Author name: Marta Carnero

5 pistas gastronómicas para comer en la ciudad de Burdeos

¿Tienes pensada una escapada a la capital gastronómica de Francia? Toma buena nota de estos restaurantes para comer en Burdeos. 1. La Tupina Este encantador restaurante en Burdeos está situado en la Rue Porte de la Monnaie. Abierto en 1968, La Tupina dispone de varios espacios perfectamente diferenciados. Es un pequeño hotel de cinco habitaciones, café, brasería, tienda delicatessen, bistró de inspiración cretense y restaurante tradicional de comida francesa. Probamos el último de ellos, que ofrece varios menús entre 18 y 64 euros. Nada más entrar, un impresionante fuego donde se cocinan algunos de los platos de su carta, y productos de primerísima calidad expuestos como si de un puesto del mercado se tratase, dan la bienvenida al cliente. Nos decidimos por el menú de 39, con varias propuestas galas más que apetecibles y que incluía tres copas de vino, además de postre. Algunas joyas inalcanzables para el común de los mortales, como un Petrus de 1963, se exhiben en su vinoteca sin ningún tipo de pudor, aunque, eso sí, bajo candado. 2. Le Bistrot du Gabriel El local más económico de Le Gabriel, Estrella Michelin en plena Place de la Bourse, nos dejó un poco fríos con su menú nocturno de 39 euros. Quizás deberíamos habernos dejado seducir por su carta… Aun así, Le Bistrot du Gabriel propone platos elaborados con buena materia prima y un servicio de lo más atento. Si podéis, pedid una de las mesas de la cristalera para disfrutar de las vistas. 3. Miles Dos parejas de jóvenes cocineros provenientes de cuatro dispares rincones del globo terráqueo se conocieron en la escuela Gregoire Ferrandi, de la capital de Francia. Tras ejercer sus prácticas por separado en diferentes locales decidieron abrir su propio restaurante en Burdeos, consiguiendo en poco tiempo ser uno de los favoritos de público y crítica. En su pequeña cocina vista se las apañan de maravilla para medir los tiempos de sus diferentes menús: de 24 y 29 euros, a la hora del almuerzo, y de 43 para el turno de cenas. Producto, técnica y buen hacer, apuesta ganadora para comer en Burdeos que te hace salir de Miles con una gran sonrisa y ganas de regresar. 4. Brunch en el Museo de Arte Contemporáneo El Café André Putman del Museo de Arte Contemporáneo de Burdeos ofrece un brunch sábados y domingos por 30 euros. En dos servicios, de 12/12:30 y de 13/13:30, es posible comer todo lo que el cuerpo aguante. Ensaladas, zumos, quesos, bollería y platos calientes, además de una copa de champán, café e infusiones. Recomendable para un encuentro informal y poco más. 5. Mercado des Capucines Mariscadas a precio razonable, ostras y platos preparados. Además de bollería y panadería francesa recién elaborada, quesos, embutidos, así como varios restaurantes para comer en Burdeos, componen la oferta del mercado más grande de la ciudad. En des Capucines también es posible adquirir los pescados más frescos y las carnes más selectas de la zona. ¿Conoces esta bellísima ciudad de Francia? ¿Nos recomiendas otros restaurantes para comer en Burdeos?

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Barceló Costa Vasca, un hotel minimalista para dormir en San Sebastián

Hemos de confesar que es la tercera vez que nos hospedamos en un hotel en Donostia (Monte Igueldo y Punta Mompás fueron los otros dos). Siempre nos hemos decantado por pensiones en la Parte Vieja, pero el precio del cuatro estrellas Barceló Costa Vasca nos convenció. Hay que recordar que las pensiones ‘decentes’ de las que hablamos superan los 100 euros en temporada alta. Sí, habéis leído bien. Y es que esta bella ciudad tiene algunos de los alojamientos más caros de España. El Barceló Costa Vasca dispone de habitaciones dobles desde 80 euros por noche, sin desayuno. Amplias, vanguardistas y luminosas. El escritorio y la conexión wifi gratuita la hicieron perfecta para una escapada de trabajo como era San Sebastian Gastronomika. El baño es de los mejores que hemos visto en un establecimiento de esta categoría (una pena que la puerta sea corredera y no llegue a cerrarse por completo). La ducha, con columna de hidromasaje, es ideal para relajarse después de una jornada agotadora en la fila 0 del Kursaal. Unas semanas antes de mi visita, lo comenté en el Twitter del Costa Vasca. Dijeron que iban a darnos una sorpresa. ¡Y vaya si nos la dieron! Nos encontramos un suculento postre, una botella de agua, albornoces y zapatillas. Además, cambiaron los amenities básicos por estos tan maravillosos que veis más abajo (vaya olor más rico), y dejaron un patito de goma dentro de la ducha que era una monada. ¡Y solo por comentarlo en Twitter! Nos gustó del Barceló Costa Vasca – La conexión wifi gratuita y el escritorio de trabajo. – El inmenso baño. – Los detalles que tuvieron por comentar la reserva a través deTwitter. No nos gustó – Que haya que coger coche o autobús para llegar a la Parte Vieja (a unos 30 minutos caminando). – Como casi siempre, el excesivo precio del minibar y del servicio de habitaciones. – No coincidir con la temporada de verano para probar la piscina. Créditos fotografías © Barceló Costa Vasca y Pasean2

