Experiencias

Qué ver en Candelario, uno de los Pueblos más Bonitos de España

Si tuviéramos que elegir otro sitio más para sentirnos en casa, además de Madrid, Salamanca, León y Gijón, ese lugar sería el bellísimo pueblo de Candelario. Ubicado en la sierra de igual nombre, a tan solo 76 kilómetros de la ciudad del Tormes, fue declarado conjunto histórico-artístico en 1975. A continuación, te proponemos los mejores sitios que ver en Candelario. Caminar por sus empinadas calles, parando de fuente en fuente, entre las viejas casas señoriales de no más de tres pisos, es una verdadera delicia para el paseante. Así como contemplar los balcones de madera y las típicas batipuertas que las protegen de la nieve. Si algo caracteriza a Candelario es cómo ha sabido mantener la esencia del pasado, sobre todo, en sus viviendas con las tejas ‘del revés’ para protegerlas de las frecuentes nevadas y bajas temperaturas. Además del típico desván donde todavía son muchos los vecinos que curan la matanza casera con el humo de madera de castaño. O los ‘amarres’ para el ganado a la entrada del hogar. Qué ver en Candelario Ermita del Humilladero, la más importante que ver en Candelario Justo a la entrada de Candelario, la Ermita del Humilladero está dedicada al Cristo del Refugio. Es del siglo XVIII y está dotada de un porche sostenido por cuatro columnas. En su interior, puede contemplarse un retablo de madera con la imagen del Cristo, por el que los candelarienses sienten gran devoción. Museo de la Casa Chacinera Abrió sus puertas en 2008 y es ideal para ir con niños. Se trata de una visita teatralizada donde, además, pueden degustarse productos típicos del pueblo, como embutido o perronillas. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción La iglesia parroquial, con un impresionante artesonado mudéjar, además de retablos barrocos y churriguerescos, es el edificio más representativo que ver en Candelario. Su interior está compuesto por tres naves donde se mezclan estilos mudéjar, barroco, románico y gótico. Batipuertas, una de las imágenes más típicas que ver en Candelario Igual os preguntáis qué es una batipuerta. Podéis verla con más detalle en la siguiente foto y, como indicábamos antes, sirven para que la nieve no se cuele en las casas. También, permiten que las puertas permanezcan abiertas para dejar paso a luz natural en los portales. Una imagen clásica que ver en Candelario. Las regaderas de Candelario Uno de sus signos más característicos que ver en Candelario lo constituyen las llamadas regaderas, con sus cristalinas aguas. Estas pueden ‘programarse’ para limpiar las calzadas en las que se encuentran, así como las colindantes. La cabina de madera, un imprescindible que ver en Candelario La encontrarás frente a la Ermita del Humilladero. Esta curiosa foto que hacer en Candelario es de las pocas cabinas telefónicas construidas en madera que aún se conservan en España. Las fuentes de Candelario La villa está irremediablemente ligada al agua. En cada de una de las tres entradas al pueblo se construyó una fuente romana que todavía existe: de las Ánimas, de los Puentes y de Lapachares. Y, en las calles de Candelario, existen otras 8 de las que mana agua fresca y limpia: Fuente de La Hormiga, del Parque, de la Carretera, del Arrabal, la del Barranco… Arquitectura típica que ver en Candelario Si hay algo que llama la atención en esta localidad salmantina, es que la mayoría de casas son iguales. Candelario ha sabido mantener casi intacta la arquitectura típica de las casas chacineras de tres plantas donde predominan piedra y madera. La distribución de estas viviendas era bastante práctica y sencilla: la planta baja se usaba para elaborar embutidos, en la primera planta vivían los dueños y la tercera planta estaba destinada al secado de los embutidos. Restaurantes para comer en Candelario Al ser la localidad más turística de la zona, hay una buena variedad de restaurantes para comer en Candelario. Además, en todos los bares os pondrán una tapa a elegir con cada consumición. El Ruedo Con el simpático Pepe al frente del negocio, El Ruedo ofrece un menú del día sin competencia de lunes a viernes. Su carta está repleta de auténticas delicias, muchas de ellas en torno al mundo de las setas. Con especialidad en platos de cuchara y carnes a la parrilla, ofrece una de las mejores ofertas de vinos entre los restaurantes para comer en Candelario. Precio alrededor de 30 euros/persona. La Posada de Candelario La Posada de Candelario es una antigua casa chacinera del siglo XIX, convertida en hotel rural, en la calle Enrique Fraile, 31. Su acogedor salón de comidas está especializado en parrilladas y carnes a la parrilla. Uno de los restaurantes para comer en Candelario donde saborear el auténtico sabor serrano. La Candela Con una decoración muy cuidada, al igual que la elaboración de sus platos, La Candela se localiza en Núñez Losada, 19. En uno de los últimos establecimientos en sumarse a la lista de restaurantes en Candelario, prima el producto local, cocinado con mimo y muy bien presentado. Imprescindible reservar. Hoteles en Candelario Al tener allí nuestra casa, nunca hemos probado ninguno de los alojamientos del pueblo. Pero son muchas las casas rurales, hostales y posadas donde se puede pernoctar por menos de 50 euros la noche. Todos los restaurantes en Candelario de los que os hemos hablado, excepto La Candela, disponen de habitaciones para huéspedes.

