Nombre del autor:Marta Carnero

Cómo usar el Japan Rail Pass o JR Pass para viajar en tren por Japón

¿Qué es el Japan Rail Pass? Es la mejor opción si tienes previsto visitar Japón por tu cuenta, es decir, sin un viaje organizado en el que te lleven y traigan. El Japan Rail Pass es un billete que te permitirá desplazarte en tren entre las ciudades más importantes. Así como en la línea Yamanote del metro de Tokio y los de Osaka y Kioto. ¿Dónde comprar el Japan Rail Pass? Únicamente se expende fuera de Japón, ya que no puede ser utilizado por los ciudadanos nipones, solo por turistas. Aunque puede comprarse online, si vives en una gran ciudad como Madrid o Barcelona, te recomendamos que busques una agencia donde lo emitan. Y ahorrarte así los gastos de envío, que pueden ser de cinco euros por persona o el doble si se trata de Canarias o Baleares. Consulta aquí la lista de distribuidores oficiales en España. Si decides comprarlo en su web, tienes que logarte. Después, te pedirán diferentes datos. Fechas de uso, aeropuerto de llegada, nombre o número de pasaporte. Puedes pagarlo con las principales tarjetas de crédito, como AMEX, Mastercard o VISA. ¿Dónde validarlo? Hay oficina repartidas por toda la isla. Y, cómo no, en los principales aeropuertos. Necesitarás presentar el resguardo que te hayan dado (como el que puedes ver en la primera foto), tu pasaporte y rellenar un pequeño formulario. Aquí puedes ver una lista de todas ellas. ¿Qué validez tiene el Japan Rail Pass? Puedes elegir entre 7, 14 o 21 días, dependiendo de la duración de tu viaje. Lo ideal es que te dure desde el primer al último día, ya que incluye los trayectos que unen las grandes ciudades con los aeropuertos. Billetes que, por tu cuenta, tendrían un coste bastante elevado. Tiene que validarse antes de tres meses desde la fecha de emisión. ¿Cómo utilizar el Japan Rail Pass? Tienes que presentarlo en la ventanilla de seguridad de la estación correspondiente, a la entrada y a la salida, así como para reservar billetes (también puedes hacerlo online). Si prefieres la aventura, puedes montarte en el tren sin reserva previa y sentarte en cualquiera de los asientos que no estén reservados. Precios del Japan Rail Pass en 2021 A continuación, puedes ver los precios para 2021. El precio infantil es para niños de 6 a 11 años, inclusive. La green es la denominada primera clase e incluye vagones solo para fumadores. Nosotros viajamos en la estándar y te podemos asegurar que es igual de cómoda. Clase estándar Green Class Si tienes alguna duda que no quede resuelta en este post, ¡pregúntanos sin problema!

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Kioto en 6 pistas gastronómicas para comerte la ciudad

Su oferta gastronómica fue una de las que más llamó nuestra atención durante el Lovers in Japan. A cada paso encontramos restaurantes, pequeñas izakayas y locales de comida rápida en los que saciar nuestro apetito. A veces costaba decidirse y, salvo en una ocasión, acertamos de pleno en nuestra elecciones, si bien creemos que es muy difícil encontrar un sitio en el país nipón donde se coma mal. Aquí os dejamos seis propuestas de lo más suculentas para comer en Kioto. ¿Dónde comer en Kioto? 1. Issen-yosyoku Es un okonomiyaki al estilo de Kioto, con nada menos que doce ingredientes: cebolleta, huevo, gambas secas, pasta de pescado, harina, atún seco, ternera, jengibre… Se prepara, sobre todo, para llevar y ha de comerse con palillos (bastante complicado, la verdad). Nosotros lo degustamos en el propio local, bajo la atenta mirada de un puñado de inquietantes maniquíes vestidas con kimonos… 2. Mercado de Nishiki Un paseo por Nishiki es más que recomendable para cualquier amante de los mercados. No sólo existe la posibilidad de adquirir productos frescos de primera mano, encurtidos y pescados deshidratados, sino que cuenta con numerosos puestos donde comprar delicias para comer en Kioto mientras se prosigue la visita, como sticks de sashimi, brochetas de carne y verduras rebozadas, zumos de yuzu recién exprimido o los curiosos pinchos de pulpitos que véis debajo. 3. Ootoya Fue una decepción. Lo vendían como un lugar de moda entre jóvenes y ejecutivos de la zona, pero la comida de Ootoya no pudo ser más simplona e insípida o, quizás, no supimos elegir. Solo sé que puede que se trate del salmón más seco que haya comido en mi vida. 4. Comer en la estación de Kioto La estación y sus alrededores están plagados de restaurantes con todas las especialidades imaginables de comida japonesa, además de italiana y franquicias de fast food para comer en Kioto. Todos ellos disponen de menús y exponen sus platos al modo japonés con su correspondiente precio para que no haya lugar a dudas. Es una opción perfecta para un bocado rápido y económico antes o después de viajar en shinkansen. 5. Mimasu-ya Se encuentra situado en la calle más bonita de Kioto, donde nos cruzamos con varias geishas y maikos. En su carta, propuestas de lo más sugerentes que no superan los diez euros, como carpaccio de besugo con yuba y yuzu; huevas de bacalao picantes y a la parrilla o nama-fu y vieiras gratinadas con patata y puerro. Tiene comedor para no fumadores con unas bonitas vistas del río. 6. Isoya, yaki yasai para comer en Kioto Hemos dejado para el final nuestro favorito para comer en Kioto que, por desgracia, descubrimos la última de nuestras cuatro noches en la ciudad. Isoya es un pequeño local a escasos metros del Kyoto Royal Hotel & Spa, nuestro alojamiento. Su especialidad es el yaki yasai, una forma de cocinar los vegetales a la plancha. Las piezas, expuestas sobre la barra en cestas de paja y enormes fuentes, son recolectadas a diario en granjas de la zona y se preparan a la vista de los clientes. Algo tan sencillo como una cebolla o un tomate pueden convertirse en alta gastronomía si la materia prima es magnífica y se prepara con mimo. Ninguna de las raciones supera los cinco euros y los camareros son simpatiquísimos, por lo que está abarrotado. Un must. Y bien, ¿cuál de todos los platos ha llamado más tu atención? ¿Qué va a ser lo primero que pruebes cuando visites Kioto? ¡Cuenta!

