relleno a unas esponjosas pitas. Te recomendamos que hagas un pedido para llevar y lo saborees en Alamo Square. ¡Ah, y de postre, el clásico yogur griego! 2. Union Square La zona más comercial que visitar en San Francisco es un enjambre de turistas, adictos a las compras y hoteles de cinco estrellas. Boutiques de lujo, tiendas de regalos, grandes almacenes (con Macy’s a la cabeza) y galerías de arte hacen de Union Square una de las plazas más animadas. ¿Dónde comer en Union Square? Un establecimiento imprescindible en la zona de Union Square es Lori´s Diner, en el número 500 de Sutter Street. Esta famosa barra abrió sus puertas por primera vez en 1986 y es muy popular por sus hamburguesas y desayunos. 3. Fisherman’s Wharf Otro de los rincones imprescindibles que ver en San Francisco es el Muelle 39 (Pier 39), situado en Fisherman’s Wharf. Allí, encontrarás muchísimas tiendas y atracciones como el Aquarium o el Cartoon Art Museum. Pero, si algo te sorprenderá, es la inmensa comunidad de leones marinos que vive en su aguas. Siempre concurrido, podréis contratar diferentes actividades -en segway, bicicleta o tuk-tuk– y tours en barco. ¿Dónde comer en Fisherman’s Wharf? En Fisherman’s Wharf podrás almorzar en puestos callejeros o algunos de los mejores restaurantes en San Francisco especializados en pescados y mariscos. Si no sabes qué elegir, te sugerimos The Franciscan Crab, con sus espectaculares vistas a Alcatraz. ¿Dos imprescindibles? Cangrejo y sopa de almejas o clam chowder. 4. Little Italy Una de las zonas con más encanto que ver en San Francisco es, también, una de las más tranquilas. Para conocer a fondo Little Italy, lo mejor es comenzar en el cruce entre Broadway y la Avenida Columbus. Entre sus coloridos edificios, destacan cafeterías y heladerías en las que descansar durante unos minutos antes de seguir descubriendo la ciudad. ¿Dónde comer en Little Italy? No pierdas la oportunidad de saborear la auténtica cocina italiana en Little Italy. Pizza al horno de leña, antipasti, pastas frescas, helados… ¡Y buenos vinos del país alpino! Nosotros acertamos en Original U.S. Restaurant (414 Columbus Ave) y su horario ininterrumpido de 11 a 23. Fundado en 1890, es una institución en la ciudad. 5. Chinatown Después de Nueva York, el Chinatown de San Francisco acoge a la segunda comunidad china más grande de los Estados Unidos. En cuanto cruces la típica puerta de entrada, te esperan mercadillos de comida, tiendas de ropa, artesanía y recuerdos, restaurantes y farolillos por doquier. En Portsmouth Square se izó por primera vez la bandera estadounidense en 1846. Casi dos siglos después, es lugar de encuentro de muchos de sus vecinos, formando una estampa muy original que ver en San Francisco. Por cierto, ¿sabías que las primeras galletas de la fortuna fueron horneadas aquí y no en China? ¿Dónde comer en Chinatown San Francisco? Al igual que en Little Italy, encontrarás un buen puñado de restaurantes especializados en cocina oriental. Regentados por familias de emigrantes, son sinónimo de precios económicos y abundantes cantidades. Nuestra recomendación es Sam Wo, con más de 100 años de andadura y todo un símbolo en Chinatown. 6. Pirámide Transamerica El segundo rascacielos más alto que ver en San Francisco es uno de los iconos de esta ciudad de California. Aunque, actualmente, ya no es sede de la Transamerica Corporation, aún aparece su logo en el edificio. Diseñada por William Pereira, tiene 260 metros de altura. ¿Dónde tomar algo cerca de la Pirámide Transamerica? A tiro de piedra de Chinatown y Little Italy se encuentra Vesuvio Cafe (255 Columbus Avenue). Este bar histórico es el sitio perfecto para hacer un alto en el camino con una buena cerveza de grifo o un cóctel eco-friendly. Inaugurado en 1948, el edificio en el que se encuentra fue diseñado por el arquitecto italiano Italo Zanolini. Enfrente de Vesubio Café podrás, también, curiosear en City Lights Booksellers & Publishers, una de las librerías más míticas que visitar en San Francisco, especializada en artes, literatura del mundo y política progresista. 7. Japantown Japantown es el barrio japonés más grande y antiguo de la nación. Además de su calle principal, Post Street, merece la pena acercarse hasta el Japan Center, repleto de tiendas y restaurantes nipones. Llama la atención una impresionante pagoda de cinco pisos y treinta metros de alto, regalo de la ciudad de Osaka. Y la puerta de entrada a Japantown, similar a a la de un templo. Un barrio muy curioso que ver en San Francisco. ¿Dónde comer en Japantown? Corea no es Japón, pero una barbacoa coreana siempre es una buena idea. Beque BBQ Grill y su ‘barra libre’ de carne -que cocinas tú mismo- por 22 dólares/persona es una gran idea. 8. Lombard Street Situada entre Hyde y Leavenworth, Lombard Street es la calle más famosa de San Francisco. Aunque no es la más empinada