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‘Jaleo’ o cómo el español José Andrés conquistó Washington

Debo reconocer que uno de los cocineros que siempre me ha llamado la atención lleva por nombre José Ramón Andrés Puerta. Dicho así, pocos sabrán que me estoy refiriendo al chef José Andrés (Mieres, 1969). El motivo de esta admiración reside en tres claves, siendo la primera aquel programa de TVE que, allá por 2005, mostraba una forma de cocinar tan sencilla como bien explicada. La segunda razón es la vinculación de José Andrés al «evangelio» de Ferrán Adriá. Ya que el asturiano trabajó en la época dorada de El Bulli para luego convertirse en uno de los mejores «discípulos» de aquel templo de la alta gastronomía. En tercer lugar, hay que tomar nota de la increíble trayectoria de este personaje en Estados Unidos, cuya curva ascendente comenzó en 1993 con la apertura en Washington de Jaleo, su buque insignia y objeto de esta reseña. En julio del año pasado, tuvimos ocasión de visitar de nuevo la capital del imperio. Como es habitual en nosotros, tardamos en decidir cuál sería el restaurante elegido para darnos un capricho comedido. Pues, además del precio, valoramos mucho comentarios de otros comensales, la opinión de blogs especializados y por qué no, el tirón mediático del establecimiento. Aunque Marta era muy reacia a una propuesta española (según ella para eso no hace falta cruzar un océano) la balanza se inclinó por Jaleo. Está localizado en el 480 7th St NW (muy cerca de la Casa Blanca y no muy lejos del Capitol Hill Hotel). E hicimos reserva previa en Opentable. Llegamos puntuales a nuestra cita gracias a la buena orientación del chófer de Uber. Esta app funciona a la perfección en la ciudad donde vive y trabaja Obama. Cuya esposa, Michelle, gran amiga de José Andrés, ha declarado que Jaleo es uno de sus restaurantes favoritos. Tanto es así que ha celebrado allí algún San Valentín con su amado. Antes de sentarnos a cenar, tuvimos tiempo de comprobar la curiosa mezcla que provocan las mesas de futbolín con el partido de béisbol que retransmitían por la tele. Y que varios parroquianos observaban desde la barra, diseño de Capella, con mobiliario de Mariscal y collages de Canogar. Antes de abrir la carta, no pude por menos que echar un vistazo a mi alrededor. Y detener la mirada un rato en las numerosas mesas repletas de yanquis que, bebiendo porrón a morro (ellos) y sangría deluxe (ellas), parecían disfrutar entre tanto «jaleo» de un ambiente español con todos sus típicos tópicos perfectamente distribuidos. Avisado por la otra mitad de este blog, volví a recuperar la atención para perderla de nuevo ante la colosal relación de vinos patrios que José Andrés guarda en su bodega. Desde una amplia variedad de riberas y riojas hasta bierzos. Como el Ultreia de Valtuille de Raúl Pérez, a 135 dólares la botella. Quien quiera exportar vino a Estados Unidos debiera apañárselas para ser incluido en esta lista, nota mental que comparto. Tras una larga deliberación, nos inclinamos por un A Portela (D.O Valdeorras). Arrancamos la comanda con unas aceitunas ‘Ferran Adrià’. Escoltadas por unos conos de La Serena con membrillo, jamón ibérico Fermín y, cerrando este primer acto, ensaladilla rusa y mejillones al vapor. Nótese la economía narrativa de quien les escribe porque así de simple fue lo que comimos en este inicio. Sorprendidos del éxito que tendrían entre el público local los aperitivos de nuestras madres o cualquiera de sus sencillos platos. Ya en el segundo cuarto llegó el turno de la cebolla con queso de Valdeón (cuántos tesoros guarda la provincia de León). Seguida de una selección de croquetas (servidas dentro de unas deportivas fabricadas de cristal), espinacas a la catalana (por si teníais dudas de la cohesión territorial que defiende José Andrés chef). Y unos calamares en su tinta (ofrecidos como calamari seared on the ‘Plancha’ with traditional squid ink and white rice). Mientras saboreaba la copa de mencía, seguía preguntándome por qué hace furor la sangría entre los estadounidenses, a 50 dólares la jarra. Más cara en este lado del Atlántico que muchos de nuestros mejores vinos. En el ecuador de esta velada, un servidor echaba en falta algo más de pan para mojar. Que ya puestos a promocionar España nada mejor que una buena miga para dejar el plato reluciente, tradición esta todavía sin exportar. Pero centrémonos, que todavía nos quedan por reseñar las Spanish mini burgers (con piparra incluida), patatas bravas (a Jaleo favorite) y la traca final compuesta de fideuà y coliflor salteada con aceitunas y dátiles. Demasiado para una cena, aunque viendo las tallas que gastan los yanquis pudiera ser más bien ligera, según sus costumbres. Y llegados al último cuarto, como si de un partido de la NBA se tratase, repusimos fuerza gustativa con dos copas de Rosa de Arrocal (Tempranillo de Ribera del Duero), a 9 dólares la unidad. En Estados Unidos beber buen vino es un lujo. Terminamos la cena con una victoria clara del chef José Andrés y dos de sus postres: helado de aceite de oliva con pomelo y sorbete casero de carquiñoles. Nos gustó del Jaleo de José Andrés Conocer la propuesta de un cocinero asturiano que llegó al país de las oportunidades siendo un veinteañero y que hoy es uno de los españoles más influyentes al otro lado del charco. No nos gustó Que no hubiera wifi. Y que, como en otros muchos restaurantes de Estados Unidos, en la factura se indicará el porcentaje de propina ideal para evitar, suponemos, disgustos con los camareros. Por cierto, casi ninguno español.

