Nombre del autor:Marta Carnero

‘Dar Poeta’, dónde comer las mejores ‘pizzas’ del Trastevere

El Trastevere es, sin duda, nuestro barrio favorito de Roma. Además de habernos alojado allí en un coqueto apartamento, pudimos disfrutar de algunos de sus restaurantes más típicos, como Popi Popi o Alle Fratte di Trastevere. Aunque la idea del Azzurro Trip era probar la auténtica comida  italiana, no pudimos resistirnos ante las que nos habían comentado que eran las mejores pizzas de la zona, las de Dar Poeta. En el número 45 de Vicolo del Bologna, una estrecha callejuela sin acceso al tráfico, se encuentra este casi siempre abarrotado local que dispone de una pequeña terraza exterior donde disfrutar de su comida. El menú de Dar Poeta ofrece, además, ensaladas, bruschettas y entremeses, sin que ningún plato supere los 10 euros. Nosotros pedimos un par de pizzas para cenar en casa: una Dar Poeta, con calabacín, ciauscolo -una especie de salami-, ajo y chile, y una Superformaggi, con mozzarella, queso crema, requesón y chile (muy picantes las dos, pero deliciosas). Se cocinan al horno de leña y la masa es gordita y crujiente. No somos ningunos expertos, pero son de las mejores que hemos probado. Al estar completas las mesas, decidimos pedirlas para llevar y saborear en nuestra terraza con vistas al Vaticano. Es bastante habitual ver a muchos clientes hacer lo propio en los aledaños de esta pizzería del Trastevere. Así que, si tampoco encuentras mesa, no dudes en pedir tu take away en Dar Poeta y degustarlas en algún parque cercano. Además del habitual menú en Dar Poeta, sábados y domingos es posible disfrutar de un brunch. Está disponible de 12 a 17 por un precio de 15 euros. La cocina de Dar Poeta abre ininterrumpidamente desde la 12 de la mañana. A las horas habituales de almorzar o cenar suele haber una pequeña cola de gente esperando. Pide una copa de vino tinto para beber mientras te den mesa o preparen tu pedido. ¡Merece la pena!

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Temple Bar Food Market, un paseo por el mercado gastronómico de Dublín

«Cada sábado, llueva, granice o brille el sol», hay algo que el turista que visita Dublín no puede perderse, pasear por el Temple Bar Food Market. Un mercado donde saborear lo mejor de la variada gastronomía que ofrece la ciudad. Ostras, quesos, burritos orgánicos y más en Temple Bar Food Market Ostras del Condado de Clare y quesos de ovejas de Galway se dan la mano con las fajitas y burritos orgánicos, de Theresa y Gustavo -oriundos de Guadalajara (México)-. También, los pasteles del croata Darko Marjamovic o el sushi de Lian Yi. Y es que, desde finales de los noventa, Irlanda disfruta de una envidiable riqueza cultural y culinaria que han aportado inmigrantes llegados de medio mundo. Cada sábado, de 10 a 16:30 Desde las diez de la mañana y hasta las cuatro y media de la tarde, existe la posibilidad de disfrutar de un improvisado brunch en plena calle del Temple Bar. Desde un sencillo perrito caliente con salchichas elaboradas a mano, pasando por unos noodles recién hechos. Koftas, samosas o una docena de las más finas ostras acompañadas de una botella de vino blanco. El mercado está especializado en productos orgánicos ideales para regalar o darse un capricho: panes, mermeladas caseras o comida para veganos. Los golosos también tienen su espacio en el Temple Bar Food Market con un gran surtido de dulces y pasteles. Y donde destacan dos puestos, el de crepés y el que ofrece chocolate caliente, con menta o caramelo. Y a los que se puede añadir gratuitamente un chupito de ron (perfecto para entrar en calor). Nosotros probamos unos noodles y un hot dog. La bebida no hizo falta pensarla mucho, un par de pintas de Guinness en uno de los muchos pubs de la zona. Un plan perfecto para cualquier mañana de sábado en Dublín. ¿Conoces Temple Bar Food Market? ¿Nos recomiendas otros mercados que merezca la pena visitar? ¡Gracias por tus comentarios!

