Nombre del autor:Marta Carnero

Restaurante ‘Triciclo’, cocina creativa en el centro de Madrid

Fue el verano pasado cuando Triciclo Madrid aterrizaba en el barrio de las Letras. Un restaurante donde el número tres no es casualidad: tres cocineros, tres espacios, tres cartas y tres maneras de probarla. Tres cocineros, Javier Mayor, Javier Goya y David Alfonso. Tres espacios, barra, sala y reservado. Tres cartas, producto puro y duro, propuestas tradicionales y sabores internacionales. Tres maneras de probarlas, ración, media y tercio. Las creativas propuestas de Triciclo Tras intentar sin éxito reservar en fin de semana, habíamos conseguido mesa para un almuerzo tardío de viernes y al ser casi las cuatro de la tarde, había platos que ya se habían terminado, como el taco de Rendang, bacalao al pilpil o ravioli de rabo. Aunque nos ofrecieron otros fuera del menú que parecían muy apetecibles: pote asturiano, lentejas con mollejas o callos a la madrileña. Tras un aperitivo de papas con mojo picón, comenzamos con gambas, shisho y mango, donde el crustáceo se presenta cubierto de pasta brick sobre una hoja de shisho -albahaca japonesa- con mango picado. Nos indican que hagamos un paquete envuelto con la hoja y lo sumergamos en la salsa que acompaña para saborear a la vez todos los ingredientes. Consiguiendo así un bocado fresco y muy agradable. Las bombas de patata estaban fuera de carta y no nos resistimos a comprobar cuál era su versión. Perfecto rebozado, contundente relleno y salsa brava en su punto ideal de picante, además de un cremosísimo y suave alioli. Las vieiras laminadas en salsa ponzu y alcachofas crocante son un must. Tremenda la combinación de sabores y texturas, gracias al suave marinado del molusco y el espectacular crujiente de la verdura. Además de la acidez que aporta el caldo. También fuera de carta nos ofrecieron estos excelentes y originales canelones de pollo en pepitoria, con una bechamel muy sabrosa. Adornados con trocitos de almendra y cebollino. Cocinados con mimo. Precisamente, fue el último plato el que más nos gustó, presa de bellota pura curada y marinada con contrastes ácidos y dulces. Carne tierna, trocitos de manzana y frambuesa, láminas de parmesano, emulsión de mango… Para formar un cuadro de sabores único. Preguntamos por el postre menos dulce de la casa y nos recomendaron frutas frescas refrescadas con mojito, que se termina de preparar en la propia mesa y es el perfecto colofón. La carta de vinos de Triciclo es pequeña, pero matona, con presencia de las mejores D.O. españolas. Además de algunas pinceladas internacionales, sidra natural, cava e, incluso, txacoli. Como buenos godellistas, elegimos un Valdesil. Un detalle que también nos gustó es que sirven agua fresca sin ningún coste, algo difícil de encontrar en España. Afterwork en Huertas Pensando en la idea del tapeo afterwork en Huertas, disponen de una amplia oferta de bebidas alcohólicas. Así que terminamos la comida con un par de gin tonics y disfrutamos de una agradable charla con Javier Mayor, que también y tan bien atendió nuestra mesa. Nos contó lo felices que están por haberse convertido en un local de referencia en la gastronomía madrileña. Sin duda, se lo están ganando a pulso. Triciclo está en la calle de Santa María, 28, Madrid.