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Descubriendo Boston como bostonianos con intercambio de casas

Hace poco más de un año, nos invitaron a participar en una plataforma de intercambio de casas que nos era absolutamente desconocida. Pero que despertó nuestra curiosidad desde el primer momento. Los que sois lectores de Pasean2, sabéis que nos encanta alojarnos en apartamentos cuando salimos de viaje. Nueva York, Londres o Roma han sido algunos de los destinos en los que hemos conseguido sentirnos como auténticos lugareños. Pero siempre pagando una buena suma de dinero. Razones para un intercambio de casas Cuando Roser Goula, Social Media Manager de HomeExchange, nos explicó en qué consistía y las posibilidades viajeras que nos ofrecía, no lo pensamos dos veces. Nos dimos de alta y descubrimos un mundo que nos ha enganchado por tres razones principales: Variedad. Con 65.000 casas en más de 150 países, es casi imposible pensar en unas futura escapada y que no haya disponible una vivienda que se adapte a tus necesidades. Bien en el centro de una ciudad, el campo o en primera línea de playa. Precio. Por una suscripción de 130 euros anuales (precio 2021), lo que para nosotros suele ser una noche de hotel, se abren infinitas posibilidades de ocio. Pueden abarcar desde un fin de semana a varios días o, incluso, estancias más largas. Calidad. Os podemos asegurar que hemos ‘cotilleado’ cientos de casas y muchas invitan a intercambiar la tuya. Desde apartamentos sencillos a auténticas mansiones con 5 dormitorios, jardín y piscina. Y desde el pueblo más escondido de Italia al mismísimo Upper East Side de Manhattan. Nuestra experiencia con HomeExchange en South Boston A finales de marzo del pasado año, Indu, una ingeniera del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y residente en South Boston, se puso en contacto con nosotros para un intercambio de casas de tres semanas. Echamos un vistazo a las fotos, calculamos precios de hoteles -con las tarifas más caras de los Estados Unidos resulta difícil ahorrar para unas vacaciones allí- y no lo pensamos dos veces. Aunque los billetes de avión no eran precisamente baratos en julio, merecía la pena cruzar el charco y aprovechar esta oportunidad. Una vez en Boston, la experiencia no pudo ser más gratificante. Dos dormitorios, un baño, salón-comedor con cocina abierta y un pequeño porche hicieron nuestra estancia de lo más cálida. La guinda del pastel la puso una terraza con impresionantes vistas del skyline de la capital de Massachusetts. Desde ella pudimos contemplar los famosos fuegos artificiales del 4 de julio (primera foto de este post). A día de hoy, seguimos manteniendo contacto con Indu. Ya nos ha invitado a intercambiar de nuevo nuestros hogares -se lo pasó en grande en Madrid- y no lo descartamos para un futuro, cuando encontremos una buena tarifa aérea. Si os animáis a visitar esta fascinante ciudad estadounidense, os contamos 35 motivos para enamorarse perdidamente de Boston, 10 pistas gastronómicas para saborear Boston y Cómo ir desde el aeropuerto de Logan al centro de Boston.

