Turismo gastronómico

¿Langosta o ‘food trucks’? 10 pistas gastronómicas para saborear Boston

Al ser ciudad portuaria, Boston ofrece una gastronomía variada y marinera que puede encontrarse fácilmente en la carta de la mayoría de restaurantes locales. Olvida la idea -muy española- de que en Estados Unidos solo se sirven hamburguesas y fast food y abre mente -y cartera- a nuevos sitios como los que te enseñamos en esta deliciosa entrada. Si no te apetece o no puedes permitírtelo, siempre tendrás a mano McDonald’s, Burger King, KFC o Dunkin Donuts para que, en menos de una semana, tu colesterol alcance niveles insospechados. No digas que no te lo advertimos y toma buena de estos 10 lugares para comer en Boston. 10 lugares imprescindibles para comer en Boston 1. Barking Crab En un ambiente de lo más informal y al aire libre, con largas mesas de madera compartidas con otros comensales y unas maravillosas vistas del puerto se ubica Barking Crab, restaurante especializado en mariscos y pescados frescos. Comer en Boston una langosta de Maine a la parrilla o unas patas de cangrejo de Alaska debería ser obligatorio para cualquier visitante. 2. Myers+Chang Platos vietnamitas, tailandeses, taiwaneses y chinos en este ‘indie diner’ en el que Joanne Chang y su marido, Christopher Myers, cocinan mano a mano auténticas delicias que no superan los 20 dólares por ración. Si puedes, siéntate a la barra de Myers+Chang para disfrutar del espectáculo y refréscate con una soda casera de piña y jengibre o litchi y frambuesa. Si has estado en el neoyorquino Momofuku, encontrarás más de una similitud. 3. Union Oyster House Distinguido como el restaurante más antiguo de Estados Unidos, Union Oyster House sirve comidas desde 1826. Está dividido en varias zonas: barra, oyster bar y restaurante en la planta superior, donde el presidente Kennedy tenía una mesa reservada para comer en Boston cuando quisiera disponer de ella. Aunque la especialidad, como su propio nombre indica, son las ostras, nos aventuramos con un plato variado y unos mejillones que nos dejaron bastante indiferentes… 4. Quincy Market Abierto desde el 26 de agosto de 1826, está compuesto de más de cincuenta restaurantes y puestos de todas las nacionalidades imaginables, el clásico food hall donde comprar comida y buscar después un sitio donde hincarle el diente. Si afuera diluvia, como fue nuestro caso, es una tarea ardua, pero merece la pena intentarlo y probar clam chowder, sopa de almejas típica de las ciudades costeras americanas, y lobster roll, especialidad de algunos condados como Massachussets y Maine, ensalada fría de langosta en un bollo de pan ligeramente dulce. Quincy Market también está formado por varios pubs, una sucursal de ‘Cheers’ y otra de ‘Wagamama’. Ideal para comer en Boston por poco dinero. 5. Hotel Intercontinental El bar RumBa del lujoso Hotel Intercontinental ofrece una pequeña carta de aperitivos, ensaladas y sándwiches. Su lista de licores, en especial, rones y whiskies, es apabullante. Perfecto para una parada rápida -salmón y cóctel- antes de seguir devorando Boston. 6. Shake Shack Desde que las probamos en Nueva York hace ya unos cuantos años, no hemos encontrado otras hamburguesas en Estados Unidos que nos hayan gustado más que las de Shake Shack. Ternera Angus 100% natural (sin antibióticos ni hormonas), productos frescos y una salsa que enamora. Además, las patatas fritas no son congeladas, sino cortadas a mano diariamente. Hay varias sucursales para comer en Boston: una en Seaport Blvd, Washington St y Newbury Street. 7. Whole Food Market La comida orgánica está de moda en Estados Unidos y Whole Food Market es la primera gran cadena que sólo vende este tipo de productos. A pesar de que el precio es bastante más elevado que un supermercado tradicional, merece la pena para un desayuno o almuerzo informal, ya que la mayoría de ellos dispone de una zona con mesas (además de wifi y lavabos para los clientes). Los más grandes cuentan con un amplio take away donde comprar bocados bastante sanos, desde sopas, ensaladas o sushi, a pollos y carnes asadas, pasando por sándwiches preparados al momento con los ingredientes que uno elija, eso sí, siempre orgánicos y que cumplan los requisitos de la compañía. Si no te lo crees, echa un vistazo al listado de ingredientes inaceptables para sus alimentos. 8. Food trucks El descubrimiento del viaje para comer en Boston han sido las camionetas que encuentras a cada paso por Estados Unidos. La hora del almuerzo y las zonas de oficinas son perfectas para estos negocios que, desgraciadamente, tantas trabas están encontrando para instaurarse en nuestro país. En el mercado de SOWA, que se celebra cada domingo de 11 de la mañana a 4 de la tarde, han habilitado un área especial para que los vehículos aparquen sin problemas y los platos que ofrecen puedan saborearse en un improvisado comedor al aire libre (y al sol). Pizzas, tacos, grilled cheese sandwiches y algunas opciones vegetarianas, entre las más demandadas. 9. L Street Tavern Si eres tan cinéfilo como nosotros, merecerá la pena un paseo hasta esta taberna de South Boston donde se rodaron algunas escenas de ‘Good Will Hunting’, película que supuso el salto a la fama del bostoniano Matt Damon y su inseparable amigo, Ben Affleck. Aunque no se trata de un restaurante, consideramos que la cerveza -aunque sea americana- debe tener un lugar destacado en la gastronomía. 10. Aeropuerto de Logan A veces, uno se lleva sorpresas para comer en Boston cuando menos lo espera. Acostumbrados a la desastrosa oferta gastronómica de los aeropuertos españoles, Vineyard Grill fue la mejor manera de despedir la ciudad cuando ya pensábamos que deberíamos rendirnos al odioso fast food. Situado en la terminal E, justo antes del control de seguridad, ofrece una carta con pescados, mariscos, hamburguesas, sándwiches y ensaladas, además de 15 variedades de cerveza local y un buen puñado de vinos. Decir adiós a esta maravillosa ciudad con una ensalada de langosta, un jugoso filete a la parrilla y una botella de merlot no tiene precio… Además, la factura te da acceso VIP al control de seguridad, evitando así una larga espera. ¿Has estado en la capital de Massachusetts? ¿Nos recomiendas otros lugares para comer en Boston? Y

