Nombre del autor:Marta Carnero

‘Alle Fratte di Trastevere’, delicias italianas en el mejor barrio de Roma

Situado en una pequeña y oculta callejuela del barrio del Trastevere, a unos diez minutos del apartamento en el que nos alojamos, se encuentra Alle Fratte di Trastevere, un local donde degustar comida típica italiana. Su dueño, napolitano, es quien lleva las riendas del negocio, mientras que su mujer se encarga de la cocina. Su carta ofrece una gran variedad de platos sencillos, pero muy suculentos y, sobre todo, caseros. La decoración de Alle Fratte di Trastevere no es gran cosa, pero dispone de una coqueta terraza donde disfrutar de una agradable comida sin el insoportable ruido del tráfico romano. Una frasca de vino tinto de la casa acompañó al menú que comenzamos con esta bruschetta mixta, con tomate natural, judías y paté de champiñones. Calamari Gaeta, guisados con salsa de tomate y aceitunas, ligeramente picantes. Mejillones al vino blanco, con una deliciosa salsa de ajo y perejil. Trippa alla romana, nuestros callos de toda la vida. Pero cocinados con vino tinto, tomates, apio, menta y terminados con queso parmesano rallado. Alle Fratte di Trastevere se encuentra en Via delle Fratte di Trastevere, 49. Es la misma calle de otra trattoria que nos encantó, Popi Popi, fuera del circuito turístico que ofrece la capital italiana. Merece la pena perderse hasta encontrarlos. ¡No te arrepentirás!

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Qué comer en Hawái: 14 imprescindibles, además del famoso poke