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‘El Tostón de Oro’, el mejor cochinillo asado en Mozárbez (Salamanca)

El Tostón de Oro es uno de esos restaurantes que no se olvidan. No sé si por el calor de la chimenea, los platos de barro, la buena compañía que he tenido siempre o, simplemente, la comida. Casera, preparada con cariño, típica de mi tierra, de mi Salamanca. Sabor a carne asada al horno de leña, a maruja, a vino tinto, al perfume de mi padre (se lo pone en sus canosas barbas y siempre se me queda en los labios cuando le beso). Esas asociaciones que hacemos los humanos, que perduran en la memoria con el paso de los años y sabes que son parte de ti, de tu vida. Cocina casera y auténtica El Tostón de Oro no tiene en su cocina a un chef con Soles Repsol, ni un sumiller que asesore sobre los diferentes tipos de vino de su bodega. En su lugar, un modesto comedor y una pequeña carta con las propuestas justas. Pero contundentes: pochas con chorizo, sopa castellana, mollejas de cordero, arroz con bogavante, bacalao al horno o chuletón de ternera. En una de nuestras escapadas a Candelario, nos acercamos para que Jota lo conociera, y vaya si le gustó. Compartimos unas anchoas del Cantábrico con miel y una ensalada de maruja. No sé si todos conocéis este verdadero manjar. La maruja o pamplina es una delicada planta que crece al borde los arroyos y regatos limpios al inicio de la primavera. Y lo hace durante muy pocos días, lo que la convierte en cotizadísima. Se aliña con ajo machacado, sal, vinagre y aceite de oliva y es un acompañamiento perfecto, sobre todo, con carnes. Tiene un cierto sabor terroso y el ajo se queda en el aliento como un demonio, pero es tan diferente a cualquier otra cosa que haya probado que me encanta. Como su propio nombre indica, el tostón es la especialidad de la casa. Lo bordan. Con la piel tan dorada y crujiente, pero al mismo tiempo con la carne tan tierna y jugosa. En una capital grande como Madrid estaría entre los lugares que todo turista debería visitar, como el archiconocido Casa Botín. Tampoco vamos a restarle méritos al cochinillo cuchifrito (primero cocido y después frito en pequeños trozos). Como veis ambos se sirven solo con patatas, ya que no les hacen falta más florituras ni acompañamientos. Lo regamos con un buen tinto, de los que nunca falla, un Marqués de Cáceres Crianza 2008. El Tostón de Oro está en la localidad salmantina de Mozárbez, a doce kilómetros de Salamanca, en dirección a Béjar. Sal de la autovía y haz un pequeño rodeo para encontrarlo. ¡No te arrepentirás!

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Hotel Palafox, estilo clásico muy cerca de la zona de tapas de Zaragoza