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100 razones para visitar Bélgica más allá de beber cerveza y comer gofres

Hace unos días recibimos un curioso e interesante e-mail desde la Oficina de Turismo de Bélgica invitándonos a participar en un concurso para pasar una semana disfrutando de Bruselas y Valonia. ¡No ha hecho falta pensarlo dos veces! ¿Por qué queremos visitar Bélgica? Aquí van 100 razones: 1. Beber las mejores cervezas del mundo. 2. Comer mejillones con patatas fritas. 3. Cenar a las siete… 4. Comprar alguna de las 500 variedades de bombones es un motivo más que suficiente para visitar Bélgica. 5. Pasear por la Grand Place. 6. Admirar el Atomium. 7. Fotografiar el Manneken Pis, una de las mejores cosas que ver en Bruselas. 8. Visitar la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. 9. Mirar los escaparates de las ‘Galerías Saint Hubert’. 10. Recorrer las 80 ciudades europeas de la Mini Europe. 11. Conocer a la novia del Manneken, la descarada Jeanneke Pis. 12. Contemplar las obras del Museo Magritte. 13. Montar en tranvía para descubrir todo lo que hay que ver en Bruselas. 14. Curiosear por el Boulevard Waterloo, considerado el más chic de la capital. 15. Acercarnos al Parlamento Europeo para ver si hay algún VIP. 16. Probar alguna de las 3.000 variedades de cerveza que ofrece Delirium Tremens… Y salir vivitos y coleando. Uno de los imprescindibles si planeas visitar Bélgica. 17. Pillar una buena tortícolis examinando una por una las vidrieras de Notre Dame du Sablon. 18. Quemar la Brussels Card de tanto usarla. 19. Comprobar que la cerveza no solo se bebe, sino que podemos meternos entre pecho y espalda unos carbonnades flamandes. 20. Acompañar el estofado con una ligeras chicons au gratin. 21. Sentarnos en una terraza de la Rue des Bouchers a tomar café. 22. No perdernos el Museo del Cómic. 23. Practicar el poquito francés que sabemos (sin bromas…). 24. Comprobar por qué Bruselas es una de las capitales más verdes de Europa. 25. Visitar el Museo de los Judíos y su colección de arte. 26. Probarnos un vestido vintage en la Rue Antoine Dansaert. 27. Buscar alguna ganga en el Rastro de Los Marolles. 28. Descubrir una de las joyas del Art Nouveau, la Casa Cauchie. 29. Adivinar por qué son tan famosas las coles de Bruselas. 30. Intentar ver cada una de las piezas del Museo del Auto. 31. Sentarnos sobre el césped del Jardín Botánico. 32. ¿El viaje es en agosto? Habrá que tomarse algo en uno de los chiringuitos de Bruxelleslesbain. 33. Pasar el domingo en los Museos Reales de Arte y de Historia. 34. Dar envidia a todos los fans de Tintín tuiteando desde el Museo Hergé. 35. Disfrutar de las vistas desde el Palacio de Justicia. 36. Saludar, si nos cruzamos con ella, a la reina Fabiola, que para algo es española (actualización: falleció en diciembre de 2014). 37. Probar el salchichón de las Ardenas, a ser posible con pan de farro. 38. Buscar sin descanso un Lazarillo de Tormes editado en Bélgica para la colección de Nacho Carnero, un clásico en nuestros viajes. 