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Niza: playas, cultura y glamur en la capital de la Costa Azul

La séptima ciudad más habitada de Francia es uno de los centros turísticos de la bella Costa Azul. Apenas 30 kilómetros la separan de Italia, cuya influencia culinaria puede apreciarse en algunos de sus platos más típicos. Hoteles de lujo, balnearios, magníficas playas y una marchosa vida nocturna han hecho de ella un destino imprescindible para viajeros de alto nivel adquisitivo. Pero, no te preocupes, hay muchas cosas que ver en Niza sin dejar a cero la cuenta bancaria. Acompáñanos en este paseo. Qué ver en Niza 1. Paseo de los Ingleses Lo que a principios del siglo XIX era un camino de piedras con apenas dos metros de anchura, es hoy uno de los principales puntos que ver en Niza. El Promenade des Anglais separa la playa de los edificios de la bahía de los Ángeles y mide 7 kilómetros de longitud. Ideal para recorrer andando o en bicicleta (incluso, con patines) alberga algunos de los más lujosos hoteles de la Costa Azul, como Le Negresco o el Hyatt Regency Nice Palais De La Méditerranée. 2. Museo Matisse Dedicado al pintor francés Henri Matisse, reúne una de las colecciones más grandes del mundo. El Musée Matisse fue inaugurado en 1963 y está ubicado en la Villa des Arènes, en el barrio de Cimiez. Abre todos los días, excepto martes. De 10:00 a 17:00 entre el 1 de noviembre y el 1 de abril. Y de 10:00 a 18:00 del 2 de mayo al 31 de octubre. Uno de los lugares imprescindibles que visitar en Niza si eres un amante del arte. 3. Puerto de Niza o Port Lympia Construido en 1745, fue uno de los principales motores económicos de la ciudad gracias al transporte de mercancías. Al igual que su actividad turística y deportiva, una de las más productivas de la Costa Azul francesa. Pequeñas embarcaciones de pescadores locales contrastan con yates de lujo. Además de los enormes buques de pasajeros allí atracados, pues Niza es una de las paradas más típicas en los numerosos cruceros que recorren el Mediterráneo. Sin duda, un sitio mágico que ver en Niza. 4. Catedral de San Nicolás Este templo que visitar en Niza te transportará por unos instantes a Rusia. ¿Por qué? La catedral de San Nicolás es una iglesia ortodoxa rusa y está bajo la jurisdicción del Patriarca de Moscú. Localizada en el bulevar Tzarévitch, fue inaugurada en 1912. Puedes reservar una visita guiada a través de la dirección de correo electrónico que aparece en su web. 5. Mercado de las flores Cours Saleya El principal mercado que ver en Niza rezuma encanto por los cuatro costados. Se extiende a lo largo de la calle Cours Saleya, desde las 6 de la mañana hasta las 17:30 (domingos, solo hasta las 13:30). Además de flores, recuerdos y artesanía, es posible adquirir alimentos de todo tipo: quesos, embutidos, fruta fresca, dulces, frutos secos… ¡Una delicia para los sentidos! 6. Ciudad Vieja de Niza Difícil encontrar lugares que visitar en Niza con tanto encanto como la Ciudad Vieja. El corazón turístico de la urbe gala es punto de encuentro de los nizardos. Uno de sus enclaves más espectaculares, la Plaza Rosetti, está repleto de cafés y típicos restaurantes con terrazas donde sentarse a ver la vida pasar, copa de vino en mano. La de Rosetti está presidida por la catedral de Santa María y Santa Reparata, patrona de la ciudad. Restaurantes en Niza La cocina nizarda está muy influenciada por la cercanía de Italia, aunque es mayormente mediterránea. Se dice que los franceses llaman ‘cariñosamente’ caga-blea (caga acelga) a sus compatriotas, ya que uno de los platos típicos es la tortilla de acelgas. Nosotros no la probamos, pero sí estos restaurantes en Niza que bien valen una parada. Chez Rene Socca (2 Rue Miralheti) La socca es una de las especialidades culinarias para comer en Niza. Sus ingredientes principales son harina de garbanzos y aceite de oliva, y se prepara en forma de crep. Se come con las manos y, para acompañarla, nada mejor que un vino francés. Cada día se forman largas colas a las puertas de Chez Rene Socca, en la Ciudad Vieja. Se trata de un local que exhibe sus platos en grandes vitrinas. Tú eliges qué quieres y pagas después por todo lo que lleves. Lo habitual es difrutarlo en su terraza exterior. También sirven focaccias, sardinas rebozadas o calabacines rellenos. Y de postre, una suculenta tarta casera de manzanas. Les Distilleries Idéales (24 Rue de la Préfecture) Pocos bares que visitar en Niza con tanto encanto como Les Distilleries Idéales. Con casi 20 cervezas de barril, también ofrece cócteles y aperitivos. Frecuentado por lugareños, es perfecto para sentarse en su tranquila terraza. Pide un par de copas de vino, algo de charcuterie o quesos franceses y ¡disfruta! Chez Mémère (6 Rue Francis Gallo) Este negocio familiar ofrece el denominado ‘menú fórmula’. Consiste en un entrante y plato principal o principal y postre por menos de 20 euros. Su marmita de pescados (con salmonetes y mejillones) es para recordar. También dispone de otros menús, a base de tapas vegetarianas o degustación de noquis. Uno de los restaurantes en Niza con más encanto que puedas imaginar. ¿Cuál es el plato típico de Niza? La ensalada nizarda o salade niçoise No puedes marcharte sin probar el plato más popular de la zona. Esta fresca ensalada nizarda se compone de tomate, pimiento verde y rojo, alcaparras, huevo duro, aceitunas negras, aceite de oliva y albahaca. A menudo se sirve con atún y anchoas, dependiendo de dónde la pidas. Y sí, está claro que los franceses no han descubierto América con este plato, pero lo encontrarás en la mayoría de restaurantes de Niza. ¿Te ha gustado este paseo? ¿Nos recomiendas otros lugares que visitar en Niza? ¡Esperamos tus comentarios!