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‘Kobe Plaisir’, probando la mejor carne del mundo en Japón

Situado en el mismo hotel que elegimos para pernoctar, The B Hotel, el restaurante Kobe Plaisir es, como su nombre indica, un placer donde disfrutar la carne más famosa y deliciosa del mundo, la carne de Kobe. Los bueyes de esta prefectura japonesa, además de por su sabor, son conocidos por su cuidada alimentación. La base de esta son los mejores granos, así como masajes con sake templado. Carne de granjas de Hyogo Los ingredientes con los que elaboran los menús de Kobe Plaisir son locales, pertenecientes a granjas de Hyogo. Es conocida como «la miniatura japonesa», ya que se sitúa frente al mar de Japón, el mar interior de Seto y el Pacífico. Este accidente geográfico propicia una tierra fértil con un clima abundante en sol. Tres maneras de cocinar la carne de Kobe En Kobe Plaisir existen tres formas de preparar la carne de Kobe: teppan-yaki (a la plancha), shabu-shabu (cocida en caldo dashi) o seiro-mushi, al vapor en cestas de bambú. Elegimos la primera porque era la más apetecible. Y porque la sala ofrecía la posibilidad de presenciar el espectáculo desde una barra en forma de ele para 10 comensales. Una de las ventajas de elegir el teppan-yaki es contemplar de primera mano el espectáculo que supone ver al chef cocinar la carne de Kobe y las verduras, con tanto mimo y cuidado que resulta hipnotizador, como se puede ver más abajo en el vídeo que grabamos. Para acompañar la carne de Kobe y los vegetales (calabaza, batata, seta, cebolla y berenjena) se sirven salsa ponzu y de tomate, sal negra del Himalaya y un dip de miso. Aunque ninguno son necesarios para resaltar el sabor de la carne. Hay que decidir cómo se prefiere el arroz: hervido o la plancha con los trozos menos ‘bonitos’ de la carne. No nos hizo falta más de un segundo para decidirnos por la segunda opción, que resulta deliciosa. El postre se sirve en una sala contigua al comedor, decorada en madera y muy acogedora. El nuestro consistió en una mousse de yuzu acompañado de fruta y helado de coco. La carta de vinos incluye variedades europeas, sudamericanas, sudafricanas y australianas, además de sake, nuestra bebida favorita durante el Lovers in Japan. Nos llamó la atención este chileno de uva Syrah que no superaba los 30 euros. El local suele llenarse, por lo que conviene reservar con antelación. Al mediodía ofrece un menú más corto, pero mucho más económico, por 23 euros, y ternera de Tajima. ¡Confiesa que te están entrando ganas de escaparte a Japón para probar la carne de Kobe! El menú, por alrededor de 150 euros/persona, es bastante completo e incluye tres aperitivos, sopa o consomé, ensalada, 150 gramos de carne de Kobe y postre.

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Cinco ciudades portuarias para viajar en fin de año y cómo disfrutarlas

Despedir el año siempre es una buena excusa para conocer nuevas ciudades. En nuestro caso, es ya un clásico viajar en fin de año. Hacia un nuevo destino, con una botella de cava y la vista puesta en un puerto pesquero. Será que somos de secano y nos puede el espíritu marinero. Por este motivo, os vamos a sugerir 5 ciudades portuarias a donde viajar en fin de año. Ideas para viajar en fin de año 1. Gijón Cuenta la historia que en las últimas horas de 2009, mientras veíamos el barrio de Cimadevilla desde nuestra habitación, surgió la idea de iniciar esta saga de Nocheviejas viajeras. Nada mejor para viajar en fin de año que adentrarse en alguna de sus innumerables sidrerías. Y probar la famosa fabada y la no menos conocida sidra, asturianas ambas. 2. Budapest A finales de 2010, días antes de estrenar este blog, viajamos hasta Budapest, parada obligatoria en el curso del Danubio. Desde el Bastión de los Pescadores podrás observar cómo la nieve cubre en esta época del año la capital húngara y cualquiera de sus 7 islas: Astillero, Margarita, Csepel, Palotai-Sziget, Népsziget, Haros-Sziget, y Sziget Molnár. 3. Viajar en fin de año a Londres Es un hecho cuando menos curioso la posibilidad de llegar a suelo inglés desde algún puerto del Cantábrico, en uno de los numerosos ferris que unen la Península Ibérica con la Pérfida Albión. Una vez desembarcados en territorio inglés es relativamente fácil dirigirse hacia el corazón del Tamesis para tomar las doce uvas, como nosotros en 2011, en pleno Piccadilly Circus, para ser más exactos. 4. Belfast Después de vivir varias décadas un conflicto de identidad teñido de sangre, la capital de Irlanda del Norte resurge de sus ceniza. Y lo hace para ofrecer al viajero una postal navideña impensable en otra época. Lo pudimos comprobar despidiéndonos del 2012 en Belfast. Y descubriendo, por ejemplo, el mejor fish and chips de esta ciudad. Cuyo puerto albergó la construcción del malogrado Titanic, entre otros honores. Un destino para viajar en fin de año bastante poco conocido. 5. Hamburgo Cierra esta lista la segunda ciudad más poblada de Alemania. Bañada por el Mar del Norte y con uno de los pocos lagos interiores que existen dentro de un centro urbano. Este destino fue el elegido para viajar en fin de año en 2013. Y lo hicimos navegando por sus canales. Y, también, paseando a orillas del Elba. O comprobando la calidad del pescado que se vende en el mercado de Altona, en Hamburgo. ¿Os gusta viajar en esta época? Estamos deseando que nos recomendéis otras ciudades donde pasar la Nochevieja.