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Hamburgo, la urbe desconocida y genuina de Alemania

Nuestra tradición de recibir el año nuevo fuera de España nos llevó en esta última ocasión a Hamburgo. Una buena oferta para alojarnos en una de nuestras cadenas hoteleras favoritas, Sofitel, y un vistazo a algunas fotos de la ciudad fue suficiente para decidirnos por esta bella urbe alemana que vio nacer a Angela Dorothea Kasner, más conocida como Angela Merkel, en 1954. Aquí os dejamos algunos sitios que ver en Hamburgo, actividades y tips que no debéis perderos. Así como los precios aproximados (actualizados en 2020) para que calculéis el presupuesto viajero. Qué ver en Hamburgo 1. Miniatur Wunderland. 12 euros Miniatur Wunderland es una de las atracciones turísticas que ver en Hamburgo más visitadas del Alemania. Cita obligada para los amantes de las maquetas y los trenes. Ocho secciones de diferentes países recreadas en tres plantas, donde destacan la estación suiza Porta Alpina, un concierto de DJ Bobo (con música incluida) o el aeropuerto de la imaginaria villa de Knuffingen. A los peques de la casa les encantará. 2. Almorzar una frankfurt. 3 euros En todo el país es fácil encontrar puestos callejeros donde las preparan a la brasa, lo que las hace aún más sabrosas, servidas en un panecillo con ketchup y mostaza. Red or white? 3. Navegar por el lago Binnenalster. 11 euros Situado en el interior de la ciudad y con una superficie de 18 hectáreas, posee una espectacular fuente en el medio con un chorro de agua que puede alcanzar hasta los 60 metros de altura. En un recorrido de algo más de una hora, es posible contemplar los edificios más representativos que ver en Hamburgo y algunas mansiones con su propio embarcadero que,  a buen seguro, os pondrán los dientes largos. 4. Beber cerveza hamburguesa. 2 euros La Astra se conoce como ‘la cerveza de los marineros’ y es una pilsner de lo más suave con una botella de diseño moderno y original. 5. Comer pescado fresco. Alrededor de 12 euros Al tratarse de una ciudad portuaria, es fácil encontrar restaurantes especializados en pescado fresco y mariscos para comer en Hamburgo. A orillas del Elba hay infinidad de locales que ofrecen bacalao, besugo o salmón en su carta. 6. Echar un vistazo a la calle Herbertstraße. Gratuito Ubicada en el barrio más canalla que ver en Hamburgo, Sankt Pauli, y con tan solo 60 metros de longitud. Es conocida como ‘la calle de las putas de Hamburgo’, ya que en ella se exhiben las prostitutas en escaparates, al estilo del Barrio Rojo de Ámsterdam. ¡Ojo! No se permite el paso a mujeres ni a menores de 18 años (esto último sí que lo entiendo). 7. Admirar el ayuntamiento. Gratuito El edificio más icónico que ver en Hamburgo es de una apabullante belleza. De estilo neorrenacentista, ocupa una superficie de 17.000 m² y tiene 647 habitaciones, seis más que el Palacio de Buckingham. No dejes de entrar al restaurante Parlament, situado en uno de los laterales del ayuntamiento, un impresionante local de 2.900 m². 8. Comprar una pistola. Desde 129 euros La ley de posesión de armas que rige en Alemania hace posible adquirirlas como si de unos pantalones se tratara. Aunque hay que tener un permiso especial, no deja de ser chocante este tipo de escaparate. 9. Cenar flammkuchen. Alrededor de 8 euros Su nombre significa ‘cocinado en las llamas’ y data de principios del siglo XX, cuando se ponían pequeños trozos de masa para hacer pan dentro del horno y comprobar de esa manera la temperatura del mismo. Un buen día alguien decidió que, si se les añadía algún ingrediente, se conseguiría un bocado rápido y económico. La receta tradicional lleva nata líquida, cebolla y panceta. 10. Comprarse un auténtico traje de marinero. Desde 29.90 euros En el puerto, abundan las tiendas donde comprar todo tipo de material, recuerdos y prendas de vestir relacionados con el mundo del mar, como estos divertidos trajes de marinero, gorras, chubasqueros, botas… 11. Patinar sobre hielo. 4,50 euros Si eres valiente y estás en forma, puedes pasar un rato de lo más divertido en alguna de las pistas de patinaje sobre hielo que se instalan durante el invierno. ¡Ideal si viajas con niños! 12. Degustar una currywurst. 3 euros El fast food por excelencia alemán. Se trata de una salchicha asada o cocida, cortada en trozos, cubierta de ketchup y curri en polvo, y acompañada por un panecillo. Se sirve en una bandeja de papel para comerla tranquilamente por la calle. El snack de supervivencia ideal para aquellos viajeros que no quieren parar para comer ni rascarse el bolsillo. 13. Conocer el puerto de Hamburgo y sus astilleros desde un barco. 12 euros Fundado en 1189, es el mayor de Alemania y uno de los más grandes del mundo. Hay compañías que ofrecen cruceros de una hora y media de duración (algunos con comida o cena) y se adentran en la zona de las astilleros, donde se han construido varios de los barcos y yates más importantes del mundo, como el ‘Eclipse’ de  Blohm + Voss, propiedad de Román Abramóvich, con un valor de 340 millones de euros. Uno de los imprescindibles que ver en Hamburgo. 14. Tomar un chocolate caliente con ron. 4 euros Luego dicen de los españoles, pero los alemanes beben… y mucho. Cualquier ocasión es buena para ingerir alcohol y, si hace frío, aún más. En Hamburgo conocimos el chocolate caliente con ron, que entra de maravilla cuando la temperatura exterior es gélida. 15. Cenar auténtica cocina bávara. 10 euros Una encantadora pareja que conocimos en el mercadillo navideño nos recomendó el restaurante Franziskaner, cuya especialidad es la cocina bávara, con platos tan completos y contundentes como los que veis en las fotos. Aunque lo típico sería regarlos con una buena jarra de cerveza, nosotros preferimos una botella de riesling. 16. Pasear por el barrio más chulo que ver en Hamburgo: Sankt Pauli. Gratuito El centro de la vida nocturna de la ciudad y donde se ubica la calle Herbertstraße, que os hemos enseñado antes. En uno de sus locales, el Star-Club,