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Hoi An, la ciudad más bonita de Vietnam y la magia de sus farolillos

Situada en la costa central de Vietnam, Hoi An es una de esas ciudades que te atrapa nada más pisarla. Con algo menos de 90.000 habitantes, fue durante muchos años el puerto más importante del país asiático. Aunque ha sufrido el auge de urbes cercanas, como Da Nang, la pesca sigue funcionando de forma tradicional y es su principal fuente de ingresos, junto al turismo. Hoi An consiguió evitar grandes daños durante la guerra, conservando una imagen única que la llena de encanto. Hay mucho que ver en Hoi An y esperamos que nos acompañes en este paseo repleto de belleza e historia. Qué ver en Hoi An Sin duda, este es un lugar para pasear sin prisas. Aprovecha las primeras horas del día o las últimas de la tarde, cuando las temperaturas son más suaves, cálzate unas cómodas zapatillas y déjate seducir por la ciudad más bonita de Vietnam. Hay mucho que hacer en Hoi An. Mercado central de Hoi An Uno de los lugares más bulliciosos que ver en Hoi An, donde se dan cita vendedores de carnes, pescados, frutas y verduras, además de compradores y turistas curiosos como nosotros. Una amalgama de olores y colores, ideal para adquirir algún producto típico de la zona, como su alabada artesanía. Templo Quang Cong Dedicado al general de igual nombre, histórico personaje famoso por su coraje, este templo de colorida fachada y entrada gratuita que ver en Hoi An es un verdadero espectáculo. Construido a mediados del siglo XVII, este remanso de paz invita a olvidarse del mundanal ruido. Ciudad Vieja de Hoi An Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, la Ciudad Vieja de Hoi An rebosa encanto por los cuatro costados. Cientos de turistas pasean relajadamente entre tiendas de recuerdos, sastrerías, pequeñas joyerías artesanales, restaurantes con vistas al río Thu Bon y casas de madera que te transportan irremediablemente a siglos pasados. El puente cubierto japonés Construido en la década de los cincuenta, este puente-pagoda separaba la ciudad en dos partes: el barrio chino y el japonés. Su original estructura de madera incluye techo para refugiarse de sol y lluvia, y en su interior alberga un pequeño templo de entrada gratuita. Sin duda, una de las mejores fotos que hacer en Hoi An. Mercado nocturno de Hoi An Al caer la tarde, es el momento de pasear por la orilla del río y encaminarse al Mercado nocturno. Si hay un término para describir este sitio que ver en Hoi An, ese es, sin duda, ‘mágico’. Los callejones iluminados por miles de coloridos farolillos forman una imagen que se grabará en tu retina para siempre. Aprovecha para visitar alguna de sus tiendas y hacerte con un par de ellos. Te aseguramos que es un souvenir tan bonito como decorativo, y hará que recuerdes tu visita a Hoi An cada vez que lo mires. Otras compras típicas son bolsas de seda, cerámica, cajas de madera, máscaras tradicionales y, cómo no, el típico sombrero vietnamita. El nón lá es usado por los campesinos para protegerse del sol y la lluvia mientras trabajan en el campo. Sastrerías Las hay por decenas y en ellas es posible adquirir ropa a medida. Elige tu modelo de chaqueta, vestido o traje de cualquier marca internacional y en pocas horas lo tendrás listo por un precio bajísimo. Algunos de los vestidos que exponen a las puertas de sus establecimientos son dignos de la gala de los Oscar. Cómo llegar a Hoi An La mejor manera de llegar a Hoi An es en avión hasta el cercano aeropuerto de Da Nang. Los vuelos internos suelen tener precios de risa con la compañía vietnamita Jetstar Pacific Airlines. Desde allí podéis trasladaros a vuestro hotel en taxi o transporte privado (no dejéis de usar Grab, el Uber asiático) en unos 20 minutos. Muchos hoteles de Hoi An ofrecen la opción de shuttle desde y hasta el aeropuerto de Da Nang por unos 15 dólares por persona y trayecto. Dónde alojarse en Hoi An Hoi An TNT Villa Situado a 300 metros del Puente Cubierto Japonés y del Salón de Actos de la Congregación Chino Cantonesa, este hotel para alojarse en Hoi An nos sedujo por precio y servicios. Una de las cosas que más agradecerás si visitas Vietnam en temporada de calor será una piscina para darte un refrescante chapuzón antes o después de una jornada de turismo. Nosotros nos alojamos en una espaciosa junior suite por algo menos de 40 euros la noche, con desayuno incluido y una terraza de lo más pintona. Qué comer en Hoi An Rosas blancas de Hoi An Este delicada especialidad de Hoi An se asemeja a los pétalos de una rosa y esconde en su interior una gamba cocida que ha sido cubierta con papel de harina de arroz. Se sirve con ajo frito y se come con palillos. Cao lầu Elaborado con fideos, cerdo y verduras, el cao lầu es un plato regional que comer en Hoi An. Lo encontrarás en la carta de la mayoría de restaurantes. Pescado envuelto en hoja de banano Cada mañana podrás ver a los pescadores vendiendo mercancía en las calles cercanas al puerto. Aprovecha para degustarlo cocinado en una hoja de banano, acompañado de arroz y diferentes especias. La gastronomía vietnamita es, sencillamente, deliciosa. Además de estas sugerencias para comer en Hoi An, no dejes de hincarle el diente a una buena sopa phở (fideos de arroz en caldo de carne de ternera), gỏi cuốn (rollitos fríos de papel de arroz con carne de cerdo, gambas y hierbas) o su bocadillo más típico: bánh mì. ¿Has estado en esta preciosa ciudad vietnamita? ¿Nos recomiendas otras cosas que hacer en Hoi An?

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Monsaraz, un coqueto y encantador pueblo del Alentejo portugués