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‘Elephant & Castle’, las mejores alitas de pollo en Temple Bar, Dublín

No recuerdo dónde leí que en Elephant and Castle preparaban unas alitas de pollo memorables, pero lo creí a pie juntillas y allí me planté en mi primera visita a Dublín hace ya unos cuantos años. Entonces viajaba sola y me llevé las que sobraron, ya que la ración era generosa y me negaba a desperdiciarlas. Regresar con Jota a lugares que he visitado antes supone la ventaja de ir ‘a tiro hecho’. Y, también, saber con seguridad que no va a quedar nada en el plato. Aquí tenéis las spicy chicken wings in a basket, estrella indiscutible de Elephant and Castle, que sirven con una tira de apio fresco y salsa muy picante que te hará chuparte los dedos. Tienen buena pinta, ¿verdad? También compartimos un par de platos más: crisp calamari salad with miso vinaigrette, ensalada tibia de calamares crujientes con vinagreta de miso. Maryland crabcakes with ruby slaw and smoked spicy mayonnaise, pastelitos de cangrejo rebozados acompañados de lombarda y mayonesa picante, suaves y deliciosos. La oferta de vinos en Elephant and Castle, como en todo el país, se reduce a australianos, chilenos, sudafricanos, franceses o italianos. Nos decantamos por este de las Antípodas de uva shiraz. Su hermana francesa, syrah, proviene de las zonas frías del país, mientras que esta lo hace de las cálidas. Como es costumbre en nosotros regresamos otra noche a Elephant and Castle para engullir más alitas de pollo y probar un par de hamburguesas caseras que pintaban estupendas. Estaban buenas de verdad. En esta ocasión nos dejamos acompañar por un recio vecino galo. El restaurante se encuentra en el número 18 de Temple Bar Street, con una inconfundible fachada de azulejos blancos. Elephant &Castle cuenta con varias sucursales en Dublín, además de la Temple Bar, en Rathmines, Monkstown, The Beacon, The Mayson (North Wall Quay), Churchtown, Blanchardstown Shopping Centre y Bray (located in MC’s & Harvey’s). También puedes encontrarlos en Cork.

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‘Brasserie la Roue D’or’, gastronomía belga en el centro de Bruselas

En pleno corazón turístico de Bruselas, a escasos metros de la Grand Place, se encuentra Brasserie la Roue D’or. Fue una de nuestras paradas durante el blogtrip Destino Bélgica. Está elegantemente decorada en madera y con murales que homenajean al pintor surrealista Magritte, cuyo museo puede visitarse en la ciudad. Es más que recomendable para hacer un alto en el camino y disfrutar de la mejor gastronomía belga por unos 25 euros/persona. La extensa carta de Brasserie la Roue D’or, además de los imprescindibles mejillones, ofrece caracoles, fondue de queso o salchichas de Lyon con lentejas. Y otras llamativas delicias como bacalao en costra de mostaza y perejil, estofado de conejo al estragón o anguila en salsa verde. Croquetas de camembert a la miel Hamburguesa, 200 gramos de excelente ternera que se sirve en su jugo, sin pan ni salsas, coronada con un huevo frito. Albóndigas de Lieja, de carne mixta. Aderezadas con el típico sirope de la misma localidad, melaza que se obtiene de la cocción del zumo de manzanas y peras. Atún rojo ‘mi cuit’ con especias Dispone de una gran variedad de postres, con especialidad en tartas caseras, aunque nos decantamos por opciones más frescas y ligeras para continuar nuestra visita por Bruselas. Brasserie la Roue D’or se encuentra en el número 26 de la Rue des Chapeliers.