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‘Dinner by Heston Blumenthal’, dos estrellas Michelin en Londres

El Hotel Mandarin Oriental se encuentra frente la estación de metro de Knightsbridge. Una zona tan rica en Londres que si cierras los ojos y respiras profundamente, se puede oler el dinero. Allí se encuentra el ático más caro del mundo, adquirido el año pasado por un ucraniano que pagó la ‘módica’ cantidad de 160 millones de euros. Dentro de este lujosísimo establecimiento se ubica Dinner by Heston Blumenthal, restaurante del laureado cocinero británico Heston Blumenthal. Es dueño del tres estrellas Michelin The Fat Duck, y conocido como el creador de la ‘gastronomía molecular’. El comedor es grande y espacioso. Parte de la bodega se exhibe tras una vidriera. Al igual que la cocina, en la que trabajan más de 40 personas. De modo que se pueden ver las últimas fases de preparación antes de que los platos lleguen al comensal. El menú está inspirado en la historia de la gastronomía inglesa. De ahí que al lado de cada plato aparezca la fecha en la que se creó. Consta de ocho entrantes, diez principales y siete postres. Y abarca una amplia gama de sabores y gustos. Para ir abriendo boca, pan (al parecer, el mismo que sirven en The Fat Duck) y mantequilla orgánica. Buttered crab loaf -pastel de cangrejo- fue mi elección para comenzar. Se trata de una receta del libro “A Collection of Above Three Hundred Receipts in Cookery, Physick and Surgery. For the use of all good wives, tender mothers and careful nurses”, de Mary Kettilby, publicado en 1714. Fresco y con reminiscencias de pepino y limón, uno de los ingredientes principales en la cocina de Kettilby. Suave como un beso. Meat fruit, plato estrella de Dinner by Heston Blumenthal Meat fruit es el plato más emblemático de Dinner by Heston Blumenthal. Y con razón. En el siglo XVI era popular que la carne se ‘disfrazara’ como fruta y, por lo tanto, aquí el hígado de pollo está camuflado en gelatina de mandarina. Se agrega un tallo de verdad y tenemos una pieza de fruta en un tablero de madera con dos trozos de pan tostado. La ‘piel’ exterior tiene una calidad sedosa y un fuerte aroma a mandarina. En el interior se encuentra el más suave paté que hemos probado jamás. La ‘cáscara’ de mandarina aporta una dulzura maravillosa a un plato definitivamente inolvidable al que daba pena hincarle el cuchillo. Ingenioso y bello. The Black Foot pork chop, de 1820, es un grueso pedazo de cerdo pata negra español con salsa Rober (una especie de  mostaza marrón), asado en horno de leña. Lo acompañé de una guarnición de col negra ‘amantequillada’. Tierno y suculento a más no poder, se sirve con unas pequeñas cortezas y tiene un increíble sabor a humo. A pesar de pedirlo muy pasado podéis ver los jugos de la carne. Ideal. Está basado en la etapa en la que Marie Antoine Carême -reconocido cocinero, gastrónomo y arquitecto francés- residió en Inglaterra. Se hizo famoso por haber estudiado las salsas en la cocina gala. Cod in cider fue la elección de Jota. Un bacalao a la sidra inspirado en una receta de 1940 de Ambrose Heath, periodista londinense y escritor de más de cien libros de gastronomía. Cocinado a la perfección y servido con acelgas, mejillones y ajos fritos en una