Tan lejana como fascinante, Hawái llama la atención de cualquier amante de los viajes. Una de las preguntas que seguro te planteas antes de comprar tus billetes de avión es ¿qué comer en Hawái? Nosotros tuvimos la suerte de disfrutarla durante 10 días y esto es lo que te recomendamos que pruebes sin falta. Comida hawaiana 1. Poke hawaiano Hace unos años era un perfecto desconocido y hoy, si no has probado el poke hawaiano, no tienes conversación entre los ‘foodies’ de moda. Esta ensalada de pescado crudo es una opción sana, ligera y colorida para comer en Hawái por poco dinero. Ya sea en restaurantes, food trucks o supermercados (en forma de poke bars para comprar a granel), existe una amplia variedad dependiendo del pescado o marisco elegidos. ¿En qué consiste el poke hawaiano? Salmón, atún rojo, dorada, caballa, mejillones, gambas, langosta, pulpo, calamar, almejas, ostras, vieiras… La proteína se marina con sal, salsa de soja, aceite de sésamo, algas, guindilla e inamona, especie de nuez asada. Y, para rematar, se añaden diferentes verduras (cebolla morada, pepino, tomate en dados…), frutos secos (cacahuetes, almendras, pistachos…), hierbas (cebollino, cilantro, shisho, albahaca…), semillas de sésamo o, incluso, fruta: aguacate, mango, lichis, dados de sandía… Aunque puedes comerlo tal cual, es habitual encontrar los denominados ‘poke bowls’, con una base de arroz cocido o mezcla de lechugas. Una auténtica delicia para comer en Hawái como un verdadero local. 2. Loco Moco Su nombre nos provoca la risa floja y no es para menos… Esta locura que comer en Hawái es un especie de plato combinado compuesto por una hamburguesa de buen tamaño, arroz blanco hervido, huevo frito, gravy y mac and cheese, una de las ‘marranadas’ americanas por excelencia en forma de pequeños macarrones con queso. La carne puede sustituirse por jamón, ternera, pollo o gambas. Una opción bastante calórica -y muy sabrosa- que te aportará la energía suficiente para ir como una moto el resto del día. 3. Gambas picantes al ajillo con mantequilla Sí, las famosas gambas de Kamekona en ‘Hawái 5.0’ existen y son muy apreciadas en la isla de Oahu. Sobre todo, en la zona de North Shore, donde abundan las camionetas de comida especializadas en este manjar marino también conocido como Hawaiian style garlic shrimps. Pide una ración, acompáñala de una cerveza bien fría y siéntate a una de las mesas al aire libre desde donde contemplar la puesta de sol o decenas de surferos en busca de la mejor ola. 4. Shave Ice Nunca algo tan simple como un helado pudo resultar tan rentable. En realidad, el Shave Ice es hielo picado al que se le añaden siropes de colores y diferentes toppings para obtener un atractivo cucurucho o tarrina de diferentes tamaños. Los sabores son infinitos: vainilla, cereza, coco, té verde, mango, yuzu, papaya, chicle… Uno de los más concurridos se encuentra en Haleiwa, donde Matsumoto’s Shave Ice ha conseguido que diariamente se formen largas colas para probar sus creaciones. 5. Tacos de pescado Pescado blanco frito en tempura y acompañado de mayonesa de chipotle, guacamole, cilantro y cebolla morada… Nos relamemos cada vez que nos acordamos de los tacos de pescado que puedes comer en Hawái. Mucho más ligeros que los de carne, los tacos de pescado son un must que no puedes perderte si quieres chuparte los dedos. 6. Comida vietnamita en Chinatown El barrio chino de Honolulu está lleno de encanto, con pequeñas tiendas y supermercados donde comprar productos orientales frescos y envasados. Además de un puñado de barras (en un mercado sin aire acondicionado, eso sí) con especialidades chinas, tailandesas o filipinas, hay varios restaurantes vietnamitas donde comer en Hawái por menos de 15 euros/persona. Unas cuantas sopas, rollitos de gambas, cerdo o pollo, y sabrosísimos bocadillos bánh mì son algunas de las opciones que no debes dejar de probar. 7. Dumplings para desayunar Sí, has leído bien, para desayunar. Ya sabes que los americanos comienzan el día de manera ‘fuerte’, por decirlo de alguna manera. Así que ve hacia las 11:30 o 12:00 y haz de este desayuno tu comida. Varias camareras pasean sus carritos entre mesas repletas de clientes con decenas de variedades de dumplings recién preparados, así como otras delicias asiáticas saladas y dulces. 8. Kalua Pork Un imu es un horno de tierra donde se cocinan los alimentos después de enterrarlos y cubrirlos con rocas volcánicas y trozos de madera a los que se prende fuego. Durante el luau, fiesta hawaiana donde se canta, baila y come, es tradición asar un cerdo durante 2 o 3 horas, obteniendo una carne increíblemente jugosa y tierna. Uno de los mejores restaurantes de Honolulu donde probar el ‘cerdo kalua’ es Helena’s Hawaiian Food. En este sencillo local se sirve acompañado de otros platillos igualmente deliciosos, como ‘calamar luau’ o unas adictivas costillas de cerdo al horno. 9. Malasadas Sí, en plural, porque cuando pruebes una no tendrás suficiente. Esta especie de donut, originario de la cocina portuguesa, se rellena de chocolate, mermelada o diferentes cremas, y se come recién sacado del horno, caliente y tierno como el primer beso. 10. Tortitas en ‘Wailana Coffee House’ (Honolulu) Abre las 24 horas del día para comer en Hawái y es uno de esos lugares tan rancios que rezuma encanto, con suelos de moqueta y camareras hawaianas que no dan a basto. Su amplia carta es apta para todos los gustos: hamburguesas, sándwiches, bufet de ensaladas, sopas, platos combinados… Nosotros te recomendamos que vayas a desayunar (con hambre) y te dejes seducir por alguna de sus enormes tortillas o su Hawaiian style breakfast, con huevos al gusto, banana a la plancha y corned beef hash. ¡Ah! Y no te pierdas la especialidad de la casa: esponjosas tortitas. Si el bueno de Lou las recomienda, será por algo… 11. Piña Dole Seguro que has visto su logo cientos de veces, pero no te imaginabas que estas famosas piñas crecen en Hawái, concretamente, en Oahu. La plantación puede visitarse y es una de las atracciones más típicas entre el turismo

