Nombre del autor:Marta Carnero

‘El Ruedo’, restaurante micológico en Candelario (Salamanca)

A la entrada del pueblo más bonito de Salamanca, Candelario, se encuentra el mejor restaurante de la localidad, El Ruedo. En su cocina tradicional destacan platos muy elaborados donde siempre prima el producto de mayor calidad. Verduras de temporada de su propia huerta ecológica, setas, así como carnes, quesos y embutidos ibéricos de la comarca. Carta micológica Destaca su amor incondicional por la micología, con presencia de diferentes especialidades con setas entre su oferta culinaria: sopa de hongos con foie y piñones; revuelto de rebozuelos con hebras de calamar; tartar de amanita caesarea y trucha ahumada; lagarto ibérico con oreja de Judas y hongos; lomo de ciervo con angulas de monte… Su amplia carta está pensada para satisfacer a todos los paladares. Para quien busca opciones de ‘toda la vida’: sopa castellana con huevo escalfado, chuletillas de cabrito lechal o chuletón de morucha. Para quellos que preferimos algo distinto: tataki de salmón y rebozuelos; carpaccio de ibérico, foie y jamón; milhojas de calabacín con morcilla de Burgos, crema del Casar y galleta de cereales; ensalada de melón, menta y salmón ahumado a la crema agria; gazpacho de rúcula y manzana ácida con piruleta de queso de cabra… Los postres, todos caseros, no desmerecen el resto del menú: pastel de castañas y chocolate caliente, tarta de queso aromatizada con frutos del bosque, tarta de chocolate caliente con mermelada de naranja amarga y crema de leche, flan de higos o un originalísimo tiramisú ‘deconstruido’. La bodega de El Ruedo es acorde a su oferta culinaria. Vinos de la tierra: Viñas del Cámbrico, 575 Uvas, Zamallón Osiris, Hacienda Zorita, La Zorra… También, una amplia variedad de riojas y riberas. Y pequeñas muestras del Bierzo, Extremadura, Castilla-La Mancha o Costers del Segre, todos ellos a un precio más que competitivo. Un menú del día de calidad Y, si buscas menú del día en Candelario, también está disponible de lunes a viernes, con tres primeros y tres segundos a elegir, postre, pan y vino a un precio inmejorable. Y, en fin de semana y festivos, un ‘plato del día’.  Al frente del negocio se encuentra Pepe, que con maestría torera también atiende la barra donde degustar excelentes tapas y una amplia variedad de vinos por copas. Acompañado de su encantador hermano Félix, han apostado por una cocina distinta en Candelario y se han ganado, con creces, nuestros estómagos y el de cualquier turista que se acerca a este incomparable pueblo de Salamanca. No hay visita por nuestra parte donde El Ruedo no entre en nuestros planes. Posada Rural El edificio que alberga el restaurante El Rueda hace las veces de posada gracias a cinco habitaciones, denominadas tendidos, excepcionalmente luminosas, y con una cuidada decoración que se integra perfectamente con la arquitectura tradicional de Candelario.

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Momofuku, el imperio de David Chang en torno al ramen y los baos