Para los que no disponemos de coche es más que necesario buscar alojamientos que estén céntricos. En una ciudad tan grande como Zaragoza, no lo dudamos ni un momento. El Hotel Palafox nos ofrecía, por menos de 100 euros la noche, inmejorable situación y la calidad de un cinco estrellas. Y muy cerca de la zona de tapas por excelencia, El Tubo. Se encuentra a solo 5 minutos a pie del casco antiguo y dispone de piscina de temporada y solárium en la azotea con vistas magníficas. Cuenta con conexión wifi gratuita en todas sus instalaciones. Sus elegantes 179 habitaciones tienen suelo de moqueta y están decoradas al estilo clásico. Incluyen una zona de estar realmente útil y servicio de té. Además, carta de almohadas, servicio de habitaciones 24 horas, gimnasio y sauna. Un desayuno de cinco estrellas El Hotel Palafox presume de cinco estrellas en su desayuno: 1. Café Nespresso. 2. Zumo de naranja recién exprimido. 3. Croissants horneados cada mañana al más puro estilo francés, con interior de mantequilla y crujiente hojaldre. 4. Fruta ecológica de Gardeniers, que llega directamente del campo al hotel. 5. Tortilla de patata, cocinada con huevos de la más alta calidad, patatas de producción ecológica y «todo el cariño que nuestros cocineros ponen cada mañana en ofrecerles lo mejor». Nos gustó del Hotel Palafox – Sin ninguna duda, la cama. Una de las más confortables en las que hemos dormido. Enorme y con excelentes almohadas. – La amplitud del baño. – El precio del agua del minibar, a 2 euros (algo insólito en un cinco estrellas). – El delicioso desayuno. No nos gustó – Que publiquen en su carta servicios que no ofrecen, como prensa gratuita diaria. – La piscina estaba cerrada a pesar del calor que hacía en Zaragoza. Aunque, como indican en su web, el último día era el 30 de septiembre y nosotros llegamos el 1 de octubre. – Las voces de las camareras… Una vez más se olvidan de que los clientes quieren descansar a las 7 de la mañana.

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Viviendo como neoyorquinos en el Upper East Side

¿Cansado de pagar cifras astronómicas por alojarte en la Gran Manzana? Te proponemos una solución. Alquila un apartamento en Nueva York por días o semanas. Por unos 100 euros la noche podrás sentirte como un auténtico neoyorquino durmiendo en pleno centro. ¿Te gustan estas vistas? Nuestro apartamento en Nueva York, situado en el Upper East Side, era un magnífico ‘condo’ con portero las 24 horas del día, piscina climatizada, gimnasio y jacuzzi. La vivienda era la típica en esta ciudad, pequeña, pero con lo suficiente para que dos personas estén cómodas. Una cama ‘queen size’, baño con bañera, cocina completamente equipada, salón con televisión por cable, DVD, equipo de música, wifi… ¿Lo mejor? Las vistas desde el balcón en la planta 17. La zona no puede ser más completa. Tienes todo lo necesario a mano: un supermercado Whole Foods Market, tiendas 24 horas o una licorería en la que comprar vino para disfrutar contemplando el skyline. Y restaurantes de todo tipo (japonés, italiano, hindú, chino, pizzería, hamburguesas, hot dogs…). Sucursales de Shake Shack y Papaya King están a un tiro de piedra. Y si prefieres cocinar en casa tienes un espacio perfectamente equipado para ello, con horno, lavavajillas, microondas, cafetera… Aunque ahora mismo comer en Manhattan está tirado de precio, a no ser que te apetezca conocer Per Se. Además, en la misma calle, pero a cuatro manzanas caminando hacia Central Park está el Museo Guggenheim y, un poquito más abajo, el MET. Nosotros ya estamos pensando en repetir la experiencia.

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10 razones para subirse al ‘Tren Campos de Castilla’