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Ruta de tapas por El Tubo, la mayor oferta gastronómica de Zaragoza

En nuestra visita a esta ciudad aragonesa, y aconsejados por Patricia Sola, nos fuimos de tapas por la zona más famosa de la ciudad, El Tubo, en pleno casco viejo. Conocido por su amplia oferta gastronómica, repleto de bares y restaurantes, el Tubo de Zaragoza está compuesto por las vías 4 de agosto, Mártires, Cinegio, Libertad y Estébanes. Los majores bares para tapear en El Tubo 1. Bodegas Almau (Estébanes, 10) Comenzamos la ruta en Bodegas Almau, fundada en 1870, con un montadito de jamón y anchoas. Y el que también es su pincho estrella, a base de crema de queso, mermelada de tomate, anchoa y virutas de chocolate. La variedad de vinos, algunos embotellados especialmente para ellos, es amplísima y está lleno a todas horas. Procura hacerte fuerte en la barra. 2. Taberna Doña Casta (Estébanes 6) Continuamos unos metros más abajo en Taberna Doña Casta, donde su especialidad son las croquetas. De bacalao y trigueros, Cabrales y manzana, setas y queso de cabra, morcilla con piñones o de boletus y foie (incluso, las hay de chocolate). Su otra especialidad son los huevos rotos: con jamón, gulas, ajetes… Nosotros probamos las ‘Taberna Doña Casta’. Grandes y cremosas a 2,40 euros cada una. 3. El Champi (Libertad, 16) ¿Pensabas que los champiñones a la plancha eran exclusivos de La Laurel, en Logroño? En El Champi de El Tubo los preparan igual de buenos, siendo su única especialidad. ¿Y para beber? Vino ecológico de barril. 4. La Ternasca Tubo (Estébanes, 9) El Ternasco de Aragón es un cordero alimentado con leche materna y cereales naturales, la primera carne fresca reconocida con una Denominación IGP. ‘El Ternasco de siempre como nunca lo has probado’. Ese es el lema de este bar de tapas en El Tubo de Zaragoza. En forma de croquetas, costilla a la brasa, torrezno o en presentaciones más modernas como baos, uno de los mejores productos aragoneses es homenajeado por el cocinero Cristian Yáñez en La Ternasca Tubo. 5. El Balcón del Tubo (Estébanes, 7) Esta acogedora taberna ofrece una sugerente barra de pinchos en Zaragoza. Rabo de toro, pimientos rellenos de bacalao, brick de ajos tiernos, tartar de salmón, piruleta de jamón y queso, carrileras con setas… Y su tapa más famosa: albóndigas con salsa de naranja. ¿Un consejo? Ve con hambre. 6. Taberna Donde Siempre (Cinegio, 3) Carrillera ibérica con foie, solomillo de cerdo a los cuatro quesos, vieira rellena de marisco, setas y queso, bola de ternera picante, croquetas de boletus o jamón ibérico… Las tapas clásicas de Donde siempre son otra de nuestra recomendaciones en El Tubo. 7. La Republicana (Casto Méndez Núñez, 38) Terminamos esta ruta de tapas por El Tubo con uno de los imprescindibles, La Republicana. Con sus afamados huevos ‘a la republicana’ (en la foto) y otras propuestas más que apetecibles, como bravas, croquetas o huevos rotos, es un clásico que nunca falla. Podéis ver el post completo aquí. ¿Has estado de tapas por El Tubo de Zaragoza? ¿Nos recomiendas otros locales donde difrutar?