Momofuku Ando fue el creador de la sopa de fideos -o ramen– instantánea elaborada por la empresa Nissin Foods durante la segunda posguerra mundial para paliar la hambruna de la época. Seguro que todos conocéis el envase humeante que durante diez años fue uno de los símbolos más representativos de Times Square. ¿A que sí? Como homenaje a Ando, el norteamericano David Chang decidió nombrar a su más que exitoso grupo de restaurantes. Este nació en 2004 con un modesto local en el East Village neoyorquino, Momofuku Noodle Bar. En 2006, y tan sólo a un par de manzanas, abría sus puertas Momofuku Ssäm Bar. Le siguieron Momofuku Ko y Momofuku Milk Bar. En la actualidad, su imperio se ha extendido a Sídney y Toronto. Además, ha ampliado sus establecimientos para otro tipo de negocios, como Booker and Dax, bar ubicado en la parte de abajo del Ssäm Bar. Ssäm Bar Llegamos casi cuando estaban cerrando la cocina, pero nos dio tiempo a un ‘picoteo’ y a probar la especialidad de la casa, los steamed buns o bollitos al vapor, tan de moda ahora en España. El nombre de este restaurante, situado en el 207 de la calle 13 con la 2ª Avenida, se debe al ssäm, plato coreano que en el que se usa una hoja de verdura para envolver los ingredientes de los que se compone. Aquí lo llaman O.G. Momofuku Ssäm, se sirve dentro de una hoja de lechuga y, a su vez, en el interior de un wrap, formando un bocado tan delicioso como poco fotogénico. Se compone de lomo de cerdo, black beans, arroz y kimchi, en una mezcla de sabores picantes y dulces realmente sorprendente. Momofuku Noodle Bar Tuvimos la suerte de encontrar sitio en la barra para contemplar bien desde primera línea qué y cómo se cocinaba. Un buen puñado de cocineros, con un look bastante gamberro y perfectamente coreografiados, remueven caldos y escalfan huevos sin descanso en unos fogones impolutos de los que no paran de salir humeantes platos. Como no podía ser de otra manera, probamos el ramen en su versión más popular, la que da nombre al grupo, y que se compone de cerdo y huevo pochado, así como ginger scallion noodles, con cebolleta, shiitake, pepino y repollo. También le hincamos el diente a una alitas de pollo ahumadas y unos delicados huevos en salsa de soja. Poco hay que decir sobre el ramen de Momofuku que no se haya dicho ya. El conjunto lo convierte en una experiencia única, aunque se trate de un opción no muy recomendable para el tórrido verano neoyorquino. En la carta de postres, algunas propuestas del Milk Bar, el negocio más dulce de David Chang. Dirigido por Christina Tosi, en la actualidad ya cuenta con seis sucursales. No pudimos resistirnos a ‘The Ritz’ cookie, homenaje a la galleta de mantequilla en todo su esplendor. La oferta de vinos oscila entre 32 y 150 euros, si bien es un tipo de comida que, al menos a nosotros, nos invita a acompañar con una Tiger bien fría. Y, por supuesto, mucho más económica. Momofuku Noodle Bar se encuentra en el 171 de la 1ª Avenida, entre las calles 10 y 11, y no admire reservas, así que procura que tu visita no coincida con la hora del almuerzo en la Gran Manzana, por lo general entre las 12 y las 2.

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The Clift Royal Sonesta Hotel, un cinco estrellas en San Francisco

Situado en el número 495 de Geary Street (San Francisco, Estados Unidos) The Clift Royal Sonesta rebosa un lujo excéntrico que el viajero aprecia nada más pisar su hall. Pese a rondar el siglo de existencia, este alojamiento de cuatro estrellas combina a la perfección la energía de la mítica urbe con glamur al más puro estilo Hollywood. De hecho, es fácil toparse con alguna estrella catódica deambulando por su lobby made in Philippe Starck. O apoyado en alguna de las sillas de Ray y Charles Eames, tomando un café en la mesa diseñada para tal motivo por Salvador Dalí, cerca del banco surrealista de Renee Marguerite o admirando una escultura de William Sawaya. Un detalle más. La enorme chimenea que gobierna la recepción puede hechizarte hasta el punto de olvidar todas tus pertenencias. Como le pasó a quien escribe estas líneas. Cerca de las tiendas de Union Square y de la mítica Nob Hill, una de las «Siete Colinas» de San Francisco que da nombre al barrio, The Clift Royal Sonesta permite al viajero sentir el latido de la ciudad sin cansarse, ni perderse o, simplemente, asomándose a su entrada. Las habitaciones son muy amplias, silenciosas, con vistas al skyline, de cuidada decoración, con guardarropa y mueble bar. Mención especial para la espectacular localización del comedor donde solo sirven desayunos… …porque de noche se convierte en Redwood Room uno de los bares de moda en esta capital del silicio y el emprendimiento. Nos gustó de The Clift Royal Sonesta Hotel – El ambiente de modernidad que se percibe nada más entrar en su lobby. – El desayuno, que sin ser muy variado te permite desperezarte ante tanta exuberancia. – La conexión wifi gratuita y su magnífica localización en el centro neurálgico de San Francisco. – Es un hotel eco-friendly. De ello da buena muestra el santuario de 10 colmenas con más de 10.000 abejas que habitan en su tejado. – Las bicicletas de cortesía que te permiten, por ejemplo, ir de San Francisco a Sausalito atravesando el Golden Gate. No nos gustó – La fianza diaria que absorbe la dirección del hotel de tu cuenta bancaria sin avisar y a pesar de contratar la estancia desde España. El precio de la habitación estándar puede superar los 300 dólares la noche, así que mejor reservad con mucha antelación. Créditos fotografías © Pasean2 y The Clift Royal Sonesta Hotel