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Un paseo entre viñedos por Sonoma y Napa Valley, zona vinícola de California

Una de las visitas que os proponemos si estáis por las cercanías de San Francisco, Sacramento o Yosemite son los famosos viñedos de Napa Valley y Sonoma. Si, además, lo hacéis en la furgoneta con guía que proporciona el equipo de Green Dream Tours, la experiencia será inolvidable. Por dos cuestiones fundamentales: conocen el terreno y se encargan de conducir. Con esta recomendación, queremos evitar que os pongáis al volante si lo que realmente os apetece es catar vino californiano. El Condado de Sonoma está a menos de una hora del imponente Golden Gate. Y alberga más de 400 bodegas entre bosques de robles, apartados ríos y cuidadas granjas que trasladan al viajero a escenas sacadas de aquellas películas del Lejano Oeste. Casi pegando se encuentra Napa Valley, otra comarca con unas condiciones climatológicas únicas que influyen en la producción de las mejores añadas de Estados Unidos. Y también en la llegada anual de casi 5 millones de turistas. Esta cultura vinícola se remonta a la época de los primeros colonos españoles. Aunque el actual esplendor tuvo como enemigos a la Ley Seca que prohibía el consumo de alcohol y a la filoxera. También, una larva que diezmó la práctica totalidad de estas tierras en los años ochenta. Hoy en día entre sus uvas destacan variedades de gewurztraminer, chardonnay, sauvignon, merlot, pinot y zinfadel. Siendo esta última la más autóctona de las cepas californianas. En Sonoma, Napa Valley y Carneros no solo se concentra la historia de un territorio único. También una filosofía basada en el compromiso por mantener el suelo fértil a través de una agricultura sostenible. Métodos naturales en lugar de nocivos insecticidas. Combinación de importantes avances tecnológicos con el ritmo de la naturaleza. Riegos optimizados. Poda en caña. Y recogida en pequeños lotes con el objetivo de aunar vista, olfato y paladar hacia sensaciones memorables a través de una simple copa de vino. Larson Family Winery Nuestra primera parada fue en Larson Family Winery. Esta bodega, en 1823, era un bullicioso embarcadero, importante centro de rodeo en 1929 y el lugar donde el abuelo Bob plantó las primeras vides de chardonnay allá por 1977. En la actualidad, la quinta generación de esta saga produce unos fantásticos vinos en una extensión de 400 hectáreas. Competitivos blancos, apreciados tintos, sorprendentes espumosos y curiosos rosados. Si te apetece, puedes incluso llevar tu propio pícnic. Nicholson Ranch Continuamos viaje hasta Nicholson Ranch, cuyos suelos albergan cuatro de las mejores uvas de California: chardonnay, pinot noir, merlot y syrah. El complejo se compone de varios espacios donde destaca su impresionante terraza. También, un patio de reminiscencias hispanas y un pintoresco estanque. Su bodega de flujo gravitacional es una referencia tecnológica que les ha permitido ganar importantes premios en los últimos años. Jamieson Ranch Vineyards Cerramos esta maravillosa ruta por Napa Valley y Sonoma en Jamieson Ranch Vineyards. El lugar ideal para producir el prestigioso «Double Lariat Cabernet», extraído en sus 300 acres de laderas limítrofes con Napa Valley y la bahía de San Pablo. Las instalaciones son propiedad de Ken Laird, el mayor terrateniente de viñedos en todo el condado. La visita con degustación incluye también un recorrido por la zona de fermentación, sala de barricas y el hangar de embotellado. Merece la pena destacar que entre la segunda y tercera bodega hicimos una parada técnica para comer en Five Dot Tranch, un establecimiento ubicado en Oxbow Market y especializado en suculentas carnes. Como curiosidad, cabe reseñar que el cliente elige el producto desde la propia carnicería pegada a la barra que gestiona la familia Swickard desde 1858. La marca es una de las más importantes de la zona en la crianza de ganado angus, ya que aplican un programa personalizado de alimentación para cada res.

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Qué comer en Hawái: 14 imprescindibles, además del famoso poke