39. No perder detalle de cómo se elabora el chocolate artesanal en Zaabär. 40. Volver a sentirnos niños en el Museo del Juguete. 41. Fotografiar la cúpula del Sagrado Corazón. 42. Quejarnos de que los ‘Serres de Laeken’, los invernaderos reales, solo abran tres semanas al año (y no cuando nosotros vayamos, precisamente) 43. Ver las casi 40 paredes de diferentes casas decoradas con enormes murales basándose en cómics. 44. Descubrir dónde está la simpática estatua de un perro orinando. 45. Echarnos unos bailes en el Wax Club. 46. Tomar el sol en el Parc du Cinquantenaire. 47. Comprar alguna variedad de los muchos quesos belgas: Passendale, Folies de Béguines, Wynendale… 48. Comer un crepe cubierto con cerezas naturales calientes y nata. 49. Tomar una copa en Mappa Mundo. 50. Viajar a Lieja, la quinta ciudad más importante de Bélgica. 51. Descubrir por qué Lieja es denominada la «Atenas del norte». Y ya que estamos allí… 53. Recorrer el Archéoforum, el yacimiento arqueológico más grande de Europa. 54. Conocer la Estación de Lieja-Guillemins, diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava. 55. Hacer una pintoresca foto desde las escaleras de la colina Bueren. 56. Descubrir el original Museo Tchantches, dedicado a la popular marioneta creada en el siglo XIX. 57. Almorzar unas boulets de Liège (albóndigas de Lieja) aderezadas con sirope. 58. Probar el pékèt (y no emborracharnos con él). 59. Echar un vistazo a la Catedral de Saint Paul, de arquitectura gótica, punto de visita obligada en Lieja. 60. No perdernos el Palacio de los Príncipes-Obispos, una de las mejores atracciones que ver en Bélgica. 61. Conocer los hoteles flotantes de Lieja, barcos con capacidad para 18 personas. 62. Fotografiar alguno de los castillos cerca de Lieja ¡y lamentarnos de no poder vivir en uno! 63. Ver dónde empieza y dónde acaba la carrera ciclista internacional Lieja-Bastogne-Lieja. 64. Tomar el aperitivo regional por excelencia, un Maitrank. 65. Escuchar sonidos de todo tipo en la Maison de la Pataphonie, en Dinant, museo único que visitar en Bélgica y en el mundo. 66. Ya que estamos allí, probar las famosas couques de Dinant (galletas a base de miel). 67. Ver dónde nació en 1841 Adolphe Sax, inventor del saxofón. 68. Hacer una parada en la Cervecería Caracole, cerca de Dinant, donde las cubas de cobre se siguen calentando al fuego de leña. 69. Probar una tarte al djote, especialidad típica de Nivelles, en Valonia. 70. Querer tener dinero y permiso para rehabilitar el abandonado Castillo de Noisy. (Actualización: el castillo fue totalmente demolido en octubre de 2017). 71. Olisquear por la mina Hasard Cheratte, cerrada al público y clausurada sin previo aviso en 1977 por ser una de las más peligrosas del mundo. 72. De vuelta a Bruselas, visitar el Museo de los cerveceros belgas y degustar la cerveza que incluye la entrada. 73. Alquilar una bicicleta (y no caernos). 74. Desayunar un apetitoso gofre, sin duda, una de las mejores cosas que hacer en Bélgica. 75. Jugar una partidita de algo en el Gran Casino de Bruselas. 76. Apuntarnos