La temporada pasada tuvimos la oportunidad de conocer el Tren Campos de Castilla, uno de los formatos turísticos más interesantes de los que tienen a Madrid como punto de partida. Nosotros siempre hemos sido, y así nos reconocemos, defensores del tren, amantes de la literatura, curiosos del arte, exploradores del buen comer y compatriotas de Castilla y León. Estas 5 características se reunieron hace un año en un fin de semana perfecto. Y, por ese motivo, os detallamos a continuación 10 razones de peso para subirse al ‘Tren Campos de Castilla’. 1. Porque funciona de sábados y domingos comprendidos entre el 16 de mayo y el 14 de noviembre, con el habitual parón en agosto. Durante este período, la iniciativa “Soria Vacaciones” ofrece la oportunidad de conocer lo mejor de la capital castellana y sus alrededores. 2. Porque el viaje empieza y termina en un vagón de tren, concretamente, en la madrileña estación de Chamartín. Con sus correspondientes paradas en Alcalá de Henares, Guadalajara y Sigüenza, localidad esta última en la que se subirán al Tren Campos de Castilla unos personajes muy especiales. 3. Porque la recepción que recibimos en el andén de la estación de destino parecía de otra época. Con productos típicos de la zona -con el inigualable Torrezno de Soria, a la cabeza-, buen vino, mapas, guías y un montón de sugerencias de cara a un fin de semana inolvidable. 4. Porque la llegada a Soria en el Tren Campos de Castilla emociona si el viajero es capaz de recrear el mismo trayecto. Pero remontándose cien años en el tiempo, cuando el poeta Antonio Machado recala en esta ciudad como maestro tras haber conocido la bohemia parisiense. 5. Porque el pack completo del Tren Campos de Castilla incluye sendos hoteles en Soria. Uno de 4 estrellas, y otro, de 2, por una diferencia que no llega a los 15 euros. Nosotros nos alojamos en el Leonor Centro, muy bien ubicado. Y dotado, entre otros servicios, de spa con hidromasaje y baño turco para relajarse. 6. Porque lo primero que conocerás en la visita guiada será el efecto mágico que provoca el Duero en esta urbe. Te introducirás en la ermita de San Saturio para sentirte como un auténtico ermitaño y también en el impresionante claustro del monasterio de San Juan. 7. Porque si te da tiempo, podrás escaparte a reponer fuerzas en Baluarte, restaurante de moda cuyo chef Óscar García Marina (premio al Mejor Cocinero de Castilla y León en 2013) se ha especializado en platos con setas y trufa, por lo que el otoño es una de las mejores épocas para visitarlo. Está galardonado con una estrella Michelin. 8. Porque las calles de Soria rezuman cultura e historia en cada esquina. Aula de Antonio Machado, tumba de Leonor, Iglesia de Santo Domingo, Palacio de Los Condes de Gómara, Casa de los Poetas… 9. Porque el domingo por la mañana la organización del Tren Campos de Castilla te llevará en bus hasta la Laguna Negra, un espacio natural tan protegido como único en España. Allí entenderás la Leyenda de Alvargonzález. 10. Porque antes de coger el tren de vuelta a Madrid podrás conocer uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Europa. Aquel que da nombre a la heroica ciudad de Numancia, situado en un cerro cercano al municipio de Garray (ampliar mapa inferior). Precio Tren Campos de Castilla El precio en 2020 (desde 145 euros por persona) incluye:– Billete de tren Madrid-Soria-Madrid.– Degustación de productos típicos sorianos.– Amenización teatral en el trayecto Sigüenza-Soria.– Traslado en bus al hotel y visita guiada a la ermita de San Saturio y San Juan de Duero.– Visita guiada al centro histórico de Soria, Laguna Negra, Numancia y Aula de Machado.– 1 noche de alojamiento y desayuno en establecimiento elegido.– Seguro de viaje.– Entrada al Museo Casa de los Poetas.

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Japón en 30 bocados (más o menos) inolvidables más allá del sushi