Tan lejana como fascinante, Hawái llama la atención de cualquier amante de los viajes. Una de las preguntas que seguro te planteas antes de comprar tus billetes de avión es ¿qué comer en Hawái? Nosotros tuvimos la suerte de disfrutarla durante 10 días y esto es lo que te recomendamos que pruebes sin falta. Comida hawaiana 1. Poke hawaiano Hace unos años era un perfecto desconocido y hoy, si no has probado el poke hawaiano, no tienes conversación entre los ‘foodies’ de moda. Esta ensalada de pescado crudo es una opción sana, ligera y colorida para comer en Hawái por poco dinero. Ya sea en restaurantes, food trucks o supermercados (en forma de poke bars para comprar a granel), existe una amplia variedad dependiendo del pescado o marisco elegidos. ¿En qué consiste el poke hawaiano? Salmón, atún rojo, dorada, caballa, mejillones, gambas, langosta, pulpo, calamar, almejas, ostras, vieiras… La proteína se marina con sal, salsa de soja, aceite de sésamo, algas, guindilla e inamona, especie de nuez asada. Y, para rematar, se añaden diferentes verduras (cebolla morada, pepino, tomate en dados…), frutos secos (cacahuetes, almendras, pistachos…), hierbas (cebollino, cilantro, shisho, albahaca…), semillas de sésamo o, incluso, fruta: aguacate, mango, lichis, dados de sandía… Aunque puedes comerlo tal cual, es habitual encontrar los denominados ‘poke bowls’, con una base de arroz cocido o mezcla de lechugas. Una auténtica delicia para comer en Hawái como un verdadero local. 2. Loco Moco Su nombre nos provoca la risa floja y no es para menos… Esta locura que comer en Hawái es un especie de plato combinado compuesto por una hamburguesa de buen tamaño, arroz blanco hervido, huevo frito, gravy y mac and cheese, una de las ‘marranadas’ americanas por excelencia en forma de pequeños macarrones con queso. La carne puede sustituirse por jamón, ternera, pollo o gambas. Una opción bastante calórica -y muy sabrosa- que te aportará la energía suficiente para ir como una moto el resto del día. 3. Gambas picantes al ajillo con mantequilla Sí, las famosas gambas de Kamekona en ‘Hawái 5.0’ existen y son muy apreciadas en la isla de Oahu. Sobre todo, en la zona de North Shore, donde abundan las camionetas de comida especializadas en este manjar marino también conocido como Hawaiian style garlic shrimps. Pide una ración, acompáñala de una cerveza bien fría y siéntate a una de las mesas al aire libre desde donde contemplar la puesta de sol o decenas de surferos en busca de la mejor ola. 4. Shave Ice Nunca algo tan simple como un helado pudo resultar tan rentable. En realidad, el Shave Ice es hielo picado al que se le añaden siropes de colores y diferentes toppings para obtener un atractivo cucurucho o tarrina de diferentes tamaños. Los sabores son infinitos: vainilla, cereza, coco, té verde, mango, yuzu, papaya, chicle… Uno de los más concurridos se encuentra en Haleiwa, donde Matsumoto’s Shave Ice ha conseguido que diariamente se formen largas colas para probar sus creaciones. 5. Tacos de pescado Pescado blanco frito en tempura y acompañado de mayonesa de chipotle, guacamole, cilantro y cebolla morada… Nos relamemos cada vez que nos acordamos de los tacos de pescado que puedes comer en Hawái. Mucho más ligeros que los de carne, los tacos de pescado son un must que no puedes perderte si quieres chuparte los dedos. 6. Comida vietnamita en Chinatown El barrio chino de Honolulu está lleno de encanto, con pequeñas tiendas y supermercados donde comprar productos orientales frescos y envasados. Además de un puñado de barras (en un mercado sin aire acondicionado, eso sí) con especialidades chinas, tailandesas o filipinas, hay varios restaurantes vietnamitas donde comer en Hawái por menos de 15 euros/persona. Unas cuantas sopas, rollitos de gambas, cerdo o pollo, y sabrosísimos bocadillos bánh mì son algunas de las opciones que no debes dejar de probar. 7. Dumplings para desayunar Sí, has leído bien, para desayunar. Ya sabes que los americanos comienzan el día de manera ‘fuerte’, por decirlo de alguna manera. Así que ve hacia las 11:30 o 12:00 y haz de este desayuno tu comida. Varias camareras pasean sus carritos entre mesas repletas de clientes con decenas de variedades de dumplings recién preparados, así como otras delicias asiáticas saladas y dulces. 8. Kalua Pork Un imu es un horno de tierra donde se cocinan los alimentos después de enterrarlos y cubrirlos con rocas volcánicas y trozos de madera a los que se prende fuego. Durante el luau, fiesta hawaiana donde se canta, baila y come, es tradición asar un cerdo durante 2 o 3 horas, obteniendo una carne increíblemente jugosa y tierna. Uno de los mejores restaurantes de Honolulu donde probar el ‘cerdo kalua’ es Helena’s Hawaiian Food. En este sencillo local se sirve acompañado de otros platillos igualmente deliciosos, como ‘calamar luau’ o unas adictivas costillas de cerdo al horno. 9. Malasadas Sí, en plural, porque cuando pruebes una no tendrás suficiente. Esta especie de donut, originario de la cocina portuguesa, se rellena de chocolate, mermelada o diferentes cremas, y se come recién sacado del horno, caliente y tierno como el primer beso. 10. Tortitas en ‘Wailana Coffee House’ (Honolulu) Abre las 24 horas del día para comer en Hawái y es uno de esos lugares tan rancios que rezuma encanto, con suelos de moqueta y camareras hawaianas que no dan a basto. Su amplia carta es apta para todos los gustos: hamburguesas, sándwiches, bufet de ensaladas, sopas, platos combinados… Nosotros te recomendamos que vayas a desayunar (con hambre) y te dejes seducir por alguna de sus enormes tortillas o su Hawaiian style breakfast, con huevos al gusto, banana a la plancha y corned beef hash. ¡Ah! Y no te pierdas la especialidad de la casa: esponjosas tortitas. Si el bueno de Lou las recomienda, será por algo… 11. Piña Dole Seguro que has visto su logo cientos de veces, pero no te imaginabas que estas famosas piñas crecen en Hawái, concretamente, en Oahu. La plantación puede visitarse y es una de las atracciones más típicas entre el turismo

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‘Trattoria Coco Lezzone’, el encanto de una taberna en el centro de Florencia