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The B Kobe Hotel, descanso en la meca de la mejor carne de Japón

The B Kobe Hotel está situado a tan solo una parada de metro de la estación de Shin Kobe, en pleno centro. Kobe es una de las ciudades más jóvenes en población de todo Japón y, por tanto, con mayor marcha nocturna. Su nombre representa el balance entre las bes de breakfast (desayuno) y de bed (cama), que deben ser bueno y confortable, respectivamente. ¿El precio? Desde 90 euros la noche en doble superior. Hay otro tipo de habitaciones más económicas, pero preferimos invertir un poco más ya que siguiendo el estándar nipón, la mayoría de ellas suelen tener un espacio de lo más reducido. Esta contaba con zona de trabajo y servicio de té. El baño, junto al de The Prince Park Tower Tokyo, es uno de los más amplios que encontramos durante nuestro viaje por Japón. Tiene una amplia ducha y deliciosos productos de la marca Shisheido. Entre sótano y vestíbulo, hay 13 establecimientos de diversa índole: hot yoga, restaurante italiano, gimnasio o peluquería. Allí se esconde Kobe Plaisir, donde tuvimos oportunidad de probar la cotizada carne de bueyes japoneses. Por 9 euros más (persona) puedes degustar un completo desayuno bufet en Alberta, el local italiano del sótano. Nos gustó de The B Kobe Hotel – La conexión wifi gratuita en la habitación. – El auto servicio de lavandería sin más coste que el detergente, muy útil si llevas ya unos cuantos días en Japón y necesitas lavar ropa. – Su ubicación, en mitad del meollo nocturno de la ciudad. – El gran tamaño de la habitación y del baño. – El café de cortesía en el lobby. – Los productos de baño de Shiseido. – Que en los bajos se ubicara el restaurante Kobe Plaisir. No nos gustó – Los pijamas parecían batas de enfermera, por poner un pero. – Que el check in sea a partir de las tres de la tarde y el check out hasta las once de la mañana. – El ridículo tamaño de las toallas de baño japonesas. Créditos fotografías © The B Kobe Hotel y Pasean2

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‘Trattoria Coco Lezzone’, el encanto de una taberna en el centro de Florencia

En nuestra primera noche en esta ciudad, nos plantamos en uno de los restaurantes en Florencia con más encanto. Coco Lezzone es una auténtica taberna toscana, en pleno centro de la ciudad y a escasos metros del apartamento en el que nos alojamos. Coco Lezzone no tiene nada que ver con los restaurantes italianos que abundan en nuestro país. Se trata de una casa de comidas con mesas corridas y manteles de cuadros. Y, si tienes suerte, puedes cenar codo con codo junto a Anthony Hopkins, Giorgio Armani o alguno de los famosos que han visitado el local y cuyas fotos decoran sus paredes. Negocia familiar con varias generaciones a sus espaldas Este es el negocio familiar de los Paoli, -en el que la abuela se encarga de la caja, el hijo de los pedidos, la nuera de la cocina y el nieto de sentar a los comensales-. Ofrece una amplia carta repleta de bocados tradicionales de Florencia difíciles de entender si no conoces el idioma. Nosotros pedimos ayuda y preguntamos por los más populares. Estos fueron los que nos aconsejaron y que nos encantaron de principio a fin: Zuppe tipeche Fiorentini, una especie de puré a base de judías, tomate, pan y acelgas, realmente delicioso. Crocchette di filetto, lo que vienen a ser unas albóndigas gigantes de ternera y albahaca. Tiernas, jugosas y acompañadas por una espectacular salsa de tomate. Como veis, esta es habitual en cada plato, aunque su sabor varía dependiendo de la especias que le añadan. Ossobuco a la fiorentina, caña de ternera cocinada con mantequilla, aceite de oliva y vino blanco. Después se le añade salsa de tomate con una mezcla de perejil finamente picado, ajo y ralladura de limón. Otra delicia para el paladar. Terminamos con un trío de quesos italianos, pecorino senese, parmigiano y stracchino. Un pequeño capricho para poner el broche de oro a una cena que nos enamoró para siempre de una gastronomía local alejada de la pasta y la pizza. Y a la que resulta complicado acceder en España. Para beber ofrecen un puñado de vinos de la zona y uno de la casa, tinto Fiaschetto. A pesar de que nos lo habían recomendado desde España no nos atrevimos con el plato estrella, bistecca alla Fiorentina, que hay que encargar con antelación y, como bien se indica en la carta, solo se sirve al sangue, y ya sabéis que no somos amigos de la carne casi cruda… Coco Lezzone está situado en el número 26 de la Via del Parioncino. No acepta tarjetas de crédito ni sirve café, aunque puede pagarse con moneda extranjera. ¿Conoces otros restaurantes en Florencia que nos recomiendes? Estamos deseando leer tus comentarios.