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Acantilados de Moher, la atracción turística más visitada de Irlanda

Considerados como una de las 7 Nuevas Maravillas de la Naturaleza, los acantilados de Moher atrapan al visitante nada más pisarlos. Con una extensión cercana a 8 kilómetros y una altura superior a los 200 metros, estos colosos de la geología provocan un espectáculo sobrecogedor con vistas al Océano Atlántico. Por ello son la atracción turística más visitada de Irlanda. Dónde están los acantilados de Moher Los acantilados de Moher se encuentran en la costa del condado de Clare, a unos 75 kilómetros al sur de Galway. En autobús supone una hora y media de viaje contemplando bellísimas vistas. También puedes hacerlo en coche particular, pero si te toca conducir, te perderás gran parte del paisaje. Y, por supuesto, es posible llegar desde la capital de Irlanda. La distancia de Dublín a los acantilados de Moher es de 286 kilómetros. Cómo ir a los acantilados de Moher desde Galway Hay diferentes tours diarios desde Galway hacia los bellísimos acantilados de Moher. Cliffs of Moher Day Tour hace un recorrido de lo más interesante, con varias paradas en el camino para conocer esa Irlanda profunda que componen Fanore, los paisajes de The Burren, alguno de sus castillos y el Condado de Clare. Saliendo del puerto de Galway, descubrimos esa parte de Irlanda tan única, mezcla de costa y campo, castillos y granjas, barcos y vacas. Consejos para tu visita La visita a los acantilados de Moher puede hacerse a pie o en ferri. Nosotros preferimos hacerla a través de los senderos que salen del cercano centro de visitantes, a un lado y otro de la Torre O’Brien. Recomendamos ir con calzado apropiado para parajes embarrados y ropa impermeable, ya que la constante lluvia convierte el camino en una senda peligrosa. La Torre O’Brien es el punto más alto para admirar los acantilados de Moher. Si el clima no lo impide, está abierta al público por una entrada de 2 euros. Pero las vistas desde cualquier punto son igual de impresionantes. Los acantilados de Moher también pueden contemplarse desde un barco, pero para ello hay que pasar necesariamente por Doolin. La compañía Doolin2Aran Ferries organiza paseos turísticos en ferri de una hora de duración, con paradas en zonas de interés como la roca Great Raven. Esta zona de alta protección medioambiental -según la Unesco– da cobijo a miles de aves en sus procesos migratorios, siendo los frailecillos de pico rojo los más fáciles de observar en la época más cálida del año. No dejéis de ir al centro de visitantes de los acantilados de Moher para entender cómo se formaron y admirar su exposición. También servirá para entrar en calor -el tiempo suele ser muy desagradable- y comer algo en su cafetería. ¡Cuidado con los golpes de viento! Si vais con niños, no los perdáis de vista. Seguid las instrucciones y no hagáis fotos cuya posición conlleve asomarse demasiado al precipicio. Parece imposible que viváis para contarlo si el viento cambia de repente. Por si fuera poco, os toparéis cada cierta distancia con carteles de la ONG Samaritans, que trabaja para evitar que potenciales suicidas lleven a cabo su fatal decisión de arrojarse al vacío. Qué ver cerca de los acantilados de Moher Parada obligada es Doolin, el último pueblo antes de llegar a los acantilados de Moher. Allí recomendamos reponer fuerzas en una taberna que parece sacada de una película de Ken Loach. De nombre Gus O’Connor’s Pub, ofrece un variado menú del que escogimos tartaleta de queso de cabra sobre ensalada y estofado irlandés regado con cerveza Guinness. ¿Has podido visitar esta maravilla de la naturaleza? ¿Te enamoraste de este lugar único en Irlanda?

