Author name: Marta Carnero

Comiendo en un kaiten zushi, una opción muy económica en Japón

Una de las sorpresas que nuestra amiga Mariko tenía preparadas durante el Lovers in Japan era conocer un kaiten zushi. Cuando me comentó que iríamos a un sitio donde la comida se cogía de una cinta giratoria, pensé que se trataría de uno de los restaurantes similares que hemos conocido en España. Donde ves pasar una y otra vez los mismos platos delante de ti y no pudo darme más pereza. Pero no, este kaiten zushi no tiene nada que ver con esa idea. ¿Cuál es la gran diferencia? Tú eliges qué quieres comer y en unos minutos lo verás recién preparado camino de tu mesa. Sushiro, en la bella ciudad de Fujisawa, muy cerca de Tokio, es un amplio local que encontramos casi vacío a la tardía hora que elegimos para comer -hacia las cinco de la tarde-. De hecho, ya vimos algunos lugareños que se disponían a cenar. El sistema no puede ser más sencillo: en una pantalla táctil van apareciendo fotos, precios y hasta calorías para que no haya ninguna duda de qué pedir y cuánto gastar. Tan fácil que un niño de cuatro años puede hacerlo sin el menor problema. El menú puede elegirse en japonés o inglés. A los pocos minutos, previo aviso con una aparatosa música de la que tanto gusta a los nipones, van apareciendo los platos solicitados. Reconocerás los tuyos porque van colocados sobre fuentes diferenciadas con un color concreto que se indica al terminar de hacer el pedido. De vez en cuando, también verás pasar algún plato suelto, es decir, que no se ha colocado sobre una fuente diferenciada con una pegatina de color. Se trata de alguna especialidad concreta que puede cogerse sin previo aviso. Ni se te ocurra pensar que llevará horas dando vueltas y vueltas. Los platos tienen etiquetas con RFID (Identificador por Radiofrecuencia) que avisa a la cocina para retirar el sushi que lleva en la cinta demasiado tiempo. Nigiris, makis, sashimi, tempura, noodles y hasta ramen. Todas las delicias japonesas que uno pueda imaginar, además de postres, fruta y helados, pueden pedirse también para llevar. En este tipo de local todo está pensado para que no haya necesidad de servicio, reduciendo así los costes de una manera considerable. En tu mesa encontrarás gari (jengibre encurtido), palillos, salsa de soja y wasabi. Además de servilletas y, cómo no, bolsas por si quieres llevarte a casa la comida sobrante. En los kaiten zushi, el agua es gratuita y también puedes prepararte tu propio té verde, ya que cada mesa dispone de un grifo dispensador de agua caliente. Tan solo tienes que hacer la mezcla. Nosotros, únicamente, vimos a nuestra camarera a la hora de pagar, cuando se acercó para comprobar el número de platos y entregarnos la cuenta. Los kaiten zushi -o kaiten sushi– son una de las opciones más baratas para comer en Japón, ya que la factura no subirá de 10 euros por persona y te aseguramos que la comida te saldrá por la orejas. ¿Por qué hay platos de dos colores? Aunque en otros locales parece ser que es para diferenciar los precios, en el nuestro era mucho más sencillo: los blancos no llevaban wasabi, y los amarillos, sí. ¿Has comido alguna vez en un kaiten sushi? ¿Te gustó la experiencia?

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The Westin Valencia, exclusividad a orillas del río Turia

Situado a 300 metros del estadio de Mestalla, en un impresionante edificio modernista de 1921, The Westin Valencia es uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad. En sus 135 acogedoras habitaciones y suites art déco destaca una imponente cama Westin Heavenly Bed que, con razón, denominan ‘celestial’. Se vende por 3.000 euros en su web. Además, cuenta con un amplio baño de elegante mármol. Este pequeño oasis, con un silencioso patio interior perfecto para relajarse y un spa de 850 metros cuadrados, se encuentra muy cerca de los lugares más emblemáticos de Valencia. Como la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el centro histórico o el Parque de la Albufera, al que es fácil acceder en coche o transporte público. Nuestra habitación era una Grand Deluxe con terraza privada, lo que le daba un magnífico valor añadido por la buena temperatura que pudimos disfrutar. El cuarto de baño, en blanco y negro, y al que se accede a través de un pequeño vestidor de madera, se divide en zona de baño -con ducha y bañera- y zona de aseo. Aunque los amenities al llegar a la habitación son bastante básicos, existe la opción de solicitar otros muchos a través de un servicio exprés, como cepillos de dientes o enjuage bucal. ¿Desayunar con cava? Siempre El desayuno, que se sirve de 7 a 11 en el restaurante Rosemarino, es bastante completo. Aunque echamos de menos más bollería casera, más variedades de pan y un buen vaso de zumo de naranjas valencianas recién exprimidas. Eso, sí, nos encantó poder beber cava a primera hora de la mañana… El Caroli Health Club es otro de los motivos por los que nos alojamos en The Westin Valencia, con piscina terapeútica, sauna finlandesa, baño turco y ducha de sensaciones. Ofrece también una completa sala de fitness con bicicletas y cintas para correr. Nos gustó de The Westin Valencia – Las tortillas recién preparadas del desayuno. – El té de cortesía en el lobby. – El mostrador con acceso preferente para miembros del programa Starwood Preferred Guest. – La enorme y cómoda cama, y las almohadas de plumas. Para dormir como bebés. – El servicio Westin Workout con el que, por 5 euros, puedes tener a tu disposición ropa y zapatilla deportivas New Balance para hacer uso del gimnasio. – La botella de agua de cortesía, aunque era pequeña y una sola unidad. No nos gustó – En su web advierten que el spa es para uso exclusivo de mayores de 18 años, pero no… Otra vez volvimos a sufrir a dos niños chillones a los que su padre llevó a jugar a la piscina climatizada, donde desde ese momento hubo de todo menos relax. La tarifa oficial para esta habitación en The Westin Valencia, con desayuno y acceso al spa, es de 400 euros. Pero nosotros encontramos una oferta casi a mitad de precio que, además, incluía conexión wifi. Consulta su web para buscar paquetes promocionales. Si buscas dónde comer en Valencia, echa un vistazo a nuestras recomendaciones.