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Albi, la ciudad natal de Toulouse-Lautrec y los ‘cassoulet’

A tan solo 45 minutos de Toulouse y Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2010, Albi es una de las ciudades más visitadas de la región de Mediodía-Pirineos. Con poco más de 51.000 habitantes y situada a orillas del río Tarn, es perfecta para pasar una jornada de lo más completa disfrutando de sus estrechas calles, casas medievales y exquisita gastronomía, donde destaca el guiso local, cassoulet, elaborado con alubias blancas y distintas partes de carne o pescado. Descubre con nosotros qué ver en Albi. La mejor manera de conocer cualquier ciudad es patearla hasta que te duelan los pies y, sin duda, Albi invita a ello. Su imponente conjunto arquitectónico de piedra y ladrillo, sus impolutas rúas y pintorescas fachadas obligan a fotografiar pequeños detalles que enamoran al visitante. Qué ver en Albi 1. Catedral de Santa Cecilia Una joya del gótico meridional, con una bella decoración interior, y uno de los símbolos que ver en Albi. Fueron necesarios dos siglos para su construcción, de 1282 a 1392, y hoy en día es una de las catedrales más visitadas de Francia. En su interior acoge un un órgano clásico galo de 1736 y una serie de pinturas murales. 2. Puente Viejo Con 150 m de largo, fue construido en piedra a mediados del siglo XI. Durante la Edad Media contaba con capilla, puente levadizo y una torre-puerta fortificada. Sobre sus pilares se alzaban viviendas entre los siglos XIV y XVIII, pero fueron demolidas tras una crecida del río en 1766. 3. Museo Toulouse-Lautrec El palacio de la Berbie, antigua residencia episcopal, alberga el museo Toulouse-Lautrec, donde se exponen numerosas obras del artista local. El precio de la entrada es de 10 euros (precio 2021), siendo gratuito para menores de 13 años. 4. Jardines del palacio de la Berbie No te pierdas los románticos jardines del palacio de la Berbie, catalogado como Monumento histórico de Francia desde 1862, con unos bellísimos setos de diferentes formas y tamaños, y una de las mejores panorámicas que ver en Albi. 5. Casa natal de Toulouse-Lautrec Situada en la calle homónima, no puede visitarse, pero seguro que sentirás una pequeña emoción si eres admirador de la obra del genial pintor francés, autor de cuadros tan míticos como En el Moulin de la Galette, Retrato de Vincent van Gogh o La toilette. 6. Centro histórico de Albi El centro histórico de Albi, con imponentes edificios de ladrillo rojo que dan testimonio de su vasta historia, se extiende por el conjunto episcopal junto a la catedral y el Palacio de la Berbie. Dedica unas horas a pasear por sus calles, descansar en una terraza y disfrutar del slow travel en su máxima expresión.  7. Barrio de Castelnau Este ‘barrio nuevo’ data de los siglos XII y XIII. Sus estrechas calles y casas medievales con entramados de madera son de gran encanto. La Rue des Prêtres es ideal para fotografiar la catedral de Santa Cecilia en su máximo esplendor. ¿Dónde comer en Albi? Íbamos buscando comida típica de esta zona de Francia. En Le Lautrec, en el número 13-15 de la Rue Henri de Toulouse Lautrec, justo enfrente de la casa natal que acabamos de mostraros, acertamos de pleno. Su cocina casera está elaborada con productos frescos locales certificados: foie gras de granjas occitanas, corderos de Assac, terneras de Tarn, quesos de Lacaune… Dispone de varios menús: 1 plato, por 20 euros; 2 platos, por 30 euros, y 3 platos, por 38 euros, con algunas de las recetas más populares de la cocina de Albi, elaborados con mucho mimo. Nos animamos con el último de ellos y probamos ensalada albigense, con salchicha y albóndigas fritas de cerdo de Lacaune, morcilla y rábano con fetche (hígado de cerdo salteado en vinagre caramelizado); rissole (una especie de pequeña croqueta) con Armagnac y ciruelas sobre una cama de cebollas caramelizadas; cassoulet de bacalao con ajo rosa y azafrán y cassoulet con pierna de pato cocinada a baja temperatura, almorta de Cestayrols, cerdo Apalhat y ajo rosa. Para acompañar, elegimos unos de los excelentes vinos tintos de la zona de Gaillac, donde se producen más de 20 millones de botellas al año. ¿Cómo llegar a Albi en tren desde Toulouse? Apenas una hora es lo que dura el trayecto desde la estación Toulouse Matabiau hasta Albi, en cualquiera de los modernos trenes franceses, y por unos 30 euros ida y vuelta. ¿Conoces esta bella localidad gala? ¿Nos recomiendas otras cosas que ver y hacer en Albi? Esperamos tus comentarios.