Si hay algo que sorprenda en este país, además de la exquisita educación de sus habitantes y sus impolutas calles, es la comida japonesa. Si eres de los que piensa que los nipones se alimentan a base de sushi y tempura, te llevarás una sorpresa mayúscula. En las tres semanas que disfrutamos del Imperio del Sol Naciente, apenas repetimos ningún plato. Y, si lo hicimos, fue porque sabíamos que tardaremos tiempo en probar otro igual. De esta selección de 30 bocados de comida japonesa, apenas hay 5 que no hicieron disfrutar a nuestro paladar. El resto, para repetir una y mil veces. Juzga tú mismo. 1. Barbacoa japonesa o yakiniku El yakiniku es una de las opciones más sanas y económicas de comida japonesa. Cada uno se prepara carne y verdura al punto deseado y sin apenas grasa. Suele ir acompañada de un bol de sopa y otro de arroz y, dependiendo del corte de la carne, oscila entre 10 y 30 euros por persona. 2. Bento El take away para comer en Japón por excelencia. Imposible marcharse del país sin haberlo probado una o varias veces. Sobre todo, si haces trayectos en shinkansen, ya que es el bocado más habitual de lugareños y turistas. Dada la comodidad de su envase, resulta de lo más sencillo para comer mientras se viaja. Y existen decenas de puestos en las diferentes estaciones de tren a lo largo y ancho del país. En su interior: infinidad de propuestas a base de ternera, pollo o pescado, acompañados de diferentes guarniciones. ¿El precio? Desde 8 euros y, por lo general, con una bebida. 3. Carne de Kobe La indiscutible delicia de la comida japonesa es, sin duda, la carne de Kobe, que proviene de los bueyes de la prefectura de igual nombre. Conocidos por su cuidada alimentación, a base de los mejores granos y una cerveza diaria, así como masajes con sake templado, su ternura la hace única en el planeta. Aunque desde hace algún tiempo ya se exporta con cuentagotas, merece la pena rascarse el bolsillo y darse un homenaje que rondará los 150 euros por persona. Eso sí, busca el distintivo que acredita que es auténtica para que no te den gato por liebre. Y, si puedes, saboreála en la misma ciudad de Kobe. 4. Crepes japoneses Porque los nipones han sabido hacer muy suya esta casi fast food francesa. Y es sencillo encontrar puestos donde las preparan dulces y saladas en pocos minutos. Ideales para comer por la calle mientras se sigue haciendo turismo. 5. Desayuno japonés Si tienes oportunidad, no dejes de empezar el día como un auténtico lugareño. Aunque no es costumbre, algunos hoteles incluyen en el precio la primera comida japonesa del día. Por lo general, se compone de una sopa de miso, arroz y vegetales encurtidos. En nuestro caso, además, de un trozo de salmón al vapor y otro de tamagoyaki, tortilla de la que os hablamos un poco más abajo. 6. Edamame Uno de los snacks más tradicionales en la comida japonesa son estas vainas de soja hervidas y saladas que se sirven enteras. Con un alto contenido de proteínas vegetales, fibra, lípidos e hidratos de carbono, ayudan a reducir el colesterol malo y las enfermedades cardiovasculares. 7. Gyozas A estas alturas, casi todo el mundo ha probado alguna vez esta comida japonesa en un restaurante asiático. A nosotros, nos encantó hacerlo en un minúsculo local de Kobe, regentado por dos ancianas y acompañadas de una Asahi de litro. 8. Hamburguesas hawaianas de Kua ‘Aina Las preferidas de Barack Obama y presentes desde hace más de 35 años en Londres, Honolulú y Haleiwa. El menú de Kua ‘Aina ronda los 10 euros e incluye bebida y patatas fritas. El toque exótico y diferente lo aportan ingredientes como piña a la parrilla o aguacate. Pero, además, la calidad de la carne y el pan con semillas de amapola la convierten en una parada a tener en cuenta. 9. Hamburguesas de Mos Burger Habíamos leído bastante sobre esta cadena de hamburgueserías japonesas. Es la segunda más frecuentada después de McDonald’s, y no quisimos dejar de probarlas. Aunque presumen de prepararlas una vez recibido el pedido, más estilo slow food, veréis que su presentación no dista mucho de las de otras ‘grandes marcas’. Muy decepcionante esta comida japonesa, a unos 6 euros el menú con bebida y patatas fritas de Mos Burger. 10. Issen-yosyoku Un okonomiyaki al estilo de Kioto, con nada menos que doce ingredientes. Cebolleta, huevo, gambas secas, pasta de pescado, harina, atún seco, ternera, jengibre… Se prepara, sobre todo, para llevar y ha de comerse con palillos (bastante complicado, la verdad). 11. Helado de té matcha Aunque, por suerte, es fácil de encontrar en España, merece la pena disfrutar cucurucho en mano de una de las delicias dulces de la comida japonesa. Tampoco te pierdas el de sésamo negro o judías. 12. Kaiten zushi o kaiten sushi Una de las opciones más económicas entre la comida japonesa -alrededor de 10 euros por persona- y cuyo sistema no puede ser más sencillo. En una pantalla táctil van apareciendo fotos, precios y hasta calorías para que no haya ninguna duda de qué pedir y cuánto gastar. Tú eliges qué quieres y en unos minutos aparecerá camino de tu mesa. De vez en cuando, también verás pasar algún plato suelto, una especialidad concreta que puede cogerse sin previo aviso. Ni se te ocurra pensar que llevará horas dando vueltas y vueltas. Los platos tienen etiquetas con RFID (Identificador por Radiofrecuencia) que avisa a la cocina para retirar los que llevan en la cinta demasiado tiempo. Nigiris, makis, sashimis, tempuras, noodles y hasta ramen, todas las delicias que uno pueda imaginar. Además de postres, fruta y helados, que pueden pedirse también para llevar en un Kaiten zushi. 13. Kani guratan Una de las múltiples maneras de preparar el cangrejo es gratinado en su propia concha. Una comida japonesa de receta sencilla, pero muy sabrosa. Nosotros lo probamos en Hiroshima. 14. Katsudon Cuenco de arroz blanco cubierto con una chuleta de cerdo rebozada, huevo revuelto y diferentes condimentos.