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Dónde comer en Edimburgo: 12 pistas gastronómicas

Si hay algo que nos gusta hacer cuando salimos de viaje es disfrutar de la gastronomía local, algo tan importante para nosotros como visitar museos y monumentos. Escocia no iba a ser menos y durante el tiempo que pasamos en su capital pudimos llenar el buche en unos cuantos restaurantes y pubs que os mostramos a continuación. Desde Estrellas Michelin a comida callejera, comer en Edimburgo más allá del haggis y el fish&chips es posible. ¿Dónde comer en Edimburgo? 1. Martin Wishart Restaurant Es uno de los restaurantes más reputados del Reino Unido por motivos más que evidentes. Galardonado con una Estrella Michelin desde 2001, Martin Wishart nos dio aún más de lo que esperábamos. Pedimos el menú degustación de seis platos que, por 95 libras (precio 2020). Menú degustación en Martin Wishart Incluía algunas pequeñas joyas como crab and langoustine, a base de cangrejo y cigala, con calabacín, aguacate y judías verdes; Orkney scallop, con vieira de las Islas Orcadas, apio, guanciale y dashi, o ravioli of squab pigeon, un delicado ravioli de carne de paloma de apenas tres semanas de vida, con consomé, zanahoria y rábano. Un sitio único para comer en Edimburgo, en el barrio de Leith, al que regresar con los ojos cerrados. 2. Number One Ubicado en uno de los hoteles más lujosos de Edimburgo, el Balmoral, fue el lugar elegido para celebrar mi cumpleaños número 41. Number One ofrece varios menús degustaciónde siete platos, con opción de maridaje o bebidas sin alcohol. Elegimosde el de 110 libras, junto a una botella de Burdeos y la experiencia fue realmente mágica. Es uno de los restaurantes para comer en Edimburgo más exclusivos y resulta perfecto para celebrar una ocasión especial. 3. World’s End En el número 2 de High Street, en pleno centro de la ciudad, World’s End es uno de los mejores lugares para comer en Edimburgo por poco dinero. Nosotros pedimos un crujiente fish and chips, con haddock -o eglefino- capturado diariamente y que proviene del puerto de Peterhead. Y haggis, que se presenta como si de un pastel al horno se tratara y se sirve con una deliciosa salsa de whisky. Para beber, nada mejor que un par de Inns&Guns de barril (no es tan fácil de encontrar en Escocia). En su carta también ofrecen sopa del día, ensaladas, hamburguesas y otros clásicos de la cocina local, como steak and ale pie o black pudding. 4. Oink En pleno Grassmarket, en Victoria, 4, este pequeño local acababa de abrir sus puertas cuando lo conocimos y ya se hacían largas colas para probar su sencilla y acertada propuesta: bocadillos de carne de cerdo asada. Bocadillo ‘do it yourself’ para comer en Edimburgo El Hog Roast se sirve en un bollo de pan blanco o negro, con elección de cebolla y salvia o haggis casero. Para finalizar, la salsa: de manzana, mayonesa de mostaza, barbacoa, queso picante o mermelada picante. Hay tres tamaños: The Piglet (80 gramos de carne), por 3.95 libras; The Oink (160 gramos de carne), por 5.40 libras, y The Grunter (250 gramos de carne), por 6.80. Oink es un must para comer por poco dinero en Edimburgo que ya cuenta con tres sucursales: Victoria, Canongate y Hanover Street. 