Nombre del autor:Marta Carnero

Los colores y sabores de Marrakech, la ciudad con más vida de Marruecos

Es, junto a Rabat, Fez y Mequinez, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos. Con algo más de millón y medio de habitantes, y situada al pie del Atlas, su atractivo turístico la hace más que recomendable para una visita de dos o tres días. Al no ser demasiado extensa y concentrar los lugares más típicos, es ideal para recorrer a pie. Aquí te mostramos qué ver en Marrakech. Qué ver en Marrakech 1. El Jardín Majorelle Situado en la Rue Yves Saint Laurent, el Jardín Majorelle es una de las principales atracciones que ver en Marrakech. Fue diseñado por el pintor francés Jacques Majorelle y recuperado en los ochenta por el modisto Yves Saint-Laurent y su pareja, Pierre Bergé. Esconde centenares de especies botánicas, da cobijo a pájaros desconocidos en otras latitudes y alberga un museo de arte bereber repleto de abalorios, ropajes, cerámicas, textiles y bocetos hechos por su fundador. 2. Madraza de Ben Youssef Fundada en el siglo XIV por el sultán Abou el Hassan, es uno de los lugares más fotografiados que ver en Marrakech. Sobre todo, sus ventanas -es típica la instantánea de ventana a ventana asomando la cabeza al patio principal-. Más de 800 estudiantes memorizaban el Corán en sus instalaciones antes de ser destruida por los saadíes. Su sala de rezos impresiona, así como las numerosas inscripciones que pueden leerse en sus azulejos y paredes, algunas de madera. 3. Mezquita Kutubia El edificio más alto que ver en Marrakech fue construido en el siglo XII y se encuentra en el interior de la Medina. Es famosa por su minarete de base cuadrada y no puede visitarse. Al anochecer, con el ruido del cercano zoco y el intenso tráfico de la zona, resulta mágica. 4. Plaza Jemma el Fna Puede que sea la plaza con más vida de toda África. Encantadores de serpientes, cuentacuentos, tatuadoras de henna, músicos callejeros, vendedores… Al caer la noche, la Plaza Jemma el Fna es invadida por decenas de puestos donde saborear el sabor marroquí más auténtico. Un poco más abajo, te recomendamos uno de los mejores quioscos para cenar en este imprescindible que visitar en Marrakech. Mientras, tómate un zumo de naranja recién exprimido por menos de un euro. 5. Zoco de Marrakech El lugar perfecto que ver en Marrakech para los amantes de las compras. Y para los que no lo somos, un sitio donde curiosear y disfrutar de un laberinto de callejuelas donde los tenderos esperan hacer su particular agosto con los turistas más despistados. Ropa, especias, artesanía, cuero, productos típicos y comida para los más valientes (suele estar expuesta al público y es habitual que sea lugar de concentración de moscas y otros insectos). Los artesanos están agrupados por gremios: cesteros, peleteros, ferreteros… Imprescindible. 6. Museo de Marrakech Fue restaurado y rehabilitado como museo por Omar Benjelloun, coleccionista y mecenas. Se trata de una casa típica marroquí donde se organizan exposiciones no permanentes de arte contemporáneo y se exponen objetos de cobre, armas, vestimentas y joyas bereberes. El precio de la entrada es de algo más de 5 euros. 7. Palacio Bahia Es una de las obras arquitectónicas más importantes que visitar en Marrakech. Data de finales del siglo XIX y su construcción duró más de una década. Con más de 150 habitaciones -todas ellas vacías excepto sus espectaculares techos-, la parte más llamativa del Palacio Bahia es el harén de Abu Bou Ahmed, donde convivían sus 4 mujeres y 24 concubinas. 8. Le Bain Blue Es el baño árabe que elegimos para este recomendable ritual. Tras una exfoliación con jabón negro al eucaliptus (en la que casi nos quedamos sin piel), un baño hidratante de pies a la sal marina con aceites esenciales de lavanda y menta y un pequeño chapuzón en el jacuzzi, llegó la mejor parte, un masaje relajante al aceite de Argán. El tratamiento en Le Bain Blue, que dura algo menos de dos horas, termina en una sala de reposo donde te obsequian con un vaso de té a la menta. ¿Dónde comer en Marrakech? El puesto 14 de la Plaza Jemma el Fna No entraría en el calificativo ‘restaurantes en Marrakech’, pero es la primera de nuestras recomendaciones. Rodeados de lugareños, sin cubiertos ni servilletas, déjate querer por la mejor comida marroquí: una deliciosa ensalada de berenjenas, calamares, pescado a la romana y pimientos fritos. Todo ello, con un par de refrescos, por menos de 10 euros. Hay muchos más puestos en esta plaza, con camareros pesadísimos que casi te obligarán a sentarse a sus mesas. Nosotros, la primera noche, no tuvimos tanta suerte y la experiencia fue bastante mala… Una pena no haber leído antes las recomendaciones de la dueña de nuestro riad, que nos indicó expresamente el número 14. Le Salama Hay muchos restaurantes en Marrakech y cuesta decidirse. A pesar de que llegamos más tarde de las 3, nos atendieron sin ningún problema, algo lentos, pero seguros. Probamos un surtido de comida marroquí en forma de aperitivos -13 platillos de lo más variopintos- y un tajine de pollo con limones encurtidos y aceitunas. Merece la pena pasar algo de calor en su terraza para contemplar los tejados de la cercana medina. A partir de las cinco, comienza la happy hour de Le Salama, con dos por uno en cócteles y otras bebidas alcohólicas. Le Relais de Paris Si te has cansado de la comida marroquí, lo mejor es que te acerques a uno de los restaurantes en Marrakech con más encanto, ubicado en el lujoso Hotel Les Jardins de La Koutoubi, al lado de la Plaza Jeema El Fna. Tómate un cóctel sentado frente a su espectacular piscina antes de hincarle el diente a un jugoso filete de ternera con la salsa secreta que ha hecho famoso a Le Relais de Paris. Te parecerá increíble que desde su terraza no se oiga ni un solo ruido. Vinos de Marruecos No te olvides de beber vino para acompañar cualquier comida marroquí como si no hubiera mañana. Para Jota y para mí fue, sin duda, el descubrimiento del viaje. Guerrouane es una de