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El Jardín Majorelle, explosión de color en Marrakech

Historia del Jardín Majorelle El Jardín Majorelle está situado en la Rue Yves Saint Laurent de Marrakech. Es una de las principales atracciones turísticas de Marruecos. En árabe su nombre es حديقة ماجوريل. Fue diseñado por el pintor francés Jacques Majorelle (Nancy, 1886) quien tras estudiar arquitectura, viajar por Europa y descubrir Egipto aceptó la invitación de un amigo de su padre para adentrarse en la medina de Marrakech. Con poco más de treinta años se instaló en esta mítica ciudad marroquí. Primero, muy cerca de la plaza Jemaa el Fna, y luego en el palacio del Pasha Ben Daoud. Durante meses, pintó la vida en esta parte del Norte de África, sus aldeas, gentes y mercados. Recorrió el Atlas, expuso en Casablanca y, en 1923, adquirió un palmeral a las afueras de Marrakech. Amplió su propiedad hasta las 10 hectáreas y construyó una casa de estilo local, además de un taller de reminiscencia bereber. En 1931, Jacques encargó el diseño de su chalet al arquitecto Paul Sinoir. Bajo las premisas del movimiento art déco y la influencia de Le Corbusier. Comienza al mismo tiempo la concepción de su obra definitiva, casi eterna: el Jardín de Majorelle. A lo largo de varias décadas, aquel palmeral fue integrando, en perfecta armonía, plantas de todo el mundo hasta convertirse en un tesoro botánico a pocos kilómetros del más voraz de los desiertos. La figura de Yves Saint-Laurent y Pierre Bergé El elevado coste de su mantenimiento y el fatal accidente automovilístico de su creador obligó a malvenderlo, cerrarlo y enterrarlo en el olvido allá por los años 60. Tuvieron que pasar dos décadas para que el modisto Yves Saint-Laurent y su pareja, Pierre Bergé, iniciaran la recuperación de este oasis floral. Dicen que el azul intenso que se observa en las paredes de la villa fue una creación muy elaborada de su propietario, fascinado por el arte en movimiento. El jardín original, casi idéntico al actual, ofrecía varios ambientes, con el agua como protagonista. Destacan la buganvilla o el jazmín en contraste con el cactus o el bambú. Hoy en día el Jardín Majorelle esconde centenares de especies botánicas, da cobijo a pájaros desconocidos en otras latitudes y alberga un museo de arte bereber repleto de abalorios, ropajes, cerámicas, textiles y bocetos hechos por su fundador.

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