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Museo Internacional del Manga, parada obligada para ‘frikis’ en Kioto

El Museo del Manga ocupa las instalaciones de una antigua escuela de primaria ubicada en el centro de Kioto, muy cerca de los Jardines Imperiales, desde 2006. Si no eres socio ni estudiante con acreditación, tendrás que pagar los 800 yenes que cuesta la entrada. Pero te aseguramos que merece la pena. Antes de nada, indicar que la palabra manga hace referencia tanto a las historietas de origen japonés como a una forma muy concreta de dibujar cómics. Esta seña de identidad nipona abarca desde series de dibujos animados hasta lo último en videojuegos, pasando por novelas de tinte erótico en muchos casos. Desde hace 30 años, la moda del manga se ha instalado con éxito en nuestra cultura occidental. Sirva de ejemplo una de las películas más taquilleras de Hollywood que lleva por título ‘Kill Bill’. Y que puso para siempre en nuestras mentes a Uma Thurman vestida de amarillo, catana en mano. A las órdenes de Quentin Tarantino, la actriz interpreta a La Novia en un guión que se inspira en el cómic Lady Snowblood, según pudimos comprobar en el ejemplar que consultamos. Miles de reproducciones, traducidas muchas de ellas a todo tipo de lenguas, y un ambiente muy friki son aspectos que se observan nada más entrar en el Museo del Manga. Las estanterías esconden rarezas y la mayoría de los éxitos editoriales, al alcance del visitante para coger, leer y devolver. Exposiciones temporales del Museo del Manga de Kioto Las exposiciones temporales son únicas en su género. Nuestra visita coincidió con una dedicada a la influencia del ballet francés en el surgimiento del manga y otra centrada en la obra de Tatsumi. Impresionantes ambas. Sus numerosas salas, la tienda y una agradable cafetería completan el Museo del Manga. Parada obligatoria si visitas Kioto y quieres adentrarte en una parte muy importante de la cultura japonesa. El museo cierra los miércoles y no puedes hacer fotos dentro, salvo en las zonas indicadas.

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‘Dos Palillos’, la barra de tapas asiáticas en Barcelona