5. Edinburg Food Festival Nuestra buena amiga Pat, de Mad About Travel, nos chivó que se celebraba el Edinburg Food Festival en agosto, coincidiendo con nuestra visita a Escocia. Para suerte, el día amaneció soleado y allí nos plantamos para recorrer los numerosos food trucks que se instalan para la ocasión con opciones de todo tipo: desde gyozas a lobster roll, pasando por pizzas, hamburguesas o deliciosos y esponjosos baos. Para beber, cerveza artesana, vino y cómo no, whisky, mucho whisky. Hay un montón de espacio para sentarse a mesas compartidas, así como césped artificial para que, si viajas con niños, campen a sus anchas. 6. The White Hart y su delicioso haggis en salsa de whisky The White Hart presume de ser el pub más antiguo de Edimburgo desde 1740. Y, además de cervezas de barril de todo tipo, su carta está llena de platos muy apetecibles y a un precio apto para cualquier bolsillo. A partir de las ocho de la tarde programa música en directo y suele estar abarrotado. Ojo, porque la cocina cierra a esa hora, así que si eres de los que, como nosotros, cena tarde, mejor acércate a la hora de la comida. 7. The Mussel and Steak Bar También en Grassmarket, una de las mejores zonas para salir de marcha en Edimburgo y, como su propio nombre indica, The Mussel and Steak Bar está especializado en mejillones y filetes. Nosotros, además de estos moluscos en una salsa de beicon, whisky y crema, nos animamos con zamburiñas y ostras de las Islas Shetland, con vinagreta de chalota y vino tinto, limón, wasabi y tabasco. 8. Whisky Rooms Si te gusta el whisky, tu sitio está sin duda en uno de los mejores restaurantes de la parte antigua de Edimburgo. Además de catas y una amplia selección de este licor típicamente escocés, Whisky Rooms dispone de una exquisita carta con platos más que elaborados. Aunque no es barato, merece la pena por la calidad de los ingredientes utilizados y su cálida decoración, que te hará sentir como en casa. 9. The Rabbit Hole Lo encontramos por casualidad durante un paseo por la zona donde nos alojamos y tuvimos la suerte de comer más tarde de las tres, algo poco usual en Escocia. The Rabbit Hole ofrece dos menús del día: dos platos, por 13 libras, y tres platos, por 16 libras. Pedimos, además, un rosado francés a un precio más que interesante. Huevos escoceses para comer en Edimburgo Nos llamó la atención uno de los entrantes: huevos escoceses. La receta original de esta especialidad, que no tiene su origen en Escocia a pesar de lo que se crea, es un huevo duro recubierto de una mezcla de salchichas picadas, pan rallado y frito después. Dice Wikipedia que fue inventado en 1738, en la tienda londinense Fortnum & Mason. Más que recomendable para comer en Edimburgo. 10.