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Boston, 35 motivos para enamorarse de la capital de Massachusetts

Boston, capital de Massachusetts, es una de las ciudades con más historia de los Estados Unidos. Ideal para peatones como nosotros, invita a recorrer sus cientos de rincones cámara en mano y ojos bien abiertos para no perder detalle. Hemos recopilado 35 motivos por los que ya se ha convertido en uno de nuestros destinos favoritos al que, a buen seguro, regresaremos en un futuro. Descubre qué ver y hacer en Boston. Qué hacer en Boston 1. Acariciar mantarrayas en el acuario (Central Wharf) Uno de los lugares que ver en Boston perfectos para ir con niños es el New England Aquarium. Recibe más de un millón de visitantes al año y ofrece la posibilidad de acariciar mantarrayas como las de la fotografía, además de otras actividades educativas. En su tanque central, con casi 800.000 litros de agua marina que dan cobijo a alrededor de 700 animales, destacan tortugas gigantes y tiburones. Y en la primera planta, un hábitat diseñado para albergar a cerca de 80 pingüinos de 3 especies diferentes. Hay distintas atracciones dependiendo del día de la semana, como espectáculos en vivo con focas y leones marinos o la hora de la comida de los ‘pájaros bobos’. El precio es de 32 dólares por adulto y 23 para niños entre 3 y 11 años. Los menores de 3 pueden acceder de manera gratuita. 2. Avistamiento de ballenas (Boston Harbor Cruises) Para disfrute de pequeños y mayores, una de las actividades más fascinantes que hacer en Boston es un crucero para contemplar ballenas piloto, jorobadas, aladas y de aleta. El trayecto dura alrededor de 2 horas y llega hasta el Stellwagen Bank National Marine Sanctuary, a 40 kilómetros de la ciudad, y una de las áreas marinas salvajes más importantes del mundo. Si no consigues ver ninguna ballena, la compañía te entregará un ticket para que regreses otro día. Y, si tienes suerte, podrás observar más de 30, como nos ocurrió a nosotros. Pensando en familias, existe un paquete especial para 4 miembros por 140 dólares. El precio por adulto es de 55 dólares. No olvides las gafas de sol, una gorra y protector solar. 3. Degustar langosta de Maine en Barking Crab (88, Sleeper Street) Al aire libre, con largas mesas de madera compartidas con otros comensales, y unas maravillosas vistas del puerto, se ubica Barking Crab, especializado en mariscos y pescados frescos. Degustar una langosta de Maine a la parrilla o unas patas de cangrejo de Alaska, junto a una Samuel Adams (cerveza local) bien fría, debería ser obligatorio que hacer en Boston para cualquier turista. 4. Fotografiar Beacon Hill Calles de adoquines, pequeñas y estilosas tiendas de comestibles o decoración y un buen puñado de vecinos dedicados a la política, hacen de este barrio uno de los más exclusivos que ver en Boston. Sus casas adosadas y farolas, algunas de las cuales todavía funcionan con gas, aportan un toque lleno de encanto. Es sede del Massachusetts State House, donde trabaja el gobernador del estado. 5. Descansar en Boston Common Con casi 400 años de antigüedad, es uno de los parques con mayor solera de los Estados Unidos y uno de los más bellos que ver en Boston. Alberga un centro de visitantes y desde él salen la mayoría de rutas y excursiones que recorren la ciudad. Perfecto para hacer un alto en el camino con un café para llevar de alguna de las numerosas cafeterías de la zona. 6. Divertirse con los Boston Duck Tours (salida desde diversos puntos) Una de las actividades más divertidas que hacer en Boston es este tour que hace la mitad de su recorrido por tierra y la otra mitad, por agua. Como suele pasar en este tipo de ‘atracciones’, los conductores -en este caso, conducktores- hacen que la experiencia sea de lo más amena. 7. Visitar Cambridge Uno de los barrios residenciales más fascinantes que ver en Boston. Repleto de vida, es famoso a nivel mundial por su universidad, Harvard, donde estudiaron mentes tan inquietas como las de Barack Obama, Al Gore o Mark Zuckerberg. Allí se ubica el MIT, fundada en 1861, designada como la universidad más selectiva de los Estados Unidos y la escuela de ingeniería más importante del mundo. Entre sus graduados hay 76 premios Nobel. 8. Descubrir que Cheers, en realidad, nunca se rodó aquí (84, Beacon Street) Estrenada en 1982, Cheers fue una de las series de nuestra infancia (si naciste en los setenta). Los exteriores del bar en el que transcurría la trama son los de este pub ubicado en Beacon Hill, pero la verdad es nunca se rodó una sola escena en su interior ni se parece en nada a aquel en el que Ted Danson ‘trabajaba’ de camarero. Sí han construido una réplica del que veíamos en televisión en Quincy Market, del que os hablamos un poco más abajo. 9. Comprar galletas de la suerte en Chinatown (Beach Street) Sin ningún tipo de interés arquitectónico y con mucho menos encanto que el de otras urbes como Nueva York, Londres o San Francisco, merece la pena un paseo para los que quieran degustar auténtica comida asiática en alguno de sus numerosos restaurantes. 10. Aprovechar la Go Boston Card Una de las mejores formas para ahorrar es adquirir alguna de las tarjetas que incluyen entrada gratuita o importantes descuentos a las principales atracciones que ver en Boston, como la Go Boston Card. Sus precios oscilan desde 65 dólares, para un solo día, a 190 para una semana, y es más que recomendable. Las de mayor duración permiten el acceso a las más costosas, como el avistamiento de ballenas, o una considerable rebaja en los ferris a Martha’s Vineyard o Nantucket. 11. Inmortalizar el skyline en Fan Pier (One Marina Park Drive) El lugar ideal para conseguir una fotografía del skyline de Boston es este muelle donde se han edificado algunos de los condos más exclusivos de la ciudad. Alejado del mundanal ruido, es un paseo de lo más relajante mientras se contempla sentado en un banco el ir y venir de las embarcaciones. 12. Patear el Fine Arts