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Un paseo por Dinant, ciudad de postal en Bélgica

Situada en el corazón de la provincia de Namur, recibe el nombre de Hija del Mosa, ya que está edificada a lo largo del cauce de dicho río. Es una de las ciudades más bonitas que visitamos en el blog trip ‘Destino Bélgica’, un soleado día de septiembre. Un lugar ‘de postal’ o ‘de Playmobil’, como cuenta en su blog mi estupendo compañero de viaje, Xixerone. ¿Nos acompañas en este paseo para enseñarte lo mejor que ver en Dinant? Dinant deslumbra nada más verla. Sobre un enorme acantilado, su seña de identidad, se sustenta la Ciudadela. A ella se accede tomando el teleférico Notre Dame (a no ser que se quieran subir los 408 escalones de acceso a ella). Desde allí las vistas resultan espectaculares. ¿A que sí? En la Ciudadela se aprende sobre la historia de Dinant, explorando sus pasillos y haciendo un recorrido en el tiempo. El saqueo de la villa por las tropas de Carlos ‘el Temerario’ en 1466, la construcción de fortificaciones, los combates entre soldados franceses y alemanes, y la masacre de casi 700 civiles en agosto de 1914. Dinant, ciudad natal de Adolphe Sax Esta ciudad de juguete es también famosa por ser el lugar donde nació el inventor del saxofón, Adolphe Sax. Diferentes modelos de saxofones representando a cada uno de los países de la Unión Europea adornan el puente principal. En la Rue Sax está la casa natal del artista y en su puerta, una estatua en la que es de recibo hacerse una foto de recuerdo. Sin duda, uno de los imprescindibles que ver en Dinant. A los pies de la Ciudadela se encuentra el restaurante Chez Bouboule, denominado el Rey de los mejillones desde hace casi 60 años. Dada la excelente temperatura que nos acompañaba, decidimos comer en la terraza, al pie del río. En su carta encontramos 33 variedades de este suculento molusco: al vino blanco, a la mejicana, a la monegasca, con mantequilla… No podía faltar nuestro ya clásico aperitivo belga, unas croquetas de camarones. Suficiente para lo que nos esperaba después… Los mejillones son presentados en cazuelas de 1,2 kg. por persona, una barbaridad si se tiene en cuenta que el acompañamiento es como el que veis en la foto. Los míos eran los de las Árdenas, con champiñones, tocino, tomate y nata. Estaban espectaculares, pero fue imposible terminarlos. Por si fuera escasa la ración, añaden una guarnición de crujientes patatas fritas. Xixerone se decantó por unos mejillones al curri, también muy buenos, aunque manchaban un poco… Sí, eso que véis son las fuentes repletas de conchas. Bueno, y a Vuelo Directo, relamiéndose del gusto, junto a Sebastián, de la Oficina de Turismo de Bélgica. Acompañadlos de una buena cerveza belga y tendréis la jornada perfecta en una de las localidades más bonitas que ver en Bélgica.