salsa delicada y aromática. Una guarnición de zanahorias fue el complemento perfecto. Tipsy cake o pastel borracho Junto con el Meat Fruit, el Tipsy Cake (pastel borracho) es el plato más popular en Dinner by Heston Blumenthal. Un tradicional bollo de leche empapado en brandy, que se sirve con piña asada a fuego abierto (como podéis comprobar en la foto de abajo). La fruta se carameliza por fuera, pero retiene la humedad en su interior. Se presenta en una pequeña cazuela de hierro y resulta esponjoso, dulce, mágico… Difícil describir todos los sabores que paladeamos. Data de 1810. Este pequeño bocado de chocolate fue cortesía de la casa. Éramos reacios a comerlo para que no nos quitara el regusto del Tipsy Cake. Decidirse por un vino en Dinner by Heston Blumenthal no es tarea sencilla. Más si tenemos en cuenta las cientos de referencias de su carta y la enorme variedad de precios, desde 40 a 14.000 libras. Elegimos un blanco francés que no nos obligara a fregar los platos antes de marcharnos. Nos sentamos en una sencilla, pero coqueta mesa con grandes ventanas, desde donde se contempla una hermosa vista de Hyde Park. El menú, por el que pagamos unos 180 euros (en 2012), resultó una experiencia maravillosa e irrepetible por la compañía, vistas, emplazamiento, amabilísimo trato del personal, fecha (Año Nuevo)… Y que fuese en una ciudad tan idílica para nosotros como Londres. Desde 2014, Dinner by Heston Blumenthal está galardonado con dos estrellas Michelin. Ah, y si os animáis a preparar en casa el Meatfruit, aquí os dejamos el enlace de un comensal que se atrevió y lo consiguió. No os olvidéis invitarnos a probarlo.

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El David de Miguel Ángel, cómo visitar una obra única en Florencia

La visión del David de Miguel Ángel es uno de esos recuerdos que se quedan en la mente con el paso del tiempo y fue hace ya más de quince años cuando ocurrió por primera vez. La mayoría de turistas entramos despistados a la Galleria de la Academia, en Florencia, tras una larga espera. Y transcurren minutos hasta que descubres dónde se encuentra situada la famosa escultura. La impresión más habitual es de admiración -boca abierta acompañada de una expresión tipo ‘wow’. Ya que uno no espera semejante grandiosidad. Con 5,17 metros de altura y casi 6 toneladas de peso, se trata de una de las obras maestras del Renacimiento realizada por Miguel Ángel, uno de los artistas italianos más grandes de todos los tiempos. Para evitar más de una hora de espera os aconsejamos comprar las entradas por Internet, lo que os dará acceso inmediato. Son más caras, pero el tiempo es oro. Una vez allí también existe la posibilidad de contratar un fast ticket que os permitirá saltaros la cola. El horario para ver el David de Miguel Ángel es de de 8:15 a 18:50 horas, de martes a domingo. Los lunes está cerrado. Podríamos contaros muchas más cosas de esta obra, pero sería tirar de Wikipedia. Aquí os dejamos el enlace. No pueden hacerse fotos con cámara, pero nadie dijo nada de móviles. Que nos perdonen los italianos… Si buscáis un restaurante típico para comer cerca del David de Miguel Ángel, os recomendamos la Trattoria Coco Lezzone, en el número 26 de la Via del Parioncino, o el Mercado Central de Florencia.