En nuestra primera noche en esta ciudad, nos plantamos en uno de los restaurantes en Florencia con más encanto. Coco Lezzone es una auténtica taberna toscana, en pleno centro de la ciudad y a escasos metros del apartamento en el que nos alojamos. Coco Lezzone no tiene nada que ver con los restaurantes italianos que abundan en nuestro país. Se trata de una casa de comidas con mesas corridas y manteles de cuadros. Y, si tienes suerte, puedes cenar codo con codo junto a Anthony Hopkins, Giorgio Armani o alguno de los famosos que han visitado el local y cuyas fotos decoran sus paredes. Negocia familiar con varias generaciones a sus espaldas Este es el negocio familiar de los Paoli, -en el que la abuela se encarga de la caja, el hijo de los pedidos, la nuera de la cocina y el nieto de sentar a los comensales-. Ofrece una amplia carta repleta de bocados tradicionales de Florencia difíciles de entender si no conoces el idioma. Nosotros pedimos ayuda y preguntamos por los más populares. Estos fueron los que nos aconsejaron y que nos encantaron de principio a fin: Zuppe tipeche Fiorentini, una especie de puré a base de judías, tomate, pan y acelgas, realmente delicioso. Crocchette di filetto, lo que vienen a ser unas albóndigas gigantes de ternera y albahaca. Tiernas, jugosas y acompañadas por una espectacular salsa de tomate. Como veis, esta es habitual en cada plato, aunque su sabor varía dependiendo de la especias que le añadan. Ossobuco a la fiorentina, caña de ternera cocinada con mantequilla, aceite de oliva y vino blanco. Después se le añade salsa de tomate con una mezcla de perejil finamente picado, ajo y ralladura de limón. Otra delicia para el paladar. Terminamos con un trío de quesos italianos, pecorino senese, parmigiano y stracchino. Un pequeño capricho para poner el broche de oro a una cena que nos enamoró para siempre de una gastronomía local alejada de la pasta y la pizza. Y a la que resulta complicado acceder en España. Para beber ofrecen un puñado de vinos de la zona y uno de la casa, tinto Fiaschetto. A pesar de que nos lo habían recomendado desde España no nos atrevimos con el plato estrella, bistecca alla Fiorentina, que hay que encargar con antelación y, como bien se indica en la carta, solo se sirve al sangue, y ya sabéis que no somos amigos de la carne casi cruda… Coco Lezzone está situado en el número 26 de la Via del Parioncino. No acepta tarjetas de crédito ni sirve café, aunque puede pagarse con moneda extranjera. ¿Conoces otros restaurantes en Florencia que nos recomiendes? Estamos deseando leer tus comentarios.

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Dónde comer en Edimburgo: 12 pistas gastronómicas