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14 cosas que me enamoraron (locamente) de Grecia

Uno de mis viajes en solitario antes de comenzar la andadura de este blog fue a Grecia. Más concretamente, Atenas y tres de sus islas: Miconos, Naxos y Santorini. País idílico para conocer en solitario, hay muchas imágenes que se quedaron grabadas en mi retina y un montón de olores y sabores que todavía puede percibir cerrando los ojos. Hay un montón de motivos para visitar Grecia, pero aquí son los que a mí me han hecho regresar. Qué hacer en Grecia 1. Descubrir la Acrópolis de Atenas Uno de los símbolos que visitar en Grecia y la primera imagen que asocio a su capital, de ahí que le tenga especial cariño. Situada sobre una cima a 156 metros sobre el nivel de mar, es divisable desde casi cualquier parte de la ciudad. Lo habitual es encontrar alguna o varias de sus partes con grúas, ya que el tiempo ha hecho mella y está casi destrozada. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987 y el precio de la entrada en 2020 es de 20 euros. El museo de la Acrópolis, frente a ella, y reinaugurado en 2009, bien merece una visita. 2. Fotografiar las vistas desde la Colina Licabeto La Colina de los Lobos debe su nombre a la gran cantidad de estos animales que la habitaban en la antigüedad. Situada en el barrio de Kolonaki, y con 278 metros de altura, desde ella pueden contemplarse las vistas más bellas que ver en Atenas. Para acceder, lo más recomendable es coger el funicular aunque también se puede llegar a pie o en taxi. La mejor hora del día es al atardecer. 3. Querer quedarse a vivir en Naxos No soy la única que se enamoró de Naxos. Es el sitio ideal al que retirarse cuando las obligaciones ya no llamen a nuestra puerta. De momento, no está invadida por los turistas y el alojamiento es mucho más asequible que en otras islas como Miconos o Santorini. Todavía recuerdo el calamar relleno que cené en la Luccullus Taverna. Un lugar de ensueño. 4. Relajarse en las playas de Grecia Aunque no soy muy aficionada a ellas, me resultaron especiales por la arena gruesa y la espectacularidad de sus paisajes, con enormes rocas erosionadas por el mar Egeo. Si practicas el nudismo, este país es perfecto para ti, ya que cada isla suele tener una. La de Banana Beach, en la región de Skiathos, es para muchos la mejor playa nudista de Grecia. 5. Beber vino griego Grecia cuenta con casi 300 variedades y una producción anual de 600 millones de botellas. El Retsina es uno de los más famosos y su origen se remonta a miles de años atrás, cuando los vinos eran transportados en ánforas de barro selladas con una pasta de resina y yeso. La resina le daba un sabor característico y los griegos pensaron que el vino envejecía gracias a ella, por lo que nació la tradición de añadirla. En islas como Santorini pueden presumir de vinos fantásticos. 6. Refrescarse con cerveza Mythos y Alpha Reconozco que antes era mucho más cervecera que ahora. Pero entonces disfruté como una enana de mis buenas jarras y botellas de las dos marcas de cerveza más populares de Grecia. Suaves y perfectas para refrescarse en verano. 7. No cansarse de contemplar los atardeceres en Oia Uno de esos momentos que perdurarán para siempre en mi memoria son los atardeceres en Oia, un pequeño pueblo en la isla de Santorini. Son varios los locales situados frente a la caldera desde los que contemplar la puesta de sol, aunque también puede hacerse tranquila y gratuitamente desde otros lugares. Los 12 euros que pague por cada cóctel me parecieron un dinero invertido de la mejor manera posible. 8. Saborear una ración de calamares al borde del mar O de lo que quieras… Hay restaurantes desde cuyas mesas no solo se contemplan unas espectaculares vistas, sino que el agua del mar te salpica. Elige un buen pescado que te prepararán al instante a la parrilla o, si no es hora de comer o cenar, un ‘pequeño’ tentempié como el mío. Y que no falte vino griego… 9. Subir 900 escalones en Naftplio (o Nauplia) Una de las ciudades más bonitas de la zona de Argolis, primera capital del país y conocida como la Venecia del Peloponeso. En el centro de ella, se encuentra el Castillo Palamidi, al que se accede tras subir ¡casi 900 escalones! para contemplar unas vistas que bien merecen tamaño esfuerzo (tranquilo, también se puede llegar en coche). Si eres aficionado a los recuerdos, hazte con un komboli o un begleri, una especia de rosario de cuentas fabricado en plata o cerámica. 10. Desear ser dueño de una villa en los acantilados de Santorini ¿Os imagináis una casa desde cuya terraza solo se divise el horizonte y la infinidad del mar? Varios actores famosos poseen propiedades de este tipo en la isla (imagino que en lugares discretos y no de paso para turistas). Aunque poseer una es toda una utopía, sí es posible alquilarlas o, en su defecto, alojarse en alguno de los hoteles con habitaciones y terrazas privadas de este tipo. Eso sí, la media no baja de 250-300 euros por noche. 11. Un baño en aguas termales Desde el puerto de Fira, capital de Santorini, se puede llegar en velero a la isla de Nea Kameni, donde se encuentra un volcán activo con pequeñas fumarolas. Una de las actividades más turísticas, pero no por ello con menos encanto, es la de bañarse en las rojizas y sulfurosas aguas aledañas al volcán. La excursión dura unas tres horas y es importante ir provisto tanto de calzado deportivo para el paseo, como de chancletas y bañador para la parte acuática. 12. El Teatro de Epidauro Se empezó a construir en el año 330 a. C. y llegó a albergar hasta 14.000 personas. Su acústica es tan excepcional que permite a los espectadores de las filas más altas escuchar lo que se dice en mitad del escenario