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Dublín en 48 horas. Un intenso paseo por la capital de Irlanda

Ciudad fascinante y muy recomendable para una escapada de fin de semana, hay muchas cosas cosas que ver en Dublín. Al no ser demasiado grande, es fácil de conocerla en 48 o 72 horas. Nosotros la hemos visitado juntos y por separado, lo que supone dos experiencias totalmente diferentes, pero igual de recomendables. Vayas solo o en pareja, aquí te dejamos 22 ideas que hacer en Dublín para no perder detalle de la capital irlandesa. Y también, el coste de cada una de ellas para que tu presupuesto no se dispare. Qué hacer en Dublín 1. Desayunar como un lugareño. Alrededor de 5 euros. La mejor manera de afrontar un día de turismo en cualquier ciudad es un buen desayuno pero, además, el irlandés es uno de los más potentes del mundo: baked beans, beicon, huevos, salchichas, black pudding, tostadas, café o té, zumo… ¡Energía a tope para no perder detalle de todas las cosas que hacer en Dublín! 2. Saint Patrick’s Cathedral. 8 euros. Data de 1191, es la catedral más importante que ver en Dublín y la más grande de la iglesia irlandesa. Saint Patrick’s Cathedral se construyó junto a un pozo en el que cuentan que San Patricio bautizaba a los que se convertían del paganismo al cristianismo. 3. Kilmainham Gaol. 8 euros. Es la atracción turística más dura que ver en Dublín, pero necesaria para conocer la historia del país y el conflicto político que sufrió durante décadas. A Kilmainham Gaol solo se accede mediante una visita guiada en inglés que es aconsejable reservar con antelación. Relatos como el de Joseph Plunkett y Grace Gifford, que contrajeron matrimonio horas antes de que él fuera ejecutado, o la visita al patio donde fueron fusilados algunos de los líderes revolucionarios del 16, no dejan indiferente a nadie. 4. Guinness Storehouse. 15 euros. Su Gravity Bar, en la séptima planta y con las vistas más espectaculares que ver en Dublín es, sin duda, el mejor lugar del mundo para beber la cerveza negra. Nadie la tira mejor que ellos y está incluida en el precio de la entrada a la Guinness Storehouse. En un recorrido que puede durar unas cuatro horas, descubrirás la historia de la marca, desde su elaboración a distribución pasando por cómo servir la pinta perfecta. ¿Un consejo? Aprovecha para comer en alguno de sus restaurantes, a ser posible, un delicioso Guinness Irish Stew. 5. Old Jameson Distillery. 25 euros. Los amantes del whisky no pueden perderse la Old Jameson Distillery, donde es posible realizar un tour guiado para conocer al detalle su elaboración, así como prestarse voluntario para una cata. La entrada de esta atracción que ver en Dublín incluye una degustación que, te aconsejamos, no pidas con zumo de arándanos para no ver la cara del camarero… 6. Estatua de Oscar Wilde. Gratuito. La familia del genial y defenestrado novelista Oscar Wilde vivió hasta 1876 en una residencia de arquitectura georgiana en Merrion Square. Frente a ella y algo escondida, rodeada de algunas de sus frases más célebres, se encuentra la estatua del escritor, lugar de culto que ver en Dublín para amantes de su obra y su figura, como es nuestro caso. 7. Temple Bar Food Market. Gratuito. Su lema reza “Cada sábado, llueva, granice o brille el sol”. Así que si tu visita coincide en fin de semana, aprovecha para pasear por este mercado y saborear lo mejor de la variada gastronomía que ofrece la ciudad. En Temple Bar Food Market encontrarás desde ostras del Condado de Clare a quesos de ovejas de Galway, además de otras propuestas más exóticas como pasteles croatas o burritos orgánicos. Algo imprescindible que hacer en Dublín si te encuentras allí sábado o domingo. 8. Chester Beatty Library. Gratuito. La Chester Beatty Library es el mejor museo del país y uno de los más importantes del mundo por la exquisita colección de piezas de cuatro continentes que expone. Pertenece al magnate minero, Sir Alfred Chester Beatty y se encuentra en los apacibles jardines del Castillo de Dublín. 9. The Brazen Head Inaugurado en 1198, The Brazen Head está considerado el pub más antiguo de Irlanda. Conserva el encanto del pasado y por sus mesas han pasado celebridades como Winston Churchill, James Joyce o Michael Collins. Es perfecto para disfrutar una buena pinta (unos 6 euros) o un plato de mejillones al vino blanco (16.50 euros), así como para escuchar música tradicional en vivo. Un must que ver en Dublín. 10. Octagon Bar El The Clarence Hotel es propiedad de Bono y The Edge. Cuenta con uno de los bares más tranquilos de Temple Bar, donde es posible beber un delicioso cóctel (alrededor de 12 euros) en un ambiente relajado. Como su propio nombre indica, tiene forma de octógono y dicen que, de vez en cuando, algún miembro de la banda se deja caer por allí. 11. Estatua de Molly Malone. Gratuito. Es uno de los símbolos más fotografiados que ver en Dublín y representa a una joven pescadera de exuberante escote que murió en la calle por culpa de unas fiebres. Se encuentra en la calle Grafton. 13. James Joyce Center. 5 euros.  Visitar el James Joyce Center es un buen plan que hacer en Dublín para los amantes de la obra del novelista más reconocido de la isla. Con curiosos objetos que le pertenecieron, así como recreaciones de estancias de la época y la puerta de entrada a la casa del protagonista de su novela más famosa, ‘Ulises’. 14. Elephant&Castle ¡Una de las mejores cosas que hacer en Dublín! No probar las alitas de pollo picantes de Elephant&Castle, restaurante en Temple Bar, es como ir a París y no ver el Louvre. Seguro que repetirás… (14.95 euros la cesta de la foto). 15. Museo de los Escritores. 7.50 euros. Aquí se exponen verdaderas joyas, como libros, cartas u objetos personales de James Joyce, Oscar Wilde, Bram Stoker o Samuel Beckett. ¿Un consejo para este museo que visitar en Dublín? Hazte con una audioguía para no perder detalle y no dejes de pasar por su tienda. 16. Galería Nacional. Gratuito. Con más de 2.500 pinturas y servicio de audioguías sin