Fue una de las más gratas sorpresas que tuvimos en el Amieira Trip. Este encantador pueblecito de casas blancas y estrechas calles peatonales -solo dos, la Rua Direita y la de Santiago– rezuma paz y tranquilidad entre cal y pizarra. Rodeada por una muralla medieval y baluartes levantados durante la guerra de 1640, cuenta con un castillo que fue mandado edificar por Alfonso III en el siglo XIII. Pero, a pesar de sus pequeñas dimensiones, hay mucho que ver en Monsaraz. Hasta 1167, estuvo bajo dominio musulmán. Y, tras ser repoblada, pasó a manos de los Caballeros templarios, hasta ser entregada en 1319 a la Orden de Cristo. Desde mediados del XIX forma parte del concejo de Reguengos de Monsaraz. A lo largo de su historia ha sufrido varios asaltos, como el de la artillería inglesa liderada por el Conde de Cambridge tras no recibir el dinero pactado con la Corona de Portugal y haber roto el compromiso de boda entre el lord británico y la hija del Rey. Al ser una de las poblaciones más antiguas del sur, le tocó desempeñar durante siglos un papel clave en el sistema defensivo contra la armada española. Tras entrar por la Porta da Vila y recorrer unos empinados metros de calzada nos encontramos con la rúa Direita. Desde ahí se abre una luminosa plaza que ver en Monsaraz, Plaça Velha, presidida por la Igreja Matriz. Consagrada a Nossa Señora da Lagoa, data de mediados del siglo XVI. Y fue construida por el maestro de pedrería Pero Gomes. Frente a ella se erige el Pelourinho, una picota del siglo XVIII coronada por una esfera del universo. En la misma plaza contemplamos la antigua iglesia, el hospital de la Misericordia, la capilla de San José y la Oficina de Turismo. El que fuera patio de armas de la fortaleza ha sido reconstruido. Y se utiliza como coso taurino al que acuden los forçados de la zona para su espectáculo, uno de los más famosos de Portugal. Todo el pueblo, a pesar de ser pequeño, da la sensación de ser una fortaleza desde la que podía divisarse con facilidad la llegada del enemigo. De ahí que las vistas desde varios de esos ‘miradores’ resulten espectaculares. Como las de la Torre de Menagem, desde el que en los días claros puede divisarse el Castillo de Mourao. Además del impresionante lago Alqueva, el mayor de agua dulce de Europa, y el valle del Alentejo. Azulejos y pinturas costumbristas, bordados, cestas, artículos de cuero y productos artesanales, como mieles, licores, dulces o patés, son algunos de los recuerdos típicos de Monsaraz. Una de mis compañeras de viaje, la gran Manena Munar y yo, nos enamoramos de las coloridas vajillas y cristalerías, una preciosidad. Hemos prometido volver para darnos el capricho y pasear de nuevo por sus calles para retroceder en el tiempo. Además de todas estas recomendaciones sobre qué ver en Monsaraz, no te marches sin disfrutar de la espectacular gastronomía de la zona.

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Cómo usar el Japan Rail Pass o JR Pass para viajar en tren por Japón

¿Qué es el Japan Rail Pass? Es la mejor opción si tienes previsto visitar Japón por tu cuenta, es decir, sin un viaje organizado en el que te lleven y traigan. El Japan Rail Pass es un billete que te permitirá desplazarte en tren entre las ciudades más importantes. Así como en la línea Yamanote del metro de Tokio y los de Osaka y Kioto. ¿Dónde comprar el Japan Rail Pass? Únicamente se expende fuera de Japón, ya que no puede ser utilizado por los ciudadanos nipones, solo por turistas. Aunque puede comprarse online, si vives en una gran ciudad como Madrid o Barcelona, te recomendamos que busques una agencia donde lo emitan. Y ahorrarte así los gastos de envío, que pueden ser de cinco euros por persona o el doble si se trata de Canarias o Baleares. Consulta aquí la lista de distribuidores oficiales en España. Si decides comprarlo en su web, tienes que logarte. Después, te pedirán diferentes datos. Fechas de uso, aeropuerto de llegada, nombre o número de pasaporte. Puedes pagarlo con las principales tarjetas de crédito, como AMEX, Mastercard o VISA. ¿Dónde validarlo? Hay oficina repartidas por toda la isla. Y, cómo no, en los principales aeropuertos. Necesitarás presentar el resguardo que te hayan dado (como el que puedes ver en la primera foto), tu pasaporte y rellenar un pequeño formulario. Aquí puedes ver una lista de todas ellas. ¿Qué validez tiene el Japan Rail Pass? Puedes elegir entre 7, 14 o 21 días, dependiendo de la duración de tu viaje. Lo ideal es que te dure desde el primer al último día, ya que incluye los trayectos que unen las grandes ciudades con los aeropuertos. Billetes que, por tu cuenta, tendrían un coste bastante elevado. Tiene que validarse antes de tres meses desde la fecha de emisión. ¿Cómo utilizar el Japan Rail Pass? Tienes que presentarlo en la ventanilla de seguridad de la estación correspondiente, a la entrada y a la salida, así como para reservar billetes (también puedes hacerlo online). Si prefieres la aventura, puedes montarte en el tren sin reserva previa y sentarte en cualquiera de los asientos que no estén reservados. Precios del Japan Rail Pass en 2021 A continuación, puedes ver los precios para 2021. El precio infantil es para niños de 6 a 11 años, inclusive. La green es la denominada primera clase e incluye vagones solo para fumadores. Nosotros viajamos en la estándar y te podemos asegurar que es igual de cómoda. Clase estándar Green Class Si tienes alguna duda que no quede resuelta en este post, ¡pregúntanos sin problema!