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De tapas en Salamanca, ruta por los mejores locales

Todos sabemos que tapear en Salamanca es hacerlo en una de las mejores ciudades del mundo. Pero hoy queremos mostrarte algunos lugares donde los pinchos han dejado la tradición para convertirse en pequeñas obras de arte. Olvídate de calamares y morunos, y empieza a familiarizarte con las ‘gastro-tapas’. Sin moverte de los alrededores de la bellísima Plaza Mayor, te proponemos establecimientos indispensables para disfrutar del nuevo concepto de tapas en Salamanca. Sus pilares, la cocina de mercado con productos autóctonos y mucha, mucha creatividad. Ruta de bares para para tapear en Salamanca Cuzco Bodega Juan del Rey, 5 En el número 5 de la calle de Juan del Rey se ubica Cuzco Bodega, de los propietarios del restaurante de igual nombre. Con una carta de tapas en Salamanca de lo más variada y un servicio realmente amable, ofrecen también raciones. Carpaccio de bacalao con tomate aliñado, burrito de pato confitado, canelón relleno de marisco en salsa holandesa… O una pequeña selección de mini hamburguesas: morucha, morcilla con cebolla caramelizada, pollo al curri o rabo de toro. Los ‘callos de mi madre’ son, sencillamente, impresionantes. Oro Viejo Plaza de San Benito, 5 Héctor Carabias cuenta con una dilatada experiencia, habiendo trabajado con algunos de los cocineros de mayor reconocimiento de España. En Oro Viejo trabaja producto de primera calidad para recuperar sabores tradicionales. Croquetas de cocido con mermelada de pimientos asados, taco de panceta asada, salsa de curri, boniato asado, encurtidos y cilantro, ceviche de salmón, leche de pomelo, canchita y tamarindo… Tapas 2.0 Felipe Espino, 10 Nuestros lectores ya conoceréis Tapas 2.0, uno de nuestros favoritos para tapas en Salamanca. Actualmente, cuentan con dos locales regentados por Jorge Lozano -en la cocina- y Soraya Sánchez -detrás de la barra-. Hemos ido probando muchos de sus pinchos en diferentes visitas. Patatas bravas, croquetas, sopas de ajo, menestra de verduras con cordero, patatas con costilla, mejillones en escabeche casero, callos y morros de ternera guisados… iPan iVino Felipe Espino, 10 Luis de Andrés cambió Madrid por Salamanca, pero conseguió hacerse hueco rápidamente en la gastronomía charra. iPan iVino es ya un referente de las tapas en Salamanca. Con una carta en formato de ración y media ración, su oferta de vinos es una de las más interesantes de la Ciudad del Tormes. Mollejas de ternera con curri rojo, timbal de morcilla, pera y queso de Hinojosa, burrito de secreto ibérico con achiote, verduras y guacamole, sardinas ahumadas con ajoblanco… Dispone de menú diario de lunes a viernes no festivos. La Sastrería Del Mercado Plaza del Mercado, 8 Mollete de carne mechada con queso fundido y trufa, burrito de pollo con kimchi y pico de gallo, ensaladilla rusa del sastre, alcachofas en tempura con parmesano y barbacoa japo… La Sastrería Del Mercado se adaptó como un guante a la oferta de tapas en Salamanca desde que abrió sus puertas. Y ya es otro imprescindible. Las Tapas de Gonzalo Plaza Mayor, 23 Bravas, croquetas de jamón ibérico, manitas de cerdo, steak tartar de morucha, sashimi de atún rojo… Si buscas tapas en Salamanca con vistas a la Plaza Mayor, Las Tapas de Gonzalo es tu sitio. Producto de calidad y creatividad son dos de sus señas de identidad. Vinodiario Plaza de los Basilios, 1 Con una de las mejores cartas de vinos por copas para tapear en Salamanca, Vinodiario cuenta, además, con una coqueta terraza. Tostas, tablas de embutidos, ensaladas muy apetecibles y propuestas como papas arrugadas con mojo picón verde o pasta fresca con parmesano y rúcula, te esperan. ¿A qué estás esperando para descubrir las mejores tapas en Salamanca?