Nos habían hablado maravillas de Dos Palillos, uno de los restaurantes de moda en Barcelona. Bajo la batuta de Albert Raurich, discípulo de Ferrán Adrià durante once años en El Bulli, situado en pleno barrio del Raval. Los encontrarás en Elisabets, 9. Restaurante con estrella Michelin Hace unos años obtuvo su primera estrella Michelin, algo insólito para un establecimiento que no dispone de un comedor como tal. Si no de dos espacios bien diferenciados: una barra donde degustar menús, desde la que se contempla el tremendo espectáculo de la cocina. Y la barra asiática, donde solo se come a la carta y que, de no ser por el toque kitsch de su decoración, podría parecerse a cualquier otra de un bar de los de toda la vida que existen en la zona. Ofrece dos menús degustación, emplatados y servidos por los propios camareros: Dos Palillos, por 90 euros, y Dos Palillos Festival, por 110 euros. Abrimos boca con un cóctel de cava con umeshu, un tipo de ciruela japonesa, toda una declaración de intenciones por la fusión patria y nipona. Comenzamos con un delicado tsukudani casero de shiitakes e hígado de rape. El tsukudani es un tipo de cocina que consiste en cortar los ingredientes en pequeños trozos y freírlos en salsa de soja y mirin (vino de arroz similar al sake). Tiene su origen en Tsukuda, una isla de la bahía de Tokio. Jurel, cortado en sashimi, curado en sal y vinagre de arroz con tororo kombu, la ‘piel’ del alga kombu, que crece en las profundidades del mar de la isla de Hokkaido, al norte de Japón. Se obtiene afeitando con un cuchillo la cara plana del alga y es de sabor salado. Textura, frescura y sabor en las gambas rojas crudas -las colas- y calientes -las cabezas-. Que recomiendan comer en ese orden por el fuerte sabor del yodo que contienen estas últimas. Sorprendente presentación para la ostra a la parrilla con sake, atemperada con este licor nipón que se bebe después en la propio concha. Como no me gustan las ostras, me ofrecieron una puntas de espárragos frescos con kimizu y soja liofilizada. El kimizu es una sabrosa salsa de vinagre de yema de huevo. Aquí podéis ver cómo lo explican nuestros amigos de Gastronomía y Cía. El tofu frito con huevas de salmón y caldo dashi fue el único plato que nos dejó indiferentes, ya que la insipidez del tofu no da lugar a grandes florituras. Por el contrario, un bocado que resulta delicioso y muy fresco es la tempura de tomates cherry, que se corona con una pizca de wasabi para potenciar el sabor. En todo menú asiático que se precie no podían faltar unos dumplings, empanadillas chinas de fécula de patata. En este caso, rellenos de espinacas frescas y shiitakes, presentados en su típica cesta de cocción al vapor. Te maki (o haz tu propio maki) es la propuesta más divertida. Se trata de elaborar tu propio sushi y para ello te ofrecen todo lo necesario. Arroz, pescado ya cortado -una espectacular ventresca de atún-, trozos de alga nori, wasabi y salsa de soja. La ‘hamburguesa japo’ es una delicia compuesta por un bollo de pan casero al vapor, carne de vaca, jengibre, pepino y shisho (albahaca nipona). Wok de verduritas, a base de mini zanahorias, pack choi (de sabor parecido a la col), choi sum (similar a la acelga), tirabeques y jengibre, crujientes y en su punto perfecto. Antes del postre degustamos unas pequeñas brochetas de pollo de corral a la brasa, que no sorprenden por su presentación pero sí por su sabor. Dos postres completaron el menú: flan de mango y coco y ningyo yaki de chocolate, del que no hay foto (y no recuerdo por qué…). Nos dejamos querer por un blanco de Bordeaux, difícil elección en la más que excelente y completa carta de vinos de Dos Palillos. Y unos tragos de sake caliente para terminar. Esta comida fue antes del Lovers in Japan y áun no sabíamos que lo habitual en Japón es beberlo durante y no después. Delicado tratamiento del mejor producto El menú no se hace para nada pesado y resulta agradable escuchar la preparación de los platos. En Dos Palillos se da especial importancia al tratamiento del producto. Pero sin ningún tipo de alarde y con una sencilla técnica que puede contemplarse como si de un puesto de comida callejera se tratara. Todos ‘hacen de todo’ en una coreografía casi perfecta que convierte a este lugar en un imprescindible de la Ciudad Condal.