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Takayama, remanso de paz y ternera de Hida en los Alpes japoneses

¿Qué ver en Takayama? Con menos de 100.000 habitantes y ubicada en plenos Alpes Japoneses, se convirtió en un remanso de paz después de visitar algunas de las urbes más pobladas de Japón, como Tokio u Osaka. Tras un agradable viaje en tren desde esta última, hicimos una parada técnica en Nagoya para cambiar un ultramoderno shinkansen por el encantador Limited Express Wide View Hida. En él es posible girar los asientos hacia la ventanilla para poder contemplar los inolvidables paisajes que atraviesa durante su recorrido de 2 horas y media. Es entonce cuando llega a Takayama, ciudad que puede visitarse a pie y en 24 o 48 horas. Aquí te damos algunas ideas para aprovechar tu tiempo. Qué hacer en Takayama 1. Comprar fruta en Miyagawa Morning Market Es el lugar ideal que ver en Takayama para comenzar la jornada, ya que abre a diario de 6 a 12 de la mañana, de abril a octubre, y de 7 a 12 el resto del año. Verduras frescas, leche y otros productos de alimentación, artesanía local o recuerdos de la zona, a precios más que razonables. La mayoría de las tenderas, que suelen ser mujeres de granjeros, habla el dialecto de Hida, denominado ‘kakasa’. 2. Hacerse con un sarubobo Estos muñecos rojos con forma humana son tradicionales de la ciudad. Antiguamente eran elaborados por las abuelas como juguete para sus nietos y amuleto para el buen matrimonio de sus hijas. Ya que -dicen- sirve como protección contra cosas negativas, un hogar feliz con tu pareja, así como parir sin ningún tipo de problema. 3. Curiosear en una carnicería Son tan limpias y están tan ordenadas que desearás tener una cocina a mano para comprar unos buenos filetes y prepararlos para cenar. No debe de ser muy extraño que a los turistas nos llame la atención, ya que nos dejaron hacer fotos sin problema. 4. Visitar una fábrica de sake Fácilmente reconocibles por las bolas hechas de ramas de cedro que lucen en sus puertas, se cuentan por docenas. Ten cuidado con los horarios, ya que Takayama es una ciudad casi muerta a las cinco de la tarde, cuando cierran la mayoría de negocios. En muchas de ellas es posible realizar una cata, previa reserva.  5. Mostrar tus respetos en el Templo Hida Kokubun-Ji El templo más antiguo que ver en Takayama y uno de los más céntricos. En su interior puede contemplarse un árbol de la longevidad con más de 1.000 años. 6. Conocer una Casa Patrimonio Algunas, como la de la familia Yoshijima, son originarias del siglo XIX y las más antiguas que ver en Takayama. Están abiertas a los visitantes por algo más de 500 yenes. 7. Pasear por el centro histórico Tiendas, cafés, restaurantes… Y centenarias casas que han sido convertidas en museo y abiertas al público para dar una idea de cómo era la vida de sus habitantes hace siglos, hacen de esta parte que ver en Takayama un paseo agradable y muy, pero que muy tranquilo. 8. Ir de excursión a Shirakawa-go Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995, Shirakawa-go se encuentra situada entre Takayama y Kanazawa, a unos sesenta minutos en autobús de la primera. Sus características viviendas, de un estilo arquitectónico conocido como Gassho-zukuri, te transportarán a otra época.  ¿Dónde y qué comer en Takayama? Un buen puñado de restaurantes y pequeñas izakayas son las opciones para comer en Takayama. Ya os hemos advertido que tengáis cuidado con los horarios, ya que muchos están cerrados más tarde de las 9 de la noche. Nosotros, tras probar suerte en varios locales donde ya no nos atendieron, encontramos dos sitios magníficos. Ambos, con especialidad en ternera de Hida. Syusai (6 Chome-9-8 Hanasatomachi) En Syusai, probamos algunos platos con la misma carne y de lo más sorprendentes, como Hida beef grilled with miso on hoba leaf, ternera de Hida bañada en pasta de miso que se cocina lentamente sobre una hoja colocada encima de un pequeño calentador. O Hida beef ‘Ishi-yaki-Hitsu-Mabuchi’, ternera de Hida con arroz que se termina de cocinar en la propia mesa con sake caliente. Maruaki (6-8 Tenmanmachi) Lo encontramos por casualidad dando un paseo vespertino y nos llamó la atención que también fuese una tienda de carne. Viendo el aspecto que tenía la mercancía, no lo pensamos dos veces y cenamos allí la más deliciosa y tierna ternera de Hida que uno pueda imaginar. Cada mesa en Maruaki dispone de su propia barbacoa, por lo que es perfecto para darle el punto que uno quiera sin tener que preocuparse de si la dejan demasiado cruda o muy hecha. Nos animamos a regarla con un tinto de los Alpes japoneses (nada recomendable). ¿Dónde dormir en Takayama? Nosotros reservamos dos noches en el Washington Hotel Plaza, justo enfrente de la estación de JR Takayama. La nuestra era una habitación doble superior, bastante más amplia que las estándar (merece la pena). Disponen de conexión wifi y es un sitio limpio y correcto, sin más. El precio en solo alojamiento es de unos 120 euros por noche. Festival de Takayama Aunque no coincidió con nuestra visita, parece que tanto el de primavera como el de otoño están clasificados entre los tres más bonitos de Japón. Carrozas centenarias pasean por las calles de la ciudad ante la mirada de los miles de turistas que se acercan desde todos los rincones del país. ¿Te ha gustado este sabroso paseo? ¿Has tomado buena nota de todo lo que hay que hacer en Takayama?

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‘Sem-Fim’, un restaurante muy romántico en el Alentejo portugués