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¿Langosta o ‘food trucks’? 10 pistas gastronómicas para saborear Boston

Al ser ciudad portuaria, Boston ofrece una gastronomía variada y marinera que puede encontrarse fácilmente en la carta de la mayoría de restaurantes locales. Olvida la idea -muy española- de que en Estados Unidos solo se sirven hamburguesas y fast food y abre mente -y cartera- a nuevos sitios como los que te enseñamos en esta deliciosa entrada. Si no te apetece o no puedes permitírtelo, siempre tendrás a mano McDonald’s, Burger King, KFC o Dunkin Donuts para que, en menos de una semana, tu colesterol alcance niveles insospechados. No digas que no te lo advertimos y toma buena de estos 10 lugares para comer en Boston. 10 lugares imprescindibles para comer en Boston 1. Barking Crab En un ambiente de lo más informal y al aire libre, con largas mesas de madera compartidas con otros comensales y unas maravillosas vistas del puerto se ubica Barking Crab, restaurante especializado en mariscos y pescados frescos. Comer en Boston una langosta de Maine a la parrilla o unas patas de cangrejo de Alaska debería ser obligatorio para cualquier visitante. 2. Myers+Chang Platos vietnamitas, tailandeses, taiwaneses y chinos en este ‘indie diner’ en el que Joanne Chang y su marido, Christopher Myers, cocinan mano a mano auténticas delicias que no superan los 20 dólares por ración. Si puedes, siéntate a la barra de Myers+Chang para disfrutar del espectáculo y refréscate con una soda casera de piña y jengibre o litchi y frambuesa. Si has estado en el neoyorquino Momofuku, encontrarás más de una similitud. 3. Union Oyster House Distinguido como el restaurante más antiguo de Estados Unidos, Union Oyster House sirve comidas desde 1826. Está dividido en varias zonas: barra, oyster bar y restaurante en la planta superior, donde el presidente Kennedy tenía una mesa reservada para comer en Boston cuando quisiera disponer de ella. Aunque la especialidad, como su propio nombre indica, son las ostras, nos aventuramos con un plato variado y unos mejillones que nos dejaron bastante indiferentes… 4. Quincy Market Abierto desde el 26 de agosto de 1826, está compuesto de más de cincuenta restaurantes y puestos de todas las nacionalidades imaginables, el clásico food hall donde comprar comida y buscar después un sitio donde hincarle el diente. Si afuera diluvia, como fue nuestro caso, es una tarea ardua, pero merece la pena intentarlo y probar clam chowder, sopa de almejas típica de las ciudades costeras americanas, y lobster roll, especialidad de algunos condados como Massachussets y Maine, ensalada fría de langosta en un bollo de pan ligeramente dulce. Quincy Market también está formado por varios pubs, una sucursal de ‘Cheers’ y otra de ‘Wagamama’. Ideal para comer en Boston por poco dinero. 5. Hotel Intercontinental El bar RumBa del lujoso Hotel Intercontinental ofrece una pequeña carta de aperitivos, ensaladas y sándwiches. Su lista de licores, en especial, rones y whiskies, es apabullante. Perfecto para una parada rápida -salmón y cóctel- antes de seguir devorando Boston. 6. Shake Shack Desde que las probamos en Nueva York hace ya unos cuantos años, no hemos encontrado otras hamburguesas en Estados Unidos que nos hayan gustado más que las de Shake Shack. Ternera Angus 100% natural (sin antibióticos ni hormonas), productos frescos y una salsa que enamora. Además, las patatas fritas no son congeladas, sino cortadas a mano diariamente. Hay varias sucursales para comer en Boston: una en Seaport Blvd, Washington St y Newbury Street. 7. Whole Food Market La comida orgánica está de moda en Estados Unidos y Whole Food Market es la primera gran cadena que sólo vende este tipo de productos. A pesar de que el precio es bastante más elevado que un supermercado tradicional, merece la pena para un desayuno o almuerzo informal, ya que la mayoría de ellos dispone de una zona con mesas (además de wifi y lavabos para los clientes). Los más grandes cuentan con un amplio take away donde comprar bocados bastante sanos, desde sopas, ensaladas o sushi, a pollos y carnes asadas, pasando por sándwiches preparados al momento con los ingredientes que uno elija, eso sí, siempre orgánicos y que cumplan los requisitos de la compañía. Si no te lo crees, echa un vistazo al listado de ingredientes inaceptables para sus alimentos. 8. Food trucks El descubrimiento del viaje para comer en Boston han sido las camionetas que encuentras a cada paso por Estados Unidos. La hora del almuerzo y las zonas de oficinas son perfectas para estos negocios que, desgraciadamente, tantas trabas están encontrando para instaurarse en nuestro país. En el mercado de SOWA, que se celebra cada domingo de 11 de la mañana a 4 de la tarde, han habilitado un área especial para que los vehículos aparquen sin problemas y los platos que ofrecen puedan saborearse en un improvisado comedor al aire libre (y al sol). Pizzas, tacos, grilled cheese sandwiches y algunas opciones vegetarianas, entre las más demandadas. 9. L Street Tavern Si eres tan cinéfilo como nosotros, merecerá la pena un paseo hasta esta taberna de South Boston donde se rodaron algunas escenas de ‘Good Will Hunting’, película que supuso el salto a la fama del bostoniano Matt Damon y su inseparable amigo, Ben Affleck. Aunque no se trata de un restaurante, consideramos que la cerveza -aunque sea americana- debe tener un lugar destacado en la gastronomía. 10. Aeropuerto de Logan A veces, uno se lleva sorpresas para comer en Boston cuando menos lo espera. Acostumbrados a la desastrosa oferta gastronómica de los aeropuertos españoles, Vineyard Grill fue la mejor manera de despedir la ciudad cuando ya pensábamos que deberíamos rendirnos al odioso fast food. Situado en la terminal E, justo antes del control de seguridad, ofrece una carta con pescados, mariscos, hamburguesas, sándwiches y ensaladas, además de 15 variedades de cerveza local y un buen puñado de vinos. Decir adiós a esta maravillosa ciudad con una ensalada de langosta, un jugoso filete a la parrilla y una botella de merlot no tiene precio… Además, la factura te da acceso VIP al control de seguridad, evitando así una larga espera. ¿Has estado en la capital de Massachusetts? ¿Nos recomiendas otros lugares para comer en Boston? Y

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El ‘brunch’ Barceló Raval, cita imprescindible los domingos en Barcelona