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Kioto en 6 pistas gastronómicas para comerte la ciudad

Su oferta gastronómica fue una de las que más llamó nuestra atención durante el Lovers in Japan. A cada paso encontramos restaurantes, pequeñas izakayas y locales de comida rápida en los que saciar nuestro apetito. A veces costaba decidirse y, salvo en una ocasión, acertamos de pleno en nuestra elecciones, si bien creemos que es muy difícil encontrar un sitio en el país nipón donde se coma mal. Aquí os dejamos seis propuestas de lo más suculentas para comer en Kioto. ¿Dónde comer en Kioto? 1. Issen-yosyoku Es un okonomiyaki al estilo de Kioto, con nada menos que doce ingredientes: cebolleta, huevo, gambas secas, pasta de pescado, harina, atún seco, ternera, jengibre… Se prepara, sobre todo, para llevar y ha de comerse con palillos (bastante complicado, la verdad). Nosotros lo degustamos en el propio local, bajo la atenta mirada de un puñado de inquietantes maniquíes vestidas con kimonos… 2. Mercado de Nishiki Un paseo por Nishiki es más que recomendable para cualquier amante de los mercados. No sólo existe la posibilidad de adquirir productos frescos de primera mano, encurtidos y pescados deshidratados, sino que cuenta con numerosos puestos donde comprar delicias para comer en Kioto mientras se prosigue la visita, como sticks de sashimi, brochetas de carne y verduras rebozadas, zumos de yuzu recién exprimido o los curiosos pinchos de pulpitos que véis debajo. 3. Ootoya Fue una decepción. Lo vendían como un lugar de moda entre jóvenes y ejecutivos de la zona, pero la comida de Ootoya no pudo ser más simplona e insípida o, quizás, no supimos elegir. Solo sé que puede que se trate del salmón más seco que haya comido en mi vida. 4. Comer en la estación de Kioto La estación y sus alrededores están plagados de restaurantes con todas las especialidades imaginables de comida japonesa, además de italiana y franquicias de fast food para comer en Kioto. Todos ellos disponen de menús y exponen sus platos al modo japonés con su correspondiente precio para que no haya lugar a dudas. Es una opción perfecta para un bocado rápido y económico antes o después de viajar en shinkansen. 5. Mimasu-ya Se encuentra situado en la calle más bonita de Kioto, donde nos cruzamos con varias geishas y maikos. En su carta, propuestas de lo más sugerentes que no superan los diez euros, como carpaccio de besugo con yuba y yuzu; huevas de bacalao picantes y a la parrilla o nama-fu y vieiras gratinadas con patata y puerro. Tiene comedor para no fumadores con unas bonitas vistas del río. 6. Isoya, yaki yasai para comer en Kioto Hemos dejado para el final nuestro favorito para comer en Kioto que, por desgracia, descubrimos la última de nuestras cuatro noches en la ciudad. Isoya es un pequeño local a escasos metros del Kyoto Royal Hotel & Spa, nuestro alojamiento. Su especialidad es el yaki yasai, una forma de cocinar los vegetales a la plancha. Las piezas, expuestas sobre la barra en cestas de paja y enormes fuentes, son recolectadas a diario en granjas de la zona y se preparan a la vista de los clientes. Algo tan sencillo como una cebolla o un tomate pueden convertirse en alta gastronomía si la materia prima es magnífica y se prepara con mimo. Ninguna de las raciones supera los cinco euros y los camareros son simpatiquísimos, por lo que está abarrotado. Un must. Y bien, ¿cuál de todos los platos ha llamado más tu atención? ¿Qué va a ser lo primero que pruebes cuando visites Kioto? ¡Cuenta!

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100 razones para visitar Bélgica más allá de beber cerveza y comer gofres