Una antigua fábrica de aceite, una estufa de leña, velas, flores… ¿Suena romántico? Lo es. Y si le sumas que el restaurante Sem-Fim se encuentra en Monsaraz, bellísimo pueblo del Alentejo portugués, lo convierte en imprescindible si planeas visitar esta zona. El padre de Tiago Kalisvaart, artista y arquitecto holandés, compró este viejo almacén en 1994. Y lo restauró durante dos años, conservando colores, vigas, suelos y muchos de los elementos empleados en la elaboración del aceite. Como la almazara o los tanques de conservación. Unos años más tarde nacía Sem-Fim, encantador establecimiento que regenta su hijo con auténtico entusiasmo. Además, las pinturas y esculturas de su progenitor se exhiben en una reconvertida galería de arte. Antes de este almuerzo, que formaba parte del Amieira Trip, y tras recorrer las instalaciones y conocer la historia familiar de la mano de Tiago, realizamos una pequeña cata de aceites en el bar colindante. Más ‘oro líquido’, acompañado de aceitunas de la zona y un poco de queso artesanal de Rio de Moinhos, ambos imprescindibles en los aperitivos lusos. Abrimos boca con esta seta gigante, gurumelo, cocinado a la brasa con sal, sencillamente deliciosa. Una sopa de tomate para el recuerdo en Sem-Fim El primer plato ya había captado nuestra atención desde que lo anunciaron: sopa de tomate con queso y huevo escalfado. Típico de la gastronomía portuguesa y tan sabroso que no te quedará más remedio que repetir. Una sopa con alma, hecha con cariño, inolvidable… Y una de las especialidades de la casa, que también preparan con ajo y bacalao, espinacas o pescado. No podía faltar a la mesa el guiso más servido de la cocina lusa, bacalao. El nuestro era receta de la casa, servido con ensalada de la huerta, cebolla frita y patatas cocidas. Durante este viaje hemos descubierto que nuestros vecinos son unos grandes consumidores de pulpo. Y que, además, lo cocinan estupendamente. Este era salteado con patatas nuevas, tierno y en su punto, una delicia. Para completar el menú, solomillos de cerdo salteados al whisky. Otra creación jugosa, rica y colorida, como todas las que degustamos en el restaurante Sem-Fim. Para terminar nos obsequiaron con un auténtico bodegón para los más golosos: arroz con leche, mousse de chocolate con fresas, migas dulces, fruta… Regamos esta comida con un tinto de la zona, Reguengos, una pequeña localidad de Évora, con poco más de 7.000 habitantes. En la decoración de Sem-Fim se ha cuidado hasta el mínimo detalle. Y si algo prima es la originalidad y sencillez: manteles de tela, jaulas de grillos, cribas de tejer, ovillos de lana, antiguas sillas de barbería… También cuenta con una gran terraza con espectaculares vistas al Alentejo portugués. En resumen, un ‘sin fin’ de buenas sensaciones, excelente comida y agradable servicio. Un sitio al que ya estamos deseando volver.

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La Cueva de Mendukilo, maravilla natural en Navarra