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Maldron Hotel Derry, el mejor descanso en Londonderry

Una de las paradas en el Eyre Trip tuvo lugar en Derry (o Londonderry), ciudad de Irlanda del Norte -la segunda en número de población- que pertenece a Reino Unido. La oferta hotelera no es demasiado amplia y elegimos el Maldron Hotel Derry, muy cercano a la Estación de Autobuses y en pleno centro. Con una ubicación ideal dentro de las murallas, ofrece 93 habitaciones, gimnasio, bar y restaurante. Hay varios tipos de habitaciones disponibles, desde dobles y ejecutivas hasta espaciosas estancias familiares y suites. Todas han sido diseñadas pensando en la comodidad. El delicioso desayuno del Maldron Hotel Derry Beicon a la parrilla, salchicha de cerdo, black pudding, tomate a la plancha, champiñones salteados, huevos a tu elección: fritos, escalfados o revueltos, y tostadas. Así de completo es el desayuno recién preparado del Maldron Hotel Derry. También ofrece una opción vegana de chapata a la plancha con champiñones salteados. Si prefieres algo más sano, tu elección deberá ser el Maldron Vitality Breakfast, con croissant de pan integral con alto contenido de fibra, selección de quesos y yogures, fruta fresca, cereales y granola. Y si eres de los perezosos que les gusta desayunar en pijama en la habitación, deberás pedir el Vitality Breakfast On-The-Go (también disponible para llevar). Con zumo de naranja, Special K, leche y bol, plátano, yogur, y croissant con mermelada y mantequilla. Puedes preparar té y café en tu habitación gracias al servicio gratuito del mismo, o coger uno para el camino en Red Bean Roastery Coffee. Nos gustó del Maldron Hotel Derry – La ubicación, cerca de los puntos más turísticos, y con vistas a la muralla, de casi 400 años de antigüedad. – El desayuno, con zumo de naranja natural, yogur fresco y gran variedad de platos calientes para tomar el típico irlandés. Además de curiosidades como el Hair of the dog, que se prepara con zumo de tomate, tabasco, salsa Worcestershire y apio (lo que viene a ser un Bloody Mary sin vodka) o gachas con avena a las que te sugieren añadir un toque de whisky para hacerlo Irish. Créditos fotografías © Maldron Hotel Derry

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Parador de San Marcos, un alojamiento con mucha historia en León