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Los viajes con mi padre por el País Vasco y el Asador Landa

Los que me conocéis bien sabéis que soy una enamorada del País Vasco más que de ningún otro lugar de este país, con permiso de Salamanca. Desde pequeña he veraneado por la zona de costa con mi familia y no tengo más que buenas palabras para su gente, gastronomía y paisajes. Después he regresado casi cada año con mi padre a los lugares que más nos gustan: Zarautz, Deba, Mutriku, Getaria y, cómo no, la fascinante Donosti. Él, al volante, y yo disfrutando de los verdes valles con la música de Enya como única compañera de viaje. En una de nuestras últimas visitas contamos con unos anfitriones de lujo, Marian y Joserra, dueños de Izenbe. Este restaurante de comida casera es cita obligada en Deba para degustar unas buenas alubias de Tolosa y un jugoso txuletón de ternera con una botella de Remelluri. Fueron ellos quienes, previa excursión por el valle de Aranerreka, nos descubrieron Asador Landa, en Mendaro. Un local referente para todo aquel que aprecie la buena mesa, a 15 kilómetros de Eibar. El Asador Landa Excelente producto de temporada cocinado de manera sencilla en un establecimiento que rezuma cercanía y trato familiar. El secreto del éxito de los hermanos Juan Mari y Asier Landa reside en comprar la mejor materia prima y ofrecerla al cliente tal cual, sin florituras de ningún tipo. Como el imponente rodaballo de casi tres kilos que compartimos entre seis personas, cocinado a la parrilla y aliñado únicamente con un sofrito de ajo y guindilla. O las excelentes anchoas de preparación artesanal. La ruta que une Deba con Zarautz Una de nuestras rutas favoritas es la que une Deba con Zarautz por la carretera de la costa. Para disfrutar del mar en todo su esplendor y del simpático Ratón de Getaria. El recorrido tiene varios miradores que invitan a la fotografía y a dejar que la vista se pierda en la inmensidad del paisaje. Si el tiempo acompaña, nada mejor que un baño en la playa de Zarautz, la más extensa del País Vasco y una de las más largas del Cantábrico. Que tan bien reflejó Sorolla en algunos de sus cuadros más famosos. La ciudad está llena de sitios en los que gozar de la buena mesa. Muchos de ellos con interesantes menús al mediodía, como el que ofrece Txiki Polit. Es, además, una pensión en la que suelen pernoctar algunos de los surferos que acuden a la zona para practicar este deporte. Nosotros seguimos camino para comprar anchoas, atún y ‘mugalas’ en una conservera de Mutriku. Y por muchos años más… (Dedicado a Nacho, mi padre, por todo lo que me ha dado y me sigue dando cada día).

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‘Restaurante Orgi’, parada gastronómica con encanto en Lizaso (Navarra)

La última parada gastronómica del Rural Trip tuvo lugar en el restaurante Orgi, en Lizaso. Este pequeño pueblo está situado en pleno valle navarro de Ultzama, a tan solo 24 kilómetros del norte de Pamplona. Tras un paseo por el bosque de Orgi, nos esperaba un menú de lo más sorprendente en un local que ofrece una materia prima preparada con mucha creatividad y buen gusto. Al frente del negocio está la pareja integrada por Mikel Odriozola -en la cocina- y Oihana Larraia -al frente de la sala-. Formados bajo la batuta de Arzak, Adrià o Arbelaitz, abrieron su negocio en 2006. Rezuman vitalidad y diversión en sus platos. Nuestro menú fue de lo más variado y apetitoso. Bosque de Orgi, un original postre cuya base es ‘tierra’ de cacao, helado de avellana y bizcocho de pistacho. Y unas divertidas setas elaboradas con merengue de frambuesa liofilizada, flor de romero y brotes de menta. Regamos la comida con dos excelentes vinos navarros, un chardonnay-sauvignon blanc de Javier Asensio, y Alzania 2007, de uvas shyrah, merlot y garnacha. Turismo micológico En Orgi, en colaboración con el Parque Micológico Ultzama, es posible realizar una salida guiada al monte en compañía de un experto para recoger setas. Y terminar la jornada con un menú a base de ellas e, incluso, cocinar los ejemplares que se hayan recogido. Acaban de recibir uno de los premios de Turismo Reyno de Navarra 2013. ¿Os ha gustado este menú tan original? Nosotros estamos deseando regresar a Orgi.