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Viviendo como romanos en un apartamento del Trastevere

Tras las muy buenas experiencias de Nueva York, Londres, Barcelona y Florencia, nos animamos a alquilar un apartamento en Roma para pasar nuestras vacaciones. Teníamos el capricho de alojarnos en el Trastevere, pero los hoteles que consultamos no bajaban de 200 euros por noche. Después de mucho buscar, encontramos un dúplex que nos enamoró a primera vista. No solo por encontrarse en pleno corazón del barrio romano con más encanto, sino por su terraza. Compuesto de dormitorio en la parte de arriba, baño completo, cocina y amplio salón, goza de todo lo necesario para pasar unos días viviendo como auténticos lugareños. Apartamento en Roma con doble terraza ¿Lo mejor? La doble terraza, con mesa y sillas en la de abajo y un par de tumbonas en la superior. Perfecta para disfrutar con una copa de vino mientras se contemplan los tejados vecinos y, a lo lejos, el Vaticano. El precio es de 140 euros por noche. No se trata de ningún chollo, pero merece la pena si os gusta este tipo de alojamiento. Un apartamento en Roma da una serie de ventajas difíciles de encontrar en un hotel (a menos que se trate de la suite de un cinco estrellas). Además, la calle está llena de restaurantes y trattorias para disfrutar de la mejor gastronomía local. Restaurantes en el Trastevere Aprovecha que estás en uno de los barrios con más encanto que ver en Roma para probar auténticos platos italianos. En Alle Fratte di Trastevere, por ejemplo, una de las especialidades es la trippa a la romana. Los encontrarás en Via delle Fratte di Trastevere, 49. Si prefieres pizza, las de de Dar Poeta, en el número 45 de Vicolo del Bologna son, sencillamente, deliciosas. Otro restaurante que merece la pena, y mucho es Popi Popi, con la mejor cocina romana y una agradable terraza. Y si prefieres un simple bocadillo, panini para ellos, los de Da li Cochi a Trastevere son de todo, menos simples.

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‘Popi Popi’, comida romana en el barrio del Trastevere

Conocer la gastronomía italiana más allá de la pizza y la pasta era uno de los objetivos que nos marcamos en el Azurrotrip. Habíamos leído verdaderas maravillas sobre la cocina de este país y yo no pude comprobarlo la anterior vez que lo visité. Y, si algo ofrece Popi Popi, es auténtica comida romana. Una pequeña joya escondida en el Trastevere El Trastevere, barrio donde se encontraba el apartamento en el que nos alojamos en Roma, está lleno de pequeños restaurantes y encantadoras terrazas. En ellas, los visitantes disfrutan de una buena cena o una copa de vino mientras contemplan a los cientos de transeuntes que circulan por él. En el número 45 de la Via delle Fratte di Trastevere se encuentra Popi Popi, una de esas tabernas frecuentadas por más lugareños que turistas. Como está situado en una pequeña calle sin apenas tráfico, nos sentamos fuera, bajo la tenue luz de un encantador farolillo. Aunque para muchos es una de las mejores pizzerías de la ciudad preferimos pedirle sugerencias a nuestro camarero. Y no pudo asesorarnos mejor. Bruschetta de tomate y albahaca, imprescindible en cada una de las comidas que hicimos en Italia. Carpaccio de pulpo, servido con rúcula y limón, delicado, suave y sabroso. Calamares a la romana, como no podía ser de otra manera en la Ciudad Eterna. Recién hechos, tiernos, inolvidables… Boquerones, gratinados al horno con tomate natural, frescos y deliciosos. Un tinto embotellado especialmente para Popi Popi fue el acompañamiento perfecto de la noche. ¿El precio? Algo menos de 50 euros. Habrá quien piense que no es barato. Pero a nosotros la relación calidad-precio nos pareció fantástica. Y, lo más importante, no es el típico establecimiento lleno de turistas que hacen fotos a la comida… como nosotros. Si quieres ver más detalles de su carta, así como los productos con los que trabajan en Popi Popi, echa un vistazo a su perfil de Facebook.