En el valle de Larraun, concejo de Astitz, a pocos minutos de Lekunberri, surge la Cueva de Mendukilo, que ofrece al visitante las profundidades de la Sierra de Aralar. Si bien durante muchos años su intimidad estuvo reservada a espeleólogos, ahora está abierta al público gracias a los trabajos de acondicionamiento llevados a cabo con gran esfuerzo y tesón. Fue una de las visitas que realizamos durante el Rural Trip organizado por Anartur, de la mano de Helena, de El Capricho de Helena. Y en el que compartimos excelentes momentos con otros blogueros por la zona nordeste de la Comunidad Foral. Gracias a la iluminación dinámica (ojo con quedarse rezagado) y a través de una pasarela flotante pudimos descubrir las entrañas de la tierra. Eso sí, siempre acompañados por una guía experta en la zona. Ella nos explicó al detalle las obras necesarias hasta conseguir hacer de esta maravilla de la naturaleza un lugar accesible en el que contemplar a escasos centímetros estalactitas y estalagmitas. El itinerario se inicia en el llamado Refugio de Pastores, el único lugar que permite la entrada de luz natural. A continuación, encontramos la Sala de los Lagos, con gran cantidad de formaciones geológicas fascinantes. Antes de llegar a la Morada del Dragón, de un tamaño que alcanza los 20 metros de altura en algunos puntos. Allí vivimos el momento más mágico de todos. Cuando se apagaron los focos y quedamos completamente a oscuras en un silencio sobrecogedor (no apto para claustrofóbicos ni miedosos). ¿Cómo llegar a la Cueva de Mendukilo? Desde Lekunberri hay que tomar la carretera que conduce al Santuario de Aralar y allí, el cruce hacia Madoz que aparecerá a la izquierda. Tras seguir este camino cruzaremos el río Larraun y llegaremos a Alli. Más adelante, antes de encontrar Astiz, veremos a nuestra derecha una carretera asfaltada por la que ascenderemos algo más de un kilómetro hasta llegar al aparcamiento y la casa de acogida. Es aconsejable reservar antes, ya que las visitas han de ser siempre guiadas y a partir de un mínimo de 5 personas. El precio es de 8 euros para adultos y 6 para niños hasta 10 años. Los adolescentes entre 11 y 17 años pagan 7 euros, y los jubilados, 6. La temperatura dentro de la cueva es de unos 8/10 grados, por lo que es recomendable llevar ropa de abrigo y calzado que evite resbalar con la humedad. ¿Dónde comer cerca? Son varios los restaurantes para comer cerca de la Cueva de Mendukilo. A 20 kilómetros por la A-15, en Leitza, puedes degustar la mejor comida tradicional navarra cocinada con auténtico mimo en Musunzar, con una deliciosa sopa de pescado o bacalao ajoarriero. Si eres amante de la carne, Maskarada es, definitivamente, tu restaurante. Se encuentra en Aralar, Pol. 12, Parc. 295 (Lekunberri), a 6 minutos por la NA-7500, y ofrece la posibilidad de comprar muchos de los productos de su carta. Si tu visita coincide con la temporada de txotx -de mediados de enero hasta finales de abril- no dudes en ir a probar un auténtico menú de sidrería en Martitxonea Sagardotegia, en Aldatz, a 11 minutos por la NA-7500. Y si lo que te apetece es un homenaje gastronómico de lo más original y creativo, tu sitio está en Orgi (Lizaso), a 32 minutos por la NA-411.