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‘Rick’s Café’, restaurante para cinéfilos en Casablanca

¿Quién no ha visto ‘Casablanca’? ¿Quién no ha deseado vivir una historia de amor como la de Ingrid Bergman y Humphrey Bogart en esta mítica película? Eso mismo pensó Kathy Kriger, una diplomática norteamericana que durante su andadura profesional en Marruecos decidió reconvertir un antiguo riad en Rick’s Café, restaurante donde transcurre la película. ‘Casablanca’ se rodó en Los Ángeles En realidad, fue rodada en Los Ángeles y ninguno de los protagonistas pisó la ciudad africana. Pero ha conseguido que su negocio se convierta en reclamo para turistas y extranjeros desplazados en Casablanca por motivos de trabajo. Su barra, en la que también es posible cenar, invita a tomar un cóctel: Vodka Martini para mí y Tequila Sunrise para Jota. Como aperitivo sirven aceitunas aliñadas y frutos secos. La carta de Rick’s Café es bastante escueta, con 5 o 6 opciones de entrantes, carnes y pescados a unos 15 euros cada plato. Son raciones generosas y muy bien presentadas. Winter salad with pear, roquefort and walnuts, deliciosa y fresca ensalada de espinacas con fresas, cerezas, pera, queso Roquefort y nueces. Jonh Dorit filet ‘Casablanca’ with black rice and curry, pez de San Pedro con arroz negro -que nunca había probado y tiene una textura sorprendente- y un ligero toque de curri. Lamb with caramelized prunes, cordero con ciruelas pasas, que acompañan con varias guarniciones en pequeños cuencos: verduras, arroz, puré de patatas… La carta de vinos es muy interesante, con referencias francesas, italianas, chilenas, sudamericanas y, cómo no, españolas. Al tratarse de nuestra primera noche en Marruecos fue allí donde descubrimos los de la zona, ya que no habíamos oído hablar de ellos. Pedimos un Volubilia 2007 que apuntaba buena maneras. En el Café de Rick de Casablanca todo está cuidado hasta el mínimo elemento, desde manteles a la vajilla, pasando por una elegante decoración. Dos detalles llamaron nuestra atención de forma negativa: que el vino lo trajeran abierto (¿cómo?) y que una de las limpiadoras se pasease por el comedor de arriba con un par de rollos de papel higiénico de la mano… No pudimos evitar sonreír cuando el pianista entonó el famoso ‘As time goes by’. No se llamaba Sam, ni era negro, pero en nuestra mente sonó la dulce voz de Bergman tarareando… ‘Play it, Sam’.

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‘Deanes Love Fish’, pequeños bocados en Belfast