El Hotel Barceló Raval es un 4 estrellas situado a unos metros de las Ramblas. Original y vanguardista, su estructura exterior es de las más reconocibles en Barcelona. Y su brunch, desde hace años, uno de los más solicitados no solo por clientes alojados, sino por curiosos como nosotros. Diseño moderno, productos de calidad a modo de bufet libre, precio razonable y vistas de infarto. ¿Alguien da más que el brunch Barceló Raval? ¿Qué es el brunch? El brunch es un híbrido entre desayuno (breakfast) y comida (lunch). ¿Dónde tiene lugar el brunch del Hotel Barceló Raval? En el moderno restaurante B-Lounge del Hotel Barceló Raval de Barcelona, en la Rambla del Raval, número 17. ¿Cuándo se celebra el brunch del Hotel Barceló Raval? Cada domingo, de 12 a 16 horas. ¿Cuánto cuesta el brunch del Hotel Barceló Raval? 30 euros por persona (precio 2021). ¿Qué está incluido en el precio? El brunch del Hotel Barceló Raval incluye bufet libre de alimentos fríos, bollería, bebidas calientes y zumos, además de un plato caliente recién cocinado. ¿Qué comer en el brunch más completo de Barcelona? Embutidos, cremas frías y calientes, quesos, tortillas, hummus, ensaladas, verduras a la parrilla, bocadillos salados, fruta, dulces y, a elegir entre dos propuestas de huevos: Benedictine, con salsa bearnesa y jamón dulce, o Florentine, con espinacas. ¿Y qué beber? El precio incluye una bebida con alcohol: copa de cava; cóctel Mimosa, a base de cava y zumo de naranja natural, o Bloody Raval, interpretación del Bloody Mary de toda la vida. ¿Qué le diferencia de otros brunchs? El entorno no puede ser más cool, con DJ en directo, y la oportunidad de disfrutar el cóctel en la planta 11 del hotel, que ofrece unas espectaculares vistas de 360 grados de la Ciudad Condal. ¿Cómo llegar? La parada de metro más cercana es Liceu, a unos diez minutos caminando.

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Cómo ir del aeropuerto de Fiumicino al centro de Roma

Aunque su nombre es Aeropuerto Internacional Leonardo Da Vinci, es popularmente conocido como Fiumicino. Situado a 32 kilómetros de la capital, recibe una media anual de más de 40 millones de pasajeros. Si te preguntas cómo llegar de Fiumicino a Roma, podrás hacerlo en tren, bus o taxi. Autobús directo desde el aeropuerto al centro de Roma Aunque hay varias compañías de autobuses que realizan este trayecto, nosotros probamos Terravision. Es la forma más barata y rápida de ir de Fiumicino a Roma en tan solo 55 minutos y por 7 euros (precio 2021 y comprando el billete de ida y vuelta a bordo). En su web, el precio es de 9 euros ida y vuelta. La parada donde llegarás es la estación Termini, desde donde salen trenes a muchas ciudades de Italia. Los autobuses de Terravision salen con una frecuencia aproximada de 40 minutos. Y se encuentran situados a unos 400 metros caminando hacia la derecha desde la salida principal de Fiumicino. Además, ofrece la posibilidad de combinar el transporte con diferentes tipos de tours por la Ciudad Eterna. En caso de retraso del vuelo, los billetes son válidos para el siguiente horario. No es necesario imprimirlos, pues los aceptan en formato electrónico. Aquí puedes ver todos los horarios de Terravision para llegar de Fiumicino a Roma y viceversa. Leonardo Express, el tren de Fiumicino a Roma Este tren conecta el aeropuerto de Roma con Termini cada 15 minutos, sin paradas intermedias y en un trayecto que dura 31 minutos. El billete cuesta 14 euros por trayecto y se puede adquirir en taquilla, máquinas expendedoras o en la web de Trenitalia. Recuerda que tienen una vigencia de 90 minutos desde la hora indicada y que hay que validarlos antes de subir al tren, a no ser que los hayas adquirido online. Los menores de 12 años no pagan y la gran ventaja de este medio de transporte para ir de Fiumicino a Roma es que su servicio está garantizado incluso en caso de huelga, algo de lo más habitual en Italia. Los trenes salen y llegan de los andenes 24 o 25 de Roma Termini. Y del andén 2 de Fiumicino Estación. Taxi desde Fiumicino a Roma A semejanza de Nueva York, o España desde hace algunos meses, la carrera en taxi de Fiumicino a Roma (cualquier punto) tiene un coste fijo de 48 euros. Al igual que el trayecto inverso, es para un máximo de 4 personas con equipaje no demasiado voluminoso (el equivalente a dos maletas grandes). Por si acaso, pregunta antes de montarte para evitar sorpresas.

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Tren Roma-Florencia, un trayecto cómodo y rápido desde Estación Termini

¿Cómo ir de Roma a Florencia en tren? En el Azzurro Trip visitamos dos de las ciudades italianas más bellas y turísticas, Roma y Florencia. Al no tener carnet de conducir, nuestros viajes siempre están supeditados al transporte público, pero eso no supone ningún impedimento. Los trenes de la compañía Trenitalia que unen estas dos capitales salen desde la Estación Termini con una frecuencia de 60/70 minutos y realizan el recorrido de Roma a Florencia en algo más de hora y media. Los billetes, con un precio desde 41,90 euros por trayecto (precio actualizado en 2021), pueden adquirirse en las taquillas, aunque te recomendamos que utilices las máquinas expendedoras, con opción de elegir idioma para que no haya ninguna duda y posibilidad de pago en efectivo o con tarjeta de crédito, además de evitar largas colas. Los vehículos para viajar de Roma a Florencia en tren son bastante modernos (cuentan con wifi propio) y ofrecen cómodos asientos distribuidos de cuatro en cuatro con su propia mesa, además de servicio de cafetería. Equipaje y comida para tu viaje en tren de Roma a Florencia Respecto al equipaje, no hay límite de peso. Tampoco hay ningún tipo de restricción sobre el consumo de comida o bebida del exterior, así que puedes comprar tus paninis en la estación de tren de Roma para degustarlos a bordo y ahorrar algo de dinero. Ya sabes que las cafeterías de los trenes no destacan por ser baratas. A la Estación Termini se llega en algo menos de una hora desde el aeropuerto de Fiumicino. Si buscas alojamiento en Florencia cerca de la estación de llegada, Santa Maria Novella, echa un vistazo a nuestro apartamento, situado a tan solo unos metros del Duomo. Una opción ideal, a buen precio y con mucho más espacio que un hotel.