Hace unos días recibimos un curioso e interesante e-mail desde la Oficina de Turismo de Bélgica invitándonos a participar en un concurso para pasar una semana disfrutando de Bruselas y Valonia. ¡No ha hecho falta pensarlo dos veces! ¿Por qué queremos visitar Bélgica? Aquí van 100 razones: 1. Beber las mejores cervezas del mundo. 2. Comer mejillones con patatas fritas. 3. Cenar a las siete… 4. Comprar alguna de las 500 variedades de bombones es un motivo más que suficiente para visitar Bélgica. 5. Pasear por la Grand Place. 6. Admirar el Atomium. 7. Fotografiar el Manneken Pis, una de las mejores cosas que ver en Bruselas. 8. Visitar la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. 9. Mirar los escaparates de las ‘Galerías Saint Hubert’. 10. Recorrer las 80 ciudades europeas de la Mini Europe. 11. Conocer a la novia del Manneken, la descarada Jeanneke Pis. 12. Contemplar las obras del Museo Magritte. 13. Montar en tranvía para descubrir todo lo que hay que ver en Bruselas. 14. Curiosear por el Boulevard Waterloo, considerado el más chic de la capital. 15. Acercarnos al Parlamento Europeo para ver si hay algún VIP. 16. Probar alguna de las 3.000 variedades de cerveza que ofrece Delirium Tremens… Y salir vivitos y coleando. Uno de los imprescindibles si planeas visitar Bélgica. 17. Pillar una buena tortícolis examinando una por una las vidrieras de Notre Dame du Sablon. 18. Quemar la Brussels Card de tanto usarla. 19. Comprobar que la cerveza no solo se bebe, sino que podemos meternos entre pecho y espalda unos carbonnades flamandes. 20. Acompañar el estofado con una ligeras chicons au gratin. 21. Sentarnos en una terraza de la Rue des Bouchers a tomar café. 22. No perdernos el Museo del Cómic. 23. Practicar el poquito francés que sabemos (sin bromas…). 24. Comprobar por qué Bruselas es una de las capitales más verdes de Europa. 25. Visitar el Museo de los Judíos y su colección de arte. 26. Probarnos un vestido vintage en la Rue Antoine Dansaert. 27. Buscar alguna ganga en el Rastro de Los Marolles. 28. Descubrir una de las joyas del Art Nouveau, la Casa Cauchie. 29. Adivinar por qué son tan famosas las coles de Bruselas. 30. Intentar ver cada una de las piezas del Museo del Auto. 31. Sentarnos sobre el césped del Jardín Botánico. 32. ¿El viaje es en agosto? Habrá que tomarse algo en uno de los chiringuitos de Bruxelleslesbain. 33. Pasar el domingo en los Museos Reales de Arte y de Historia. 34. Dar envidia a todos los fans de Tintín tuiteando desde el Museo Hergé. 35. Disfrutar de las vistas desde el Palacio de Justicia. 36. Saludar, si nos cruzamos con ella, a la reina Fabiola, que para algo es española (actualización: falleció en diciembre de 2014). 37. Probar el salchichón de las Ardenas, a ser posible con pan de farro. 38. Buscar sin descanso un Lazarillo de Tormes editado en Bélgica para la colección de Nacho Carnero, un clásico en nuestros viajes. 39. No perder detalle de cómo se elabora el chocolate artesanal en Zaabär. 