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Un paseo por Portobello Road Market, cita obligada en Londres

Principalmente conocido por sus antigüedades y objetos de segunda mano, Portobello Road Market ocupa cerca de dos kilómetros. Está localizado en el distrito de Notting Hill, dentro de uno de los barrios más pudientes de la capital inglesa. Y ha sido retratado en multitud de películas, siendo hogar de famosetes varios. Portobello Road Market, para encontrar casi de todo Ropa vintage, zapatos, vinilos, libros, tebeos, joyas, muebles, cerámica… Es posible encontrar de todo cada sábado en el mercado de Portobello Road Market. Algunos puestos tienen verdaderas preciosidades, como viejas cámaras de fotos, maletas o máquinas de coser que dan ganas de llevarse para decorar la casa. Los precios, eso sí, no son nada baratos, rondando los 100 euros todo aquello que llamó nuestra atención. Si eres de los que la ropa te produce absoluta indiferencia, como a nosotros, habrá muchos tenderetes por los que pases de largo. Son los de la parte llamada Portobello Green Market (abierto viernes, sábados y domingos de 7 de la mañana a 6 de la tarde). Sí nos llamó la atención la oferta gastronómica, donde puedes encontrar frutas, verduras, carne, pescado, panes, pasteles… E, incluso, demostraciones de cocina en vivo y multitud de productos gourmet. Lo ideal es comprar comida para llevar y degustarla mientras sigues paseando. España está muy presente en Portobello Road Market, con varias tiendas y restaurantes. Como el negocio familiar de Churros García, finalistas en los Street Food Awards en 2010, o R. García&Sons. En esta última, damos fe que es posible encontrar todo producto nacional que se precie. Desde chistorra a sangría Don Simón, pasando por agua de colonia Álvarez Gómez. Si hay algo que despierte la curiosidad de los londinenses y turistas son las paellas, que se preparan a pie de calle y huelen de maravilla. Pero existe la posibilidad de probar comida de muchos otros lugares: pizas y focaccias, chicken massala, woks, kebabs… No es una propuesta tan amplia como la de Candem Market, pero no está nada mal. Aunque nuestro favorito sigue siendo Borough Market. Portobello Road Market abre todos los días de la semana hasta las siete de la tarde durante las fechas navideñas -más tarde de lo habitual-. Hora perfecta para relajarse en alguno de los pubs de la zona. Una de las mejores opciones para llegar es el metro, parada Notting Hill Gate. En autobús las líneas son 7,12, 23, 27, 28, 31, 70, 94 y 328.

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‘El Caldero’, cocina murciana en el corazón del barrio de Huertas

Con casi 50 años de trayectoria a sus espaldas, El Caldero Madrid es uno de los restaurantes más clásicos de la zona de Huertas. Este elegante restaurante ofrece comida tradicional murciana y su especialidad son los arroces y pescados de temporada, que traen directamente del puerto de Cabo de Palos. Una carta de los más suculenta y para todos los gustos Chuleta de chato murciano con berza al vino de Jumilla, zarangollo murciano con gamba roja, buñuelos de bacalao, almejas a a la marinera o atún rosa con verduras son algunos de los platos que ofrecen en la elaborada y apetecible carta de El Caldero Madrid. Con un grupo de blogueros e invitados por su agencia de comunicación pudimos degustar un menú de lo más suculento. Ensalada murciana, compuesta por tomate sin piel, cebolla, atún, bacalao, huevo cocido y aceitunas negras. Surtido murciano (mojama, huevas, bonito, morcón y longaniza roja y blanca). Zarangollo murciano (revuelto de huevo con cebolla y calabacín). El arroz al caldero, que se sirve en el espectacular artilugio que podéis ver más abajo, se acompaña de alioli y mújol gratinado. El mújol es un pez de aguas mediterráneas que abunda en la región de Murcia. El secreto de su sabor reside en la ñora que se utiliza para el sofrito y el pescado de roca que se usa para el caldo. Rematamos con una fideuá de mariscos, sabrosísima, pero que fue totalmente eclipsada por el plato anterior. De postre, un dulce tocinillo de cielo y sorbete de limón al cava. Regamos esta comida con vinos de Murcia. Un tinto con seis meses de crianza en barrica, Hécula 2009, y un blanco, ambos de Bodegas Castaño (Yecla). La carta de El Caldero Madrid se presenta en un iPad y la parte de vinos ofrece un sistema denominado Vinipad, que bajo el lema Think, Touch, Taste, permite la visualización de la botella e información sobre la uva, añada, cata… El Caldero Madrid tiene otra sede, además de la de Huertas, 15, en el número 2 de la Travesía de Téllez.