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Qué ver en Durbuy, la ciudad más pequeña de Bélgica

Conocida como la ciudad más pequeña en la tierra hasta 1977, Durbuy es también una de las más bonitas que ver en Bélgica. Se encuentra a orillas del río Ourthe, al borde de las Árdenas, en medio del triángulo formado por Lieja, Namur y Marche. Situado en un entorno natural extraordinario, el pueblo está en perfecta armonía con el paisaje circundante. La parte vieja de Durbuy data principalmente del siglo XVII. Y sus calles peatonales, serpenteando entre las casas antiguas, son estrechas y empedradas, constituyendo su principal atractivo. Un paseo por el casco antiguo de Durbuy es una verdadera delicia para el visitante. A pesar de su escasa longitud, cuenta irónicamente con el mayor parque de jardinería ornamental del mundo. Con más de 30.000 metros cuadrados y una gran variedad de figuras que incluyen formas animales y humanas es uno de los principales atractivos que ver en Durbuy. Este distrito cosmopolita exhibe con orgullo sus riquezas locales para un número creciente de visitantes de todo el mundo encantados año tras año. Atrae a turistas de los Países Bajos, Alemania, Francia e, incluso, Suecia y Japón. Nosotros tuvimos la suerte de que fuera incluida en el blog trip  ‘Destino Bélgica’. Para hacer un poco de historia os contaremos que Durbuy tuvo un papel muy importante en la defensa de la zona hasta el siglo XIV, debido a su ubicación estratégica en la frontera. Tenía enormes murallas y un castillo construido sobre un promontorio rocoso rodeado por el río Ourthe. Adquirió su estatus oficial como ciudad en 1331, no porque se tratara de una aglomeración importante, sino porque era un centro para el comercio y la justicia. En su entrada, más allá del viejo puente sobre el río, se encuentra el castillo de los Condes de Ursel, edificado en el siglo XI y reconstruido por la familia en el siglo XVII sobre las ruinas de la fortificación feudal anterior. La iglesia de San Nicolás, de los siglos XVII y XVIII, con su pila bautismal del siglo décimo sexto, y el antiguo convento de los Recoletos, son de particular interés. Dónde comer en Durbuy Durbuy es un centro turístico muy agradable conocido por su excelente comida. Nosotros cenamos en uno de sus restaurantes más atractivos y modernos que, además, es grill y hotel, Victoria. ¿A que es preciosa la decoración de la mesa? Nos recibieron con un cóctel a base de granadina, zumo de naranja y vodka, excelente para acompañar un aperitivo compuesto de gazpacho y guacamole. El primer plato fue un carpaccio de ternera con camarones, pan de ajo y una salsa buenísima con vino blanco y champiñón. Le siguió un filete de trucha a la parrilla con ensalada al curri y patatas al horno, que tenía este aspecto tan sugerente (y sabía mejor). Como ya sabéis que no soy nada golosa, pero me gustan los postres que llevan fruta y las fresas son de mis preferidas. Este lo componía un vasito con una especie de crema chantilly (perdonad mi ignorancia pastelera) y fresas confitadas. Todo ello dornado con un bizcocho, helado de nata con bolitas de chocolate y polvo de pistachos. Una verdadera delicia. El local cuida tanto los detalles que tiene hasta sus propias botellas de agua, con un diseño así de bonito. Ya siento no haberme traído una… Nos acompañó durante la velada un vino francés, cuya etiqueta ya está en el libro de recuerdos de Pasean2. Una cena fantástica, antes de dormir en el Castillo de Modave. ¿Se puede pedir más? ¿Conoces esta bella ciudad belga? ¿Nos recomiendas otros lugares de interés que ver en Durbuy?

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