40. Volver a sentirnos niños en el Museo del Juguete. 41. Fotografiar la cúpula del Sagrado Corazón. 42. Quejarnos de que los ‘Serres de Laeken’, los invernaderos reales, solo abran tres semanas al año (y no cuando nosotros vayamos, precisamente) 43. Ver las casi 40 paredes de diferentes casas decoradas con enormes murales basándose en cómics. 44. Descubrir dónde está la simpática estatua de un perro orinando. 45. Echarnos unos bailes en el Wax Club. 46. Tomar el sol en el Parc du Cinquantenaire. 47. Comprar alguna variedad de los muchos quesos belgas: Passendale, Folies de Béguines, Wynendale… 48. Comer un crepe cubierto con cerezas naturales calientes y nata. 49. Tomar una copa en Mappa Mundo. 50. Viajar a Lieja, la quinta ciudad más importante de Bélgica. 51. Descubrir por qué Lieja es denominada la «Atenas del norte». Y ya que estamos allí… 53. Recorrer el Archéoforum, el yacimiento arqueológico más grande de Europa. 54. Conocer la Estación de Lieja-Guillemins, diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava. 55. Hacer una pintoresca foto desde las escaleras de la colina Bueren. 56. Descubrir el original Museo Tchantches, dedicado a la popular marioneta creada en el siglo XIX. 57. Almorzar unas boulets de Liège (albóndigas de Lieja) aderezadas con sirope. 58. Probar el pékèt (y no emborracharnos con él). 59. Echar un vistazo a la Catedral de Saint Paul, de arquitectura gótica, punto de visita obligada en Lieja. 60. No perdernos el Palacio de los Príncipes-Obispos, una de las mejores atracciones que ver en Bélgica. 61. Conocer los hoteles flotantes de Lieja, barcos con capacidad para 18 personas. 62. Fotografiar alguno de los castillos cerca de Lieja ¡y lamentarnos de no poder vivir en uno! 63. Ver dónde empieza y dónde acaba la carrera ciclista internacional Lieja-Bastogne-Lieja. 64. Tomar el aperitivo regional por excelencia, un Maitrank. 65. Escuchar sonidos de todo tipo en la Maison de la Pataphonie, en Dinant, museo único que visitar en Bélgica y en el mundo. 66. Ya que estamos allí, probar las famosas couques de Dinant (galletas a base de miel). 67. Ver dónde nació en 1841 Adolphe Sax, inventor del saxofón. 68. Hacer una parada en la Cervecería Caracole, cerca de Dinant, donde las cubas de cobre se siguen calentando al fuego de leña. 69. Probar una tarte al djote, especialidad típica de Nivelles, en Valonia. 70. Querer tener dinero y permiso para rehabilitar el abandonado Castillo de Noisy. (Actualización: el castillo fue totalmente demolido en octubre de 2017). 71. Olisquear por la mina Hasard Cheratte, cerrada al público y clausurada sin previo aviso en 1977 por ser una de las más peligrosas del mundo. 72. De vuelta a Bruselas, visitar el Museo de los cerveceros belgas y degustar la cerveza que incluye la entrada. 73. Alquilar una bicicleta (y no caernos). 74. Desayunar un apetitoso gofre, sin duda, una de las mejores cosas que hacer en Bélgica. 75. Jugar una partidita de algo en el Gran Casino de Bruselas. 76. Apuntarnos