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Ocho visitas a ‘Cocinandos’ en ocho platos para recordar

Si sois lectores habituales de este blog y seguís nuestras redes sociales, conoceréis de sobra la debilidad que tenemos por Cocinandos. Este restaurante leonés está galardonado con una estrella Michelin. Y a sus mandos se encuentra la pareja formada por Yolanda León y Juanjo López. En este post, hemos querido recopilar los platos que más nos han gustado en las ocho visitas que llevamos hasta la fecha. Y por qué tantas, os preguntaréis. Muy sencillo: la relación calidad-precio, con un menú degustación por 55 euros (precio 2020), y la opción de maridaje, es incomparable en la Ciudad del Bernesga. Y, posiblemente, en toda Castilla y León. Pero, sin duda, el motivo principal es que allí, gracias a la hospitalidad de todo el equipo, nos sentimos como en casa. Nuestros platos preferidos en Cocinandos 1. Mini bollo chino de hongos al vapor En Cocinandos fueron unos visionarios elaborando los bollitos chinos al vapor que tan de moda se han puesto en la gastronomía española. Se sirve sobre una minúscula cesta de mimbre. Y los preparan de diferentes maneras, siendo el de hongos y el de Cecina de León los dos que hemos podido catar hasta ahora. Pero es un aperitivo tan sabroso y original que no nos importaría que estuviera presente en cada repertorio. 2. Bacalao con guiso de hongos y garbanzos de pico pardal con su jugo Lo probamos en nuestra primera comida en Cocinandos. Entonces, fue uno de los platos más aplaudidos por la increíble textura del pescado fresco. Ellos mismos lo ‘salan’ hasta dar con la intensidad deseada, sobre un fondo memorable. Perfecta combinación de técnica y equilibrio al que la ternura de los garbanzos leoneses, que se asimilan al pico de un pardal o gorrión, aporta un toque extra. 3. Tartar de tomate, bogavante y ajoblanco En esta ocasión, degustamos uno de los menús más redondos que recordamos. Un plato con una más que generosa ración de este preciado marisco por semejante precio es para tener en cuenta y, desde luego, no olvidar fácilmente. La frescura y dulzura del tomate, en perfecto contraste con el punto ácido del ajoblanco. Una creación ‘muy leonesa’, como explicaba Juanjo con su habitual sentido del humor. 4. Carpaccio de presa ibérica, boletus, almendras fritas y helado de mostaza Dentro de la interesante oferta de Buscasetas 2013, encontramos esta pequeña joya con cuatro sabores y texturas totalmente diferentes, pero que unidos conseguían un bocado brillante. La delicadeza de la carne y la potencia de las setas, junto al picante del helado y el toque de los frutos secos, resultó sublime. 5. Cochinillo asado con melocotón El cochinillo es otro de los fuertes del estrella Michelin leonés. La corteza, siempre crujiente, y la carne, jugosa y en su punto exacto. Este cochinillo asado con melocotón, su hueso, foie de pato y jugo de piñones es toda una obra de arte. 6. Cigala asada, tartar de quinoa, cecina, brevas y gazpachuelo Pura fusión peruano-cazurra para un excelente tartar de quinoa y Cecina de León que acompaña una cola de marisco apenas pasada por la plancha. Se adorna con un suavecísimo gazpachuelo para resaltar aún más el dulzor de unas sencillas brevas. Impecable. 7. Manzana dorada, avellanas y queso De todos los postres que hemos podido degustar, este fue uno de los que se grabó en nuestra retina por la belleza de la composición y la notoriedad de sabores del trío manzana reineta-bizcocho de avellanas-queso mascarpone, dibujado en el plato como si de un bodegón se tratara. 8. Bombones de queso de oveja con gelatina de tomate Es el detalle que, junto a unas gominolas de elaboración propia, siempre cierra el menú de Cocinandos. Se preparan rallando queso “con un rallador fino que antes humedecemos con un poco de leche y juntado con dados pequeños de una gominola que hemos hecho con jugo de tomate, pectina neutra y acido cítrico”. El queso utilizado, Pastor del Esla, de la zona de Valencia de Don Juan, es de leche curada de oveja. Siempre que los bombones llegan a la mesa, Juanjo me hace la misma pregunta con una gran sonrisa: «¿Por qué les haces foto si ya tienes la misma tropecientas veces?». Y yo pienso: «Porque la foto puede ser parecida, pero cada experiencia en Cocinandos forma parte de un recuerdo que, siempre, asociamos con la felicidad… y esos bombones ponen el broche final a cada una de esas experiencias felices».

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