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‘Koy Shunka’, cocina japonesa con estrella Michelin en Barcelona

¿Qué te parecería admirar en primera fila el portentoso quehacer de más de una docena de cocineros nipones? En el restaurante japonés de Barcelona Koy Shunka, ubicado en el número 7 de la calle Copons, a un tiro de piedra de la Catedral, puedes. La mejor materia prima española Hideki Matsuhisa, padre del archiconocido Shunka, creó hace cuatro años esta versión más refinada de la exitosa taberna en la que degustar la gastronomía de Japón en todo su esplendor. Eso sí, fusionada con las mejores materias primas de las costas catalana: gamba de Palamós, espardeña o salmonete. Y también de nuestro país: atún de almadraba de Cádiz, secreto ibérico, rovellón o percebe. La cocina abierta de Koy Shunka, todo un espectáculo La puesta en escena de Koy Shunka no puede resultar más acertada. La sala principal acoge la cocina abierta. Rodeada de una barra para alrededor de veinte personas en la que contemplar el concienzudo trabajo -y buen rollo- de los chefs. Y recibir de ellos las oportunas explicaciones sobre lo que vamos a probar. Todo un espectáculo. Menú Koy de ocho platos Nosotros elegimos el menú Koy, de ocho platos, ya que nos pareció una buena manera de probar de todo un poco. Sentaros a nuestra barra y disfrutad de este paseo con los cinco sentidos. A ver qué os parece el que para muchos es mejor restaurante japonés de España. Comenzamos con gin tonic de té verde y cremita de miso, foie, mandarina japonesa y sake, servido con patatas chips de boniato para utilizar a modo de cuchara. Y una crema de shiitake con alga kombu, dos aperitivos deliciosos. Mi primer plato, ya que no me gustan las ostras, fue pulpo asado con coliflor, zanahoria y gelatina de bonito. Preciosamente ‘dibujado’ en una fuente satinada. Jota sí se atrevió con la ostra con dashi, un caldo muy utilizado en la cocina nipona que aquí se sirve gelatinizado. El sashimi de calamar, originalmente presentado en una brocheta suspendida sobre una bandejita. Se acompaña de varias salsas: wasabi, sésamo negro, ciruelas… Seguimos en Koy Shunka con nigiri de sepieta con pesto de shiso, una planta de sabor similar al hinojo, con propiedades antiinflamatorias. Se toma junto a una intensa sopa de miso servida en taza de café. Aunque la siguiente foto parezca un cuadro se trata de rovellones y secreto ibérico a la brasa con palomitas de arroz. Curiosa utilización de técnicas japonesas para cocinar productos españoles. Sin palabras nos quedamos tras el sashimi de atún (ventresca y lomo), delicado, fresco y sabroso. La tempura de vieiras y langostinos con setas de temporada es de 10. Esponjosa, melosa y suave, sin rastro de aceite gracias a la rejilla sobre la que se presenta. La ternera wagyu en cazuela japonesa, con rebozuelos, en una sabrosísima salsa, se termina de hacer en el propio plato. Inolvidable. El homenaje en Koy Shunka se cierra con su propuesta de sushi. En nuestro caso fueron nigiris de jurel, gamba de Palamós, ventresca de atún flambeada y anguila del Delta del Ebro. ¡Creo que el aspecto ya lo dice todo! El postre consiste en un bizcocho de chocolate y frutos rojos con helado de yogur, mandarina japonesa y menta, ideal para hacer la digestión de un menú que te hace gozar de principio a fin. Acompañamos esta comida con un cava Gramona Imperial, perfecto. Menús Koy Shunka 2021 Nuestro menú de Koy Shunka costó 72 euros por persona (año 2012), bebidas aparte. En 2021 el precio es de 95 euros (IVA incluido). Existe otro, denominado (G)astro, de 139 euros. En el comedor se puede pedir a la carta, pero te recomendamos encarecidamente la barra. Un restaurante japonés en Barcelona indispensable para cualquier amante de la comida nipona.

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