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Acantilados de Moher, la atracción turística más visitada de Irlanda

Considerados como una de las 7 Nuevas Maravillas de la Naturaleza, los acantilados de Moher atrapan al visitante nada más pisarlos. Con una extensión cercana a 8 kilómetros y una altura superior a los 200 metros, estos colosos de la geología provocan un espectáculo sobrecogedor con vistas al Océano Atlántico. Por ello son la atracción turística más visitada de Irlanda. Dónde están los acantilados de Moher Los acantilados de Moher se encuentran en la costa del condado de Clare, a unos 75 kilómetros al sur de Galway. En autobús supone una hora y media de viaje contemplando bellísimas vistas. También puedes hacerlo en coche particular, pero si te toca conducir, te perderás gran parte del paisaje. Y, por supuesto, es posible llegar desde la capital de Irlanda. La distancia de Dublín a los acantilados de Moher es de 286 kilómetros. Cómo ir a los acantilados de Moher desde Galway Hay diferentes tours diarios desde Galway hacia los bellísimos acantilados de Moher. Cliffs of Moher Day Tour hace un recorrido de lo más interesante, con varias paradas en el camino para conocer esa Irlanda profunda que componen Fanore, los paisajes de The Burren, alguno de sus castillos y el Condado de Clare. Saliendo del puerto de Galway, descubrimos esa parte de Irlanda tan única, mezcla de costa y campo, castillos y granjas, barcos y vacas. Consejos para tu visita La visita a los acantilados de Moher puede hacerse a pie o en ferri. Nosotros preferimos hacerla a través de los senderos que salen del cercano centro de visitantes, a un lado y otro de la Torre O’Brien. Recomendamos ir con calzado apropiado para parajes embarrados y ropa impermeable, ya que la constante lluvia convierte el camino en una senda peligrosa. La Torre O’Brien es el punto más alto para admirar los acantilados de Moher. Si el clima no lo impide, está abierta al público por una entrada de 2 euros. Pero las vistas desde cualquier punto son igual de impresionantes. Los acantilados de Moher también pueden contemplarse desde un barco, pero para ello hay que pasar necesariamente por Doolin. La compañía Doolin2Aran Ferries organiza paseos turísticos en ferri de una hora de duración, con paradas en zonas de interés como la roca Great Raven. Esta zona de alta protección medioambiental -según la Unesco– da cobijo a miles de aves en sus procesos migratorios, siendo los frailecillos de pico rojo los más fáciles de observar en la época más cálida del año. No dejéis de ir al centro de visitantes de los acantilados de Moher para entender cómo se formaron y admirar su exposición. También servirá para entrar en calor -el tiempo suele ser muy desagradable- y comer algo en su cafetería. ¡Cuidado con los golpes de viento! Si vais con niños, no los perdáis de vista. Seguid las instrucciones y no hagáis fotos cuya posición conlleve asomarse demasiado al precipicio. Parece imposible que viváis para contarlo si el viento cambia de repente. Por si fuera poco, os toparéis cada cierta distancia con carteles de la ONG Samaritans, que trabaja para evitar que potenciales suicidas lleven a cabo su fatal decisión de arrojarse al vacío. Qué ver cerca de los acantilados de Moher Parada obligada es Doolin, el último pueblo antes de llegar a los acantilados de Moher. Allí recomendamos reponer fuerzas en una taberna que parece sacada de una película de Ken Loach. De nombre Gus O’Connor’s Pub, ofrece un variado menú del que escogimos tartaleta de queso de cabra sobre ensalada y estofado irlandés regado con cerveza Guinness. ¿Has podido visitar esta maravilla de la naturaleza? ¿Te enamoraste de este lugar único en Irlanda?

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