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Cómo ir de Gatwick a Londres en transporte público

El Aeropuerto de Gatwick es el segundo más grande de Londres. Y el segundo de mayor tránsito del Reino Unido tras Heathrow. Está ubicado en Crawley, West Sussex, a 46 km en dirección sur. Hoy te contamos cómo ir de Gatwick a Londres en transporte público. Cómo ir de Gatwick a Londres en tren First Capital Connect (cancelado) En nuestra última visita a Londres utilizamos el First Capital Connect, pero cesó sus operaciones en 2014. Thameslink Gatwick Thameslink es una de nuestras recomendaciones para ir desde Gatwick a Londres en transporte público. Realiza paradas en East Croydon, London Bridge, London Blackfriars, City Thameslink y Farringdon. Una de las mayores ventajas de Thameslink es su precio, más barato que Gatwick Express y Southern Railway. El trayecto desde Gatwick hasta St. Pancras International dura 45 o 55 minutos, dependiendo de las paradas. Sale cada 15 o 30 minutos, dependiendo de la franja horaria, hacia ambas direcciones. Puedes comprar los billetes en el aeropuerto o en su web. Si lo haces online, ahorrarás tiempo y dinero. La opción ‘anytime return’ es válida por un mes. Gatwick Express Si prefieres utilizar el Gatwick Express, has de saber que tarda 30 minutos en llegar hasta la estación de Victoria. Tiene una frecuencia de 15 minutos entre servicios, desde las 5 de la mañana hasta medianoche. El precio del billete es de unos 40 euros ida y vuelta, válido durante un mes. Los menores de 15 años tienen un descuento del 50%. Recuerda que reservando online resulta más barato. Southern Otra de las opciones para ir de Gatwick a Londres en tren la ofrece la compañía Southern. El viaje, por ejemplo, a Charing Cross, dura unos 50 minutos. Y a London Victoria, media hora. El precio, desde 17 libras por trayecto. Cómo ir de Gatwick a Londres en autobús easyBus, los minibuses de easyJet Otra de las opciones más baratas de ir de Gatwick a Londres son los minibuses de Easyjet, denominados easyBus. Salen desde las terminales Norte y Sur, y realizan paradas en Waterloo, Victoria or Earl’s Court. Dependiendo de la antelación con la que compres los billetes a través de su web, el trayecto puede costar desde 4 libras ida y vuelta. El viaje es un poco largo, unos 80-90 minutos, pero por ese precio desde luego que merece la pena. Los easyBus salen cada 15 minutos en las horas punta y funcionan de 4:00 a 1:00. Para usarlos no es necesario haber volado con la compañía easyJet. National Express El mayor proveedor de autocares del Reino Unido une Gatwick con 70 destinos desde ambas terminales, incluida la estación London Victoria. Los billetes se pueden reservar en línea o en los mostradores de National Express en el propio aeropuerto. Metrobus Más de 30 autobuses locales unen Gatwick con Londres cada sesenta minutos. Y algunos de ellos funcionan las 24 horas. Puedes consultar las diferentes líneas aquí. Cómo ir de Gatwick a Londres en taxi Sin duda, el modo más caro para ir de Gatwick a Londres. El recorrido en taxi dura más de una hora y el precio supera con facilidad las 100£. Se recomienda reservarlo con antelación en la propia web del aeropuerto.

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‘Elephant & Castle’, las mejores alitas de pollo en Temple Bar, Dublín

No recuerdo dónde leí que en Elephant and Castle preparaban unas alitas de pollo memorables, pero lo creí a pie juntillas y allí me planté en mi primera visita a Dublín hace ya unos cuantos años. Entonces viajaba sola y me llevé las que sobraron, ya que la ración era generosa y me negaba a desperdiciarlas. Regresar con Jota a lugares que he visitado antes supone la ventaja de ir ‘a tiro hecho’. Y, también, saber con seguridad que no va a quedar nada en el plato. Aquí tenéis las spicy chicken wings in a basket, estrella indiscutible de Elephant and Castle, que sirven con una tira de apio fresco y salsa muy picante que te hará chuparte los dedos. Tienen buena pinta, ¿verdad? También compartimos un par de platos más: crisp calamari salad with miso vinaigrette, ensalada tibia de calamares crujientes con vinagreta de miso. Maryland crabcakes with ruby slaw and smoked spicy mayonnaise, pastelitos de cangrejo rebozados acompañados de lombarda y mayonesa picante, suaves y deliciosos. La oferta de vinos en Elephant and Castle, como en todo el país, se reduce a australianos, chilenos, sudafricanos, franceses o italianos. Nos decantamos por este de las Antípodas de uva shiraz. Su hermana francesa, syrah, proviene de las zonas frías del país, mientras que esta lo hace de las cálidas. Como es costumbre en nosotros regresamos otra noche a Elephant and Castle para engullir más alitas de pollo y probar un par de hamburguesas caseras que pintaban estupendas. Estaban buenas de verdad. En esta ocasión nos dejamos acompañar por un recio vecino galo. El restaurante se encuentra en el número 18 de Temple Bar Street, con una inconfundible fachada de azulejos blancos. Elephant &Castle cuenta con varias sucursales en Dublín, además de la Temple Bar, en Rathmines, Monkstown, The Beacon, The Mayson (North Wall Quay), Churchtown, Blanchardstown Shopping Centre y Bray (located in MC’s & Harvey’s). También puedes encontrarlos en Cork.