Si hay algo que nos gusta hacer cuando salimos de viaje es disfrutar de la gastronomía local, algo tan importante para nosotros como visitar museos y monumentos. Escocia no iba a ser menos y durante el tiempo que pasamos en su capital pudimos llenar el buche en unos cuantos restaurantes y pubs que os mostramos a continuación. Desde Estrellas Michelin a comida callejera, comer en Edimburgo más allá del haggis y el fish&chips es posible. ¿Dónde comer en Edimburgo? 1. Martin Wishart Restaurant Es uno de los restaurantes más reputados del Reino Unido por motivos más que evidentes. Galardonado con una Estrella Michelin desde 2001, Martin Wishart nos dio aún más de lo que esperábamos. Pedimos el menú degustación de seis platos que, por 95 libras (precio 2020). Menú degustación en Martin Wishart Incluía algunas pequeñas joyas como crab and langoustine, a base de cangrejo y cigala, con calabacín, aguacate y judías verdes; Orkney scallop, con vieira de las Islas Orcadas, apio, guanciale y dashi, o ravioli of squab pigeon, un delicado ravioli de carne de paloma de apenas tres semanas de vida, con consomé, zanahoria y rábano. Un sitio único para comer en Edimburgo, en el barrio de Leith, al que regresar con los ojos cerrados. 2. Number One Ubicado en uno de los hoteles más lujosos de Edimburgo, el Balmoral, fue el lugar elegido para celebrar mi cumpleaños número 41. Number One ofrece varios menús degustaciónde siete platos, con opción de maridaje o bebidas sin alcohol. Elegimosde el de 110 libras, junto a una botella de Burdeos y la experiencia fue realmente mágica. Es uno de los restaurantes para comer en Edimburgo más exclusivos y resulta perfecto para celebrar una ocasión especial. 3. World’s End En el número 2 de High Street, en pleno centro de la ciudad, World’s End es uno de los mejores lugares para comer en Edimburgo por poco dinero. Nosotros pedimos un crujiente fish and chips, con haddock -o eglefino- capturado diariamente y que proviene del puerto de Peterhead. Y haggis, que se presenta como si de un pastel al horno se tratara y se sirve con una deliciosa salsa de whisky. Para beber, nada mejor que un par de Inns&Guns de barril (no es tan fácil de encontrar en Escocia). En su carta también ofrecen sopa del día, ensaladas, hamburguesas y otros clásicos de la cocina local, como steak and ale pie o black pudding. 4. Oink En pleno Grassmarket, en Victoria, 4, este pequeño local acababa de abrir sus puertas cuando lo conocimos y ya se hacían largas colas para probar su sencilla y acertada propuesta: bocadillos de carne de cerdo asada. Bocadillo ‘do it yourself’ para comer en Edimburgo El Hog Roast se sirve en un bollo de pan blanco o negro, con elección de cebolla y salvia o haggis casero. Para finalizar, la salsa: de manzana, mayonesa de mostaza, barbacoa, queso picante o mermelada picante. Hay tres tamaños: The Piglet (80 gramos de carne), por 3.95 libras; The Oink (160 gramos de carne), por 5.40 libras, y The Grunter (250 gramos de carne), por 6.80. Oink es un must para comer por poco dinero en Edimburgo que ya cuenta con tres sucursales: Victoria, Canongate y Hanover Street. 5. Edinburg Food Festival Nuestra buena amiga Pat, de Mad About Travel, nos chivó que se celebraba el Edinburg Food Festival en agosto, coincidiendo con nuestra visita a Escocia. Para suerte, el día amaneció soleado y allí nos plantamos para recorrer los numerosos food trucks que se instalan para la ocasión con opciones de todo tipo: desde gyozas a lobster roll, pasando por pizzas, hamburguesas o deliciosos y esponjosos baos. Para beber, cerveza artesana, vino y cómo no, whisky, mucho whisky. Hay un montón de espacio para sentarse a mesas compartidas, así como césped artificial para que, si viajas con niños, campen a sus anchas. 6. The White Hart y su delicioso haggis en salsa de whisky The White Hart presume de ser el pub más antiguo de Edimburgo desde 1740. Y, además de cervezas de barril de todo tipo, su carta está llena de platos muy apetecibles y a un precio apto para cualquier bolsillo. A partir de las ocho de la tarde programa música en directo y suele estar abarrotado. Ojo, porque la cocina cierra a esa hora, así que si eres de los que, como nosotros, cena tarde, mejor acércate a la hora de la comida. 7. The Mussel and Steak Bar También en Grassmarket, una de las mejores zonas para salir de marcha en Edimburgo y, como su propio nombre indica, The Mussel and Steak Bar está especializado en mejillones y filetes. Nosotros, además de estos moluscos en una salsa de beicon, whisky y crema, nos animamos con zamburiñas y ostras de las Islas Shetland, con vinagreta de chalota y vino tinto, limón, wasabi y tabasco. 8. Whisky Rooms Si te gusta el whisky, tu sitio está sin duda en uno de los mejores restaurantes de la parte antigua de Edimburgo. Además de catas y una amplia selección de este licor típicamente escocés, Whisky Rooms dispone de una exquisita carta con platos más que elaborados. Aunque no es barato, merece la pena por la calidad de los ingredientes utilizados y su cálida decoración, que te hará sentir como en casa. 9. The Rabbit Hole Lo encontramos por casualidad durante un paseo por la zona donde nos alojamos y tuvimos la suerte de comer más tarde de las tres, algo poco usual en Escocia. The Rabbit Hole ofrece dos menús del día: dos platos, por 13 libras, y tres platos, por 16 libras. Pedimos, además, un rosado francés a un precio más que interesante. Huevos escoceses para comer en Edimburgo Nos llamó la atención uno de los entrantes: huevos escoceses. La receta original de esta especialidad, que no tiene su origen en Escocia a pesar de lo que se crea, es un huevo duro recubierto de una mezcla de salchichas picadas, pan rallado y frito después. Dice Wikipedia que fue inventado en 1738, en la tienda londinense Fortnum & Mason. Más que recomendable para comer en Edimburgo. 10.

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Basque Culinary Center, visita a las instalaciones e interesante menú

Gracias a Astrid, la grandísima autora de Mi blog de pinxtos, tuvimos la suerte de disfrutar de una comida para el recuerdo en el restaurante del Basque Culinary Center, en una de mis ciudades favoritas, la bella Donosti, coincidiendo con la celebración de San Sebastian Gastronomika. Por 35 euros pudimos, además, visitar las instalaciones en compañía de José Luis Galiana, director de Comunicación del BCC, que nos explicó los entresijos de este centro culinario de cinco plantas que aspira a convertirse en una de las escuelas de gastronomía más importantes del mundo. Aptitudes tiene, desde luego. Las instalaciones más modernas para los cocineros del futuro En este recorrido, que os recomendamos encarecidamente, pudimos contemplar unas funcionales instalaciones diseñadas exclusivamente para el aprendizaje y práctica de sus alumnos y en las que se ha cuidado al milímetro cada detalle. Cocinas con electrodomésticos de última generación, salas donde la temperatura varía dependiendo del alimento que se cocine en ellas: carne, pescado, pan… Hasta un envidiable espacio para fotografiar platos recién salidos de los fogones. ¿En qué consiste el menú del restaurante del Basque Culinary Center? Uno de los rincones que nos resultó más atractivo fue el restaurante, en el que nos ofrecieron un más que interesante menú a los visitantes con motivo de San Sebastian Gastronomika. Luminoso, diáfano y minimalista, con grandes cristaleras a los bucólicos espacios verdes que rodean el centro, resulta ideal (aunque deben vigilar la altura de las lámparas, ya que los camareros-estudiantes se llevaron más de un buen golpe con ellas). A continuación os mostramos el menú que degustamos y juzgad vosotros mismos qué os parece por ese precio. Ya sólo con ver el aspecto de la cesta de pan os podéis hacer una idea de lo que vais a ver. Aperitivo de chupito de crema de calabaza Jamón y lomo ibérico COVAP Ostras al natural (cinco por comensal) Pizza de hongos boletus edulis y lascas de queso Idiazábal, uno de los platos que más nos gustó por su originalidad y exquisito sabor. Ensalada de foie y jamón de pato Martiko Porrusalda ahumada con taco de bacalao Giraldo confitado, un pelín sosa según la opinión general. Merluza en salsa verde con almejas Carrilleras de cerdo ibérico COVAP guisadas con parmentier y pipas de girasol Degustación de quesos Y tres postres: creme de vainilla caramelizada; jugo de frutos rojos con helado de yogur, y sable bretón cremoso de chocolate. Tranquilos, que ya se ha terminado la comida. Para beber pudimos elegir entre blanco Raimat, rosado Campo Viejo, tinto La Vicalanda Reserva, cava Codorníu, cerveza Cruzcampo Gran reserva y sidra Euskal Herriko Gorenak. Ahí donde los veis, estos platos están elaborados por alumnos del centro, que tan solo llevaban ¡3 semanas en el curso! ¿Alguien da más por ese precio?