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Galway, un paseo por la ciudad más auténtica de Irlanda

Galway, en la costa oeste de Irlanda, es una de las ciudades más acogedoras que visitamos durante nuestro viaje. Y una de las que mayor población joven posee, gracias a las dos universidades ubicadas en ella. Atravesada por los ríos Corrib y Friars, y con cerca de 75.000 habitantes, es perfecta para una escapada de un día o fin de semana. Así como para realizar excursiones desde ella a algunos de los puntos más famosos de las isla, como los Acantilados de Moher. Aquí te damos unas pequeñas pistas para descubrirla. Apunta todo lo que hay que ver en Galway. Qué hacer en Galway 1. The Spanish Arc. Gratuito La primera de nuestra recomendaciones sobre qué ver en Galway. Se trata de un resto de la muralla construida entre 1584 y 1588 para proteger a los barcos atracados en el muelle colindante, ahora conocido como The Spanish Parade. 2. Museo de Galway. Gratuito Con vistas al Arco español, es uno de los puntos más recomendables que ver en Galway para descubrir aspectos de la historia de la ciudad. Expone una colección de casi 1.000 objetos, donados por sus habitantes en los últimos 30 años. Entre ellos, pueden encontrarse auténticas joyas. Como la silla en la que el genial John Ford se sentaba durante sus rodajes, entradas de los primeros conciertos ofrecidos por U2 o una estatua de Pádraic Ó Conaire. Fue uno de los escritores irlandeses más prolíficos, nacido en Galway en 1882. Abre de martes a sábado y desde la segunda planta se contempla una espectacular vista de la costa. 3. Recorrer sus iglesias. Gratuito La catedral católica que ver en Galway es también conocida como Nuestra señora de la Asunción. Por su parte, San Nicolás es la iglesia medieval más grande de Irlanda. Fundada en 1320, está dedicada a San Nicolás de Myra, patrón de los marineros. Es famosa porque en 2002 se celebró en ella la primera boda en el país entre personas de un mismo sexo, aunque posteriormente se prohibió cualquier ceremonia futura de este tipo. 4. Ir de compras por Shop Street. Depende del crédito de tu tarjeta La calle más larga y transitada que ver en Galway es Shop Street, lugar perfecto donde comprar un jersey de lana hecho a mano o alguna típica joya celta. En ella se encuentra el Castillo de Lynch, construido en el siglo XVI y en el que actualmente se ubican las oficinas del Allied Irish Banks. 5. Fotografiarse con Oscar Wilde. Gratuito Una de las fotografías más típicas que hacer en Galway es la que se toma junto a las estatuas de los novelistas Oscar Wilde y el estonio Eduard Vilde. Situadas a la entrada de Shop Street, no se trata del hermano de Wilde, como erróneamente se indica en algunas guías. Una tierna estampa que ver en Galway. 6. Sentarse en alguno de sus verdes parques. Gratuito Como el de Eyre Square, que en 1965 fue renombrado como ‘Parque Kennedy’ en honor al presidente John F. Kennedy. Este visitó la localidad poco antes de su asesinato. Algo muy relajante que hacer en Galway. 7. Beber una pinta de Galway Hooker. 4 euros ¡Una de las mejores cosas que hacer en Galway en cualquier momento! No pensar mal, ya que no se trata de nada relacionado con la prostitución. Sino de una cerveza que hace honor al nombre de una competición de barcos de pesca que se celebra desde hace años. 8. Escuchar música irlandesa en directo. Lo que cueste tu bebida Son bastantes los pubs donde al caer la noche puede disfrutarse de música tradicional irlandesa en directo sin ningún coste aparte de la bebida. Sin duda, una de las actividades más encantadoras que hacer en Galway. ¿Dónde comer en Galway? Lejos de la idea que tenemos de la pobre gastronomía irlandesa, encontrarás varios restaurantes en Galway donde saborear pescados y mariscos de primera. Como las vieiras a la plancha con morcilla de Mc Donagh’s –donde también preparan el fish&chips más sabroso y legendario de la ciudad-. O la ensalada de langosta de la bahía, en The Seafood Bar Kirwan’s. ¿Dónde dormir en Galway? El Harbour Hotel, al lado del puerto, es perfecto para pasar la noche por alrededor de 90 euros la habitación doble. Y con un excelente desayuno incluido en el precio. ¿Conoces esta sorprendente ciudad irlandesa? ¿Nos recomiendas otras cosas que ver en Galway?

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