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‘Brasserie la Roue D’or’, gastronomía belga en el centro de Bruselas

En pleno corazón turístico de Bruselas, a escasos metros de la Grand Place, se encuentra Brasserie la Roue D’or. Fue una de nuestras paradas durante el blogtrip Destino Bélgica. Está elegantemente decorada en madera y con murales que homenajean al pintor surrealista Magritte, cuyo museo puede visitarse en la ciudad. Es más que recomendable para hacer un alto en el camino y disfrutar de la mejor gastronomía belga por unos 25 euros/persona. La extensa carta de Brasserie la Roue D’or, además de los imprescindibles mejillones, ofrece caracoles, fondue de queso o salchichas de Lyon con lentejas. Y otras llamativas delicias como bacalao en costra de mostaza y perejil, estofado de conejo al estragón o anguila en salsa verde. Croquetas de camembert a la miel Hamburguesa, 200 gramos de excelente ternera que se sirve en su jugo, sin pan ni salsas, coronada con un huevo frito. Albóndigas de Lieja, de carne mixta. Aderezadas con el típico sirope de la misma localidad, melaza que se obtiene de la cocción del zumo de manzanas y peras. Atún rojo ‘mi cuit’ con especias Dispone de una gran variedad de postres, con especialidad en tartas caseras, aunque nos decantamos por opciones más frescas y ligeras para continuar nuestra visita por Bruselas. Brasserie la Roue D’or se encuentra en el número 26 de la Rue des Chapeliers.

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Hotel Harbour, un alojamiento con encanto marinero en Galway

Una de las paradas del Eyre Trip tuvo lugar en la bella localidad de Galway, desde entonces, una de nuestras ciudades favoritas por el encanto de sus calles, pubs y genial gastronomía basada en pescados y mariscos frescos. El Harbour Hotel Galway está situado junto al puerto, lo que le da un toque especial. Y su decoración homenajea este hecho dotando a sus habitaciones y zonas comunes de un aire marinero repleto de encanto. Aunque pensábamos quedarnos dos noches en el Harbour Hotel Galway, al final fueron tres, respetándonos el mismo precio con el desayuno incluido. La comodidad y limpieza de la habitación es de las que invita a permanecer más tiempo. El personal, joven y agradable, ayuda a que en todo momento te sientas cómodo y es de lo más servicial. El delicioso desayuno del Harbour Hotel Galway Cada mañana entre las 8 y las 10:30 (hasta las 11 en domingo) se sirve un delicioso desayuno que puede degustarse en modo bufet en su coqueto comedor o en la propia habitación. Entre las opciones para empezar el día con toda la energía posible no falta un desayuno irlandés completo. Huevos fritos, panceta, salchichas, judías, morcilla, champiñones, hash browns y tomates a la plancha, además de tostadas y café o té, aseguran que las fuerzas no te fallarán. Por supuesto, puedes elegir alternativas más sanas o vegetarianas, como porridge con nueces, semillas y fruta deshidratada, tortillas recién preparadas, fruta fresca, yogures o zumos. Los diferentes panes y bollería son de fabricación propia. Y una de las mejores muestras es el típico brown soda bread. Nos gustó del Harbour Hotel Galway – La conexión wifi gratuita. – El desayuno, abundante y variado. Ni sabemos las veces que tenían que reponer la comida (ya veis las fotos con bandejas medio vacías). – La decoración, en tonos azules, muy acogedora y marinera. – La situación, a un paso de todo. No nos gustó  – No poder quedarnos más noches. El precio del Harbour Hotel Galway es de alrededor 90 euros por noche. Si te apetece una cena romántica con langosta de la propia bahía, no dudes en reservar mesa en The Seafood Bar Kirwan’s.