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Toulouse, la Ciudad Rosa y una de las joyas gastronómicas de Francia

Después de más de dos décadas sin pisar territorio francés, hemos visitado a nuestros vecinos galos en tres ocasiones a lo largo del pasado curso. Burdeos, hace unos meses, París, a final de año, y Toulouse en otoño. Esta urbe bañada por el río Garona es el destino perfecto para exprimir unos días entre coquetas calles, importantes monumentos y una variada oferta gastronómica. A continuación, os contamos qué ver en Toulouse. Una guía de lujo para conocer Toulouse Antes de ponernos en marcha decidimos pasarnos por la Oficina de Turismo situada en Donjon du Capitole, dentro de un edificio histórico que merece la pena conocer. Allí tuvimos la inmensa suerte de encontrarnos con Elena Bourdaries. Esta guía local, en perfecto castellano, no dudo en mostrarnos lo mejor que ver en Toulouse. En un paseo de casi tres horas por el centro histórico de la capital occitana. Qué ver en Toulouse Es conocida como la «Ciudad Rosa» por la predominancia de ese color en un buen número de edificios. Y ofrece al viajero un marco arquitectónico incomparable donde destacan las fachadas de estilo Haussmann que se pusieron de moda en París a lo largo del siglo XIX. Seis pisos, grandes balcones, planta baja dedicada al comercio, profusión de elementos ornamentales y ventanas abuhardilladas en los tejados. Entre las variadas plazas que ver en Toulouse nos llamó la atención la dedicada a Wilson, vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos. Por dos motivos: el centenario tiovivo que hay en ella, todavía en funcionamiento. Y por ser centro de reunión de los republicanos españoles en el exilio. Si a estas dos curiosidades le añadimos su forma de balón de rugby, ya tenemos una parada obligatoria que hacer en Toulouse. Objetivo: ser Patrimonio de la Humanidad La ciudad gala trabaja para convertirse dentro de poco en Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Gracias al sinfín de iglesias, palacios, conventos y monasterios que ver en Tolulouse. Y que dan fe de su herencia monumental a través de los siglos. Saint Sernín (en la imagen), Notre Dame du Taur, Saint Aubín, el conjunto de Los Jacobinos, la majestuosidad del Capitole, el claustro de Saint Pierre des Chartreux, la Catedral de San Esteban… Universidad de Toulouse La Universidad de Toulouse, una de las más importantes de Francia, fue fundada en 1229. Y de sus aulas han salido importantes humanistas como Rabelais, Servet, Etienne Dolet o Montaigne. En la actualidad, congrega a cerca de 90.000 estudiantes que se reparten en cinco departamentos. También, seis instituciones educativas, dos facultades y otras tantas escuelas de postgrado de prestigio internacional. Perfectas para cultivar la mente y también las relaciones sociales con tanto «erasmus» suelto. Capitolio El edificio del Capitolio es la sede del ayuntamiento. Su construcción se remonta al siglo XII y se erigió en honor a Júpiter. Todavía conserva la antigua mazmorra y las ocho columnas en honor a sus primeros cónsules. En su interior se puede visitar un bello patio o subir la majestuosa escalera. Y, si te animas, adentrarse en el salón de plenos u observar escenas típicas que ver en Toulouse a través de sus inmensos murales y cuadros de la belle epoque. Jean Jaurès es uno de los personajes más importantes de Toulouse. Nació en el cercano pueblo de Castres allá por 1859. Fue profesor de Filosofía, fundador del periódico L’Humanité y convencido socialista desde muy joven. Murió asesinado en 1914 por un ultranacionalista. Este hecho le sirvió a León Trotsky para decir de él que «un atleta de la idea que cayó en la arena combatiendo el más terrible azote de la humanidad: la guerra». Enfrente del Capitolio se pueden observar los interesantes murales que dibujó el artista Raymond Moretti en el techo de los soportales. Esta galería al aire libre que ver en Toulouse contiene todo tipo de símbolos vinculados a su historia. Como la resistencia a la invasión nazi o la contienda civil española. Y rugby, música, aeronáutica, los visigodos e, incluso, cantantes de tango como Carlos Gardel. Muchos piensan que es argentino cuando es oriundo de este lugar. Una ciudad en torno a un río, el Garona El río Garona a su paso por la villa ofrece una de las estampas más bellas que ver en Toulouse. Un ejemplo de ello es el Pont Neuf, que conecta la barriada de Saint Cyprien con el centro. O las vías fluviales del Canal del Midi, una colosal obra de ingeniería para unir el Mediterráneo con el Atlántico. Permite navegar de manera reposada, sin sobresaltos ni mareos, disfrutando del paisaje y, a ser posible, de los vinos y quesos de la tierra. Otro de los reclamos que ver en Toulouse son sus patios. Muchos de carácter privado, fueron patrimonio de la nobleza primero. Y de la alta burguesía, después. Algunos se pueden visitar, como el de la imagen. O los de Brucelles, Dumay, du Vieux y Bemberg, estos dos últimos dentro de los museos del mismo nombre. Traspasar sus puertas para admirar los diferentes estilos de construcción da una idea de la vida cotidiana en comunidad que practicaban sus antiguos moradores. Cuando, en 1943, Francia sucumbe al avance de las tropas nazis durante la Segunda Guerra Mundial el país queda partido en dos. El norte, bajo influencia alemana. Y el sur, controlado por el Gobierno de Vichy. En Toulouse se llegan a organizar hasta diez grupos de resistencia. Serían fundamentales para consolidar la deseada liberación con el General de Gaulle al frente y los conocidos apoyos aliados por tierra, mar y aire. Puy, Tours o Limoges son tres de los caminos franceses que llevan a Santiago de Compostela. El cuarto se denomina Vía Tolosana o Arletanensis. Y pasa por Toulouse, cuya influencia jacobea es notable en muchos edificios. Esta ruta, una de las más antiguas, parte de Arlés y atraviesa los Pirineos por Somport. Dicen que era la más utilizada en la Edad Media por los peregrinos procedentes de Italia o por los que hacían el trayecto inverso hacia Roma. Desde que pisamos Toulouse teníamos ganas de comprobar el ambiente que se vive en un campo de rugby. Nunca imaginamos que disfrutaríamos