El año pasado decidimos pasar la Nochevieja en Belfast. Sí, ya sabemos que no es un destino muy habitual, pero la fecha cuadraba en la ruta que teníamos pensado realizar. Y, además, los altos precios del alojamiento esa noche en Dublín se salían del presupuesto. Tuvimos una cena de lo más tranquila en el recientemente cerrado Cayenne, pero antes disfrutamos un agradable almuerzo en Deanes Love Fish, un pequeño local aledaño a Deane’s, único restaurante en ostentar una Estrella Michelin hasta hace poco. Situado en Howard’s Street, en pleno corazón de la ciudad. En principio, pensábamos celebrar allí la bienvenida de 2013, pero solo nos ofrecían mesa a las seis de la tarde y teníamos que dejarla en un par de horas para el siguiente turno (otra vez será). Menú para comer en Belfast por 6,50 libras Al mediodía ofrece un interesantísimo menú -aunque se trata, en realidad, de un plato- por 6.50 libras (aún existe en 2021). Con pequeños bocados en forma de tostas o cazuelitas. Todos ellos elaborados con excelente materia prima y cuidada presentación. También se puede comer a la carta: ostras en tempura, vieiras a la parrilla, langosta, mejillones, pastel de pescado, hamburguesa de salmón… Tras unas aceitunas con hierbas de la Provenza, probamos el plato más popular de la gastronomía irlandesa e inglesa, fish&chips, en este caso, con bacalao. El mejor que probamos en todo el viaje, bueno, creo que en total fueron tres… Excelente el rebozado y el punto del pescado, además de la deliciosa salsa tártara que lo acompañaba. Y un puñado de guisantes con un ligero toque de mantequilla. Marinated sardines on toast and fries, un must. El pan es casero y crujiente. Las sardinas, perfectamente marinadas, se acompañan de patatas fritas y una ensalada de rúcula. Frescas y ligeras. No pudimos resistirnos a probar un Christmas pudding, que en Deanes Love Fish sirven con helado de vainilla. Un blanco del sur de Francia, Coquille D’Oc, nos acompañó en la última comida del año. La carta de vinos es bastante amplia, ya que comparte bodega con el ‘restaurante formal’. Como había que celebrar que en unas horas terminaba 2012, y hacía mucho frío en la calle, nos permitimos un par de gin tonics, ya que también dispone de una barra con gran variedad de bebidas. El servicio y la decoración, con toques marineros, además de la vajilla y los detalle de las mesas, son cuidados y muy esmerados. Más que recomendable para comer en Belfast. Un ‘fast food’, pero con mantel y calidad.

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‘Maskarada’, homenaje al delicioso cerdo vasco en Lekunberri

Cuando acudimos a la inauguración en Madrid de Sagardi en Euskal Etxea, conocimos a José Ignacio Jáuregui. El fundador de la empresa familiar Maskarada trabaja desde años con el cerdo vasco para obtener los productos más exclusivos. Una de las noches del Rural Trip tuvimos la oportunidad de cenar en el restaurante que tiene junto a su mujer en Lekunberri y donde probamos este menú. Menú degustación en Maskarada Tocino de lomo, una auténtica delicatessen. Suave y, como podéis apreciar, finísimo. Embutido de cerdo vasco, con jamón curado durante 30 meses que nada tiene que envidiar al de Guijuelo o Jabugo. Cabezada a baja temperatura, servida a modo de fiambre, de increíble textura gelatinosa. Y sabor potenciado con aceite de oliva virgen y sal trufada. Rollitos de alcachofa natural con papada ibérica, un bocado crujiente y perfecto. Ensalada de rabo de cerdo y lenteja naranja. Jáuregui nos explicó que el rabo es una de las partes del cerdo que menos se aprovecha y que por eso lo rebozan y sirven en un plato ligero y refrescante. Salchichas trufadas Lomo natural con tomate deshidratado, una carne que -como su propio nombre indica- se cocina sin nada más -ni nada menos- que un golpe de parrilla. Tierna y jugosa, se sirve con un delicioso tomate confitado. Oreja con salsa de hongos que, según Jota, era sublime. Yo solo probé la salsa, que estaba bárbara. Tejas y canutillos Altos de Inurrieta, cabernet sauvignon y merlot, perfecto para una velada tan carnívora. Antes de la cena pudimos visitar su obrador y conocer todo el proceso de elaboración de los productos que, además, pueden comprarse en su tienda. Nos trajimos un par de cabezadas curadas, txistorras y papadas para darle a nuestra nevera un toque ‘navarrico’. Ella, encantada. Maskarada se encuentra en Aralar, Pol. 12, Parc. 295 (Lekunberri). Ofrece dos menús degustación, por 30 o 37 euros euros (precios 2020).

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