El Parador de San Marcos es uno de los más impresionantes de la península, con una historia fascinante a orillas del río Bernesga, el mismo que viera nacer a Jota hace ya unos cuantos años. En él nos alojamos un par de noches durante un viaje que nos llevó por Laguardia, Logroño y Zaragoza. La fascinante historia del Parador de San Marcos Hospital, escuela de veterinaria, parada de sementales, instituto de enseñanza o cuartel de caballería han sido algunos de los usos que se le han dado desde que se inició su construcción en 1515. Pero, sin duda, lo que más llama la atención es que fuera campo de concentración y prisión. Como presidio tuvo entre sus más ilustres residentes a Francisco de Quevedo, encarcelado por orden del Conde-Duque de Olivares. Y que escribiría entre sus muros algunas de sus obras más conocidas, como Providencia de Dios, Vida de San Pablo y Constancia y paciencia del Santo Job. Por su parte, entre 1936 y 1940, en plena Guerra Civil, acogió a cerca de 7.000 reclusos republicanos -muchos de ellos posteriormente fusilados-. Convirtiéndose así en el símbolo de la represión en León y gran parte del país. Hoy en día conviven en este edificio el Parador de Turismo –abierto en 1964–, la iglesia de San Marcos–consagrada en 1541– y el Museo de León –desde 1869–. Un lugar único e inigualable en toda la geografía española. Pasear por su claustro o relajarse en su acogedora biblioteca -solo abierta para clientes- es un lujo al alcance de pocos. Como lo es disfrutar de las pinturas de la antigua escuela flamenca, tapices, bargueños… U obras de artistas como Vela Zanetti o Vaquero Turcios que acoge en su interior. La decepción llega al abrir la puerta de la habitación, ya que también tiene uno la sensación de transportarse a otra época. Pero porque nada ha sido renovado en ella desde hace mucho tiempo. Camas, almohadas o colchas más propias de un hotel de dos estrellas que de un establecimiento que atesora cinco y está calificado de Gran Lujo. Del baño, mejor no hablar. La alcachofa de la ducha parece sacada de una película de miedo. Y las toallas están desgastadas y deshilachadas por el uso. Pero como nos gusta quedarnos con lo bueno, pasamos a hablar del desayuno del Parador de San Marcos, que sí es propio de la categoría que le distingue. Platos fríos y calientes, algunos preparados al instante, como los huevos revueltos que podéis ver debajo. También, quesos, embutidos, bollería de todo tipo, zumos naturales, fruta fresca… El precio por noche del Parador de San Marcos ronda los 230 euros con desayuno (tarifa oficial). Ya veis que no es una opción barata y si no se cuidan los pequeños detalles habrá una espantada general a hoteles más económicos. Nosotros seremos los primeros.

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Flemings Selection Hotel Wien-City, alojamiento en el centro de Viena

Ocupando los números 10 y 12 de la empinada Josefstädter Straße se encuentra Flemings Selection Hotel Viena. Céntrico, muy bien conectado con las líneas de metro y tranvía, es perfecto también para ir andando a la Ópera o al Parlamento de esta capital austriaca. En las habitaciones se aprovecha al máximo el espacio, ya que la cabina acristalada de ducha se ubica en el mismo cuarto que las camas. Detalles como fruta de cortesía, adaptador para smartphones o la amplia selección de almohadas convierten la estancia en un lugar ideal para el descanso después de una larga jornada recorriendo museos, palacios y jardines. El desayuno del Flemings Selection Hotel Viena se ofrece en la zona denominada brasserie. En este moderno salón, además de escoger productos típicos del país en un variado bufet, se puede elegir entre distintos tipos de tortilla para empezar el día con fuerza. Estanterías de madera muestran un amplio abanico de lácteos, frutas, zumos, ensaladas, panes recién salidos del horno, fiambres, quesos, patés, pescados y por supuesto, pasteles elaborados en Viena. No todo es sentarse a la mesa en el Flemings Selection Hotel Viena. Y eso que al lado de recepción surge un elegante restaurante. Más al fondo, un Wine Bar con los mejores vinos de Austria y otras regiones de esta parte de Europa. Una zona con salas de convenciones y otra para gimnasio, sauna o tratamientos de belleza completan las instalaciones. Nos gustó del Flemings Selection Hotel Viena – Comprobar que la ubicación permite ir andando al centro histórico sin apenas darse cuenta. Además, si llueve o hace frío, dos líneas de tranvía hacen parada frente al hotel y la boca de metro se halla justo al doblar la esquina. – Comprar en la misma recepción la Vienna City Card. Por poco más de 20 euros incluye 72 horas de transporte público ilimitado y multitud de propuestas de ocio. También, descuentos en museos, palacios, cruceros por el Danubio e, incluso, restaurantes. – Acceder a Internet vía wifi sin coste añadido en la factura y así cada mañana organizar la jornada viajera en el lobby con la inestimable ayuda de Google Maps. No nos gustó – La multa de 10 euros que impone la dirección si no entregas el paraguas prestado, que en nuestro caso robaron en un restaurante. En compensación el cliente debiera cobrar las horas que hace de soporte publicitario… Créditos fotografías © Flemings Selection Hotel Wien-City

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