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5 pistas gastronómicas para comer en la ciudad de Burdeos

¿Tienes pensada una escapada a la capital gastronómica de Francia? Toma buena nota de estos restaurantes para comer en Burdeos. 1. La Tupina Este encantador restaurante en Burdeos está situado en la Rue Porte de la Monnaie. Abierto en 1968, La Tupina dispone de varios espacios perfectamente diferenciados. Es un pequeño hotel de cinco habitaciones, café, brasería, tienda delicatessen, bistró de inspiración cretense y restaurante tradicional de comida francesa. Probamos el último de ellos, que ofrece varios menús entre 18 y 64 euros. Nada más entrar, un impresionante fuego donde se cocinan algunos de los platos de su carta, y productos de primerísima calidad expuestos como si de un puesto del mercado se tratase, dan la bienvenida al cliente. Nos decidimos por el menú de 39, con varias propuestas galas más que apetecibles y que incluía tres copas de vino, además de postre. Algunas joyas inalcanzables para el común de los mortales, como un Petrus de 1963, se exhiben en su vinoteca sin ningún tipo de pudor, aunque, eso sí, bajo candado. 2. Le Bistrot du Gabriel El local más económico de Le Gabriel, Estrella Michelin en plena Place de la Bourse, nos dejó un poco fríos con su menú nocturno de 39 euros. Quizás deberíamos habernos dejado seducir por su carta… Aun así, Le Bistrot du Gabriel propone platos elaborados con buena materia prima y un servicio de lo más atento. Si podéis, pedid una de las mesas de la cristalera para disfrutar de las vistas. 3. Miles Dos parejas de jóvenes cocineros provenientes de cuatro dispares rincones del globo terráqueo se conocieron en la escuela Gregoire Ferrandi, de la capital de Francia. Tras ejercer sus prácticas por separado en diferentes locales decidieron abrir su propio restaurante en Burdeos, consiguiendo en poco tiempo ser uno de los favoritos de público y crítica. En su pequeña cocina vista se las apañan de maravilla para medir los tiempos de sus diferentes menús: de 24 y 29 euros, a la hora del almuerzo, y de 43 para el turno de cenas. Producto, técnica y buen hacer, apuesta ganadora para comer en Burdeos que te hace salir de Miles con una gran sonrisa y ganas de regresar. 4. Brunch en el Museo de Arte Contemporáneo El Café André Putman del Museo de Arte Contemporáneo de Burdeos ofrece un brunch sábados y domingos por 30 euros. En dos servicios, de 12/12:30 y de 13/13:30, es posible comer todo lo que el cuerpo aguante. Ensaladas, zumos, quesos, bollería y platos calientes, además de una copa de champán, café e infusiones. Recomendable para un encuentro informal y poco más. 5. Mercado des Capucines Mariscadas a precio razonable, ostras y platos preparados. Además de bollería y panadería francesa recién elaborada, quesos, embutidos, así como varios restaurantes para comer en Burdeos, componen la oferta del mercado más grande de la ciudad. En des Capucines también es posible adquirir los pescados más frescos y las carnes más selectas de la zona. ¿Conoces esta bellísima ciudad de Francia? ¿Nos recomiendas otros restaurantes para comer en Burdeos?

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