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Un paseo por Essaouira, lugar único para hacer surf en Marruecos

Essaouira (Esauira en castellano) fue, junto a Casablanca y Marrakech, una de las paradas de nuestro viaje a Marruecos. Con cerca de 70.000 habitantes y una impresionante medina, es conocida con los sobrenombres de ‘La perla del Atlántico’ o ‘La Bella Durmiente’. Refugio de Jimmy Hendrix en los años setenta y escenario de películas como ‘Otelo’, de Orson Welles, o Alejandro Magno, de Ridley Scott, fue también el lugar elegido por ‘Juego de Tronos’ para la grabación de algunos de los capítulos de su tercera temporada. Si todo esto ha despertado tu curiosidad, descubre qué ver en Essaouira. Durante tres días, recorrimos sus estrechas calles y plazuelas llenas de encanto, coincidiendo con la celebración del Festival Gnaoua, evento más importante de los que se acoge la ciudad. Aquí te damos unos cuantos motivos por los que no debes dejar de visitar Essaouira. Qué ver en Essaouira 1. La Medina de Essaouira Catalogada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad desde 2001, Essaouira es el lugar ideal donde alejarse del mundanal ruido por el laberinto de callejuelas que la recorren. Comerciantes, lugareños y turistas se cruzan entre puestos de alfombras, ropas, artículos para practicar surf, herboristerías o pequeños cafés en los que disfrutar de un té a la menta. Un sitio mágico que ver en Essaouira en el que no es difícil perderse, como nos pasó a nosotros. Aunque tomes como referencia la Torre del Reloj, llegará un momento en el que olvidarás si entraste por la izquierda o la derecha. 2. La Plaza Moulay-Hassan Aunque está repleta de placitas, la de Moulay-Hassan tiene un encanto especial y es la más animada que ver en Essaouira. Cuenta con un gran número de terrazas en las que descansar para tomar un refresco o, incluso, un almuerzo ligero al sol. Los colores con los que está ‘decorada’, blanco y azul, le dan un toque muy ‘cool’. 3. Las playas de Essaouira Paraíso para los amantes del surf y los deportes naúticos, el fuerte viento que entra desde el Atlántico -y que ha hecho que sea apodada por algunos como ‘La ciudad del viento’- la ha convertido en un destino de lo más hippy. Por lo que no es extraño ver por sus calles jóvenes bronceados con su tabla bajo el brazo. Así como escuelas para aprender a practicar esta y otras actividades relacionadas con la vela y el mar. ¿Te imaginas a adolescentes marroquíes con rastas? Los hay. 4. El puerto de Essaouira El centro neurálgico se encuentra en el puerto, un punto imprescindible que ver en Essaouira. A primera hora de la mañana, los barcos llegan con la mercancía recién pescada que será subastada por la tarde o vendida en pequeños e improvisados tenderetes a pie de calle. No dejes de abrir boca con un zumo de naranja natural recién exprimido por 60 céntimos de euro. O comer en alguno de los pequeños restaurantes colindantes donde puedes elegir las piezas que deseas que te preparen a la parrilla por un precio casi ridículo. 5. Las tiendas de Essaouira La economía de Essaouira gira en torno a la pesca y el comercio (artesanía, joyería y marquetería), además de la industria textil y maderera. Es el sitio ideal para adquirir una alfombra hecha a mano, deliciosas pashminas u olorosas especias que nos transportarán de nuevo al continente africano cada vez que las utilicemos para cocinar. Aprovecha, también, para comprar aceite de argán puro. Mucho más barato que en España. La gastronomía de Essaouira Recibe diariamente los pescados más frescos. Por lo que es la especialidad en la mayoría de restaurantes de Essaouira, así como moluscos y mariscos a precios más que interesantes para los turistas españoles. Dos lugares con calidad y buenos precios son Seafood Corner y Zahra’s Grill. ¿Cómo ir de Marrakech a Essaouira? A pesar de que hay autobuses, es bastante complicado encontrar billete a no ser que se compren con bastante antelación. A la misma puerta de la estación, hay decenas de taxistas que se ofrecerán a llevarte por un 20 euros/persona en un coche compartido con otros turistas. El viaje por carretera, de unas dos horas, merece la pena por las imágenes tan chocantes que regala. Como las cabras trepadoras de árboles en la zona de Argán. Además de alimentarse de las hojas, dada la escasez de hierba que hay en esta zona de Marruecos, escupen las semillas que servirán para elaborar el afamado aceite de Argán. A la vuelta regresamos en un cómodo autobús, aunque el trayecto se nos hizo bastante más pesado: unas cuatro horas por algo más de 10 euros por pasajero. ¿Dónde alojarse en Essaouira? Como buena villa turística, hay un puñado de hoteles en los que alojarse. Nosotros elegimos el Sofitel Essaouira Mogador Golf & Spa, un cinco estrellas Gran Lujo que nos enamoró (desde 175 euros la noche con desayuno). Pero hay opciones más económicas y típicos riads. ¿Has estado en esta ciudad de Marruecos? ¿Nos recomiendas otros lugares que ver en Essaouira?

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