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Un paseo por Kobe, ciudad famosa por la mejor carne de Japón

Fundada en 1889 y localizada en la isla de Honshu, al sudoeste de Osaka, es la capital de la prefectura de Hyōgo. Y una de las ciudades que recorrimos durante el inolvidable Lovers in Japan, el pasado año. ¿Quieres descubrir qué ver en Kobe? Entonces, sigue leyendo. Cosmopolita y moderna donde las haya, ha sabido resurgir de sus cenizas tras el terremoto de 6,9 grados en la escala de Richter que la asoló en 1995. Y en el que fallecieron más de 5.000 personas, dejando a otras 300.000 sin hogar. Otro ejemplo más de la enorme capacidad de superación que tiene el pueblo nipón. Y del que ya solo asoma un pequeño recuerdo en el Parque Meriken, conservado tal y como quedó tras la catástrofe y junto al que se ha erigido un monumento en memoria de las víctimas. ¿Qué ver en Kobe? Kitano Es una de las principales atracciones turísticas que ver en Kobe. Accedimos a pie bajo un sol de justicia y tras subir varias y muy empinadas cuestas. Su privilegiada situación, en unas colinas frente al mar, hizo que fuera el lugar elegido por muchos extranjeros para instalar sus residencias a finales del siglo XIX y principios del XX. La mayoría de ellas en construcciones de tipo occidental que recuerdan mucho a las europeas. Muchas pueden visitarse actualmente y están clasificadas como Bien Cultural. Desde el templo sintoísta de Kitano, al que se llega a través de las escaleras que veis debajo, pueden contemplarse unas bellísimas vistas del skyline que ver en Kobe. Sannomiya El corazón de la ciudad, paraíso de las compras y de la marcha nocturna. Este barrio que ver en Kobe está repleto de tiendas de 100 y 300 yenes, boutiques, centros comerciales y restaurantes. Además de los típicos locales japoneses donde divertirse con señoritas disfrazadas de enfermeras, colegialas o policías… Nankin-machi Otro de los distritos más animados que ver en Kobe. También perfecto para los amantes de las compras. Y donde se encuentra el Chinatown de Kobe, con restaurantes y puestos de auténtica comida china para disfrutar en la propia calle. Puerto El segundo puerto comercial más grande de Japón es también un paseo marítimo muy transitado. Desde él se puede realizar un crucero por la bahía o subir a la torre Port Tower, que con sus 108 metros de altura ofrece las mejores vistas que ver en Kobe en 360 grados. Nosotros lo encontramos de lo más animado. Ese fin de semana se celebraba el Oktoberfest y cientos de japoneses -cerveza en mano-, disfrutaban de lo lindo. Si no lo creéis, mirad este vídeo que grabamos en medio del jolgorio. Suma Beach A tan solo 15 minutos de Kobe, podéis tumbaros tranquilamente en la arena blanca de Suma Beach. Se trata de una de las playas más populares de Japón. A finales de septiembre, había poco animación. Aunque el calor todavía apretaba y daban ganas de darse un buen baño. Parece ser que, en verano, los japoneses se pegan buenas fiestas frente al mar. Pero cuando nosotros la visitamos estaba de lo más tranquila. Es el sitio perfecto para contemplar desde la distancia el majestuoso puente de Akashi Kaikyo, puente en suspensión más alto, largo y costoso del mundo. ¿Dónde comer en Kobe? Mundialmente famosa por la carne de Kobe, visitar esta ciudad y no degustarla es imperdonable, a no ser que seas vegetariano. Merece la pena rascarse el bolsillo y disfrutar del placentero espectáculo que ofrecen los chefs de algunos restaurantes cocinándola con exquisito mimo. Nosotros elegimos Kobe Plaisir, con un estupendo menú degustación por unos 150 euros/persona. Y una variada carta de vinos extranjeros para acompañar la mejor carne del mundo. Pero hay muchas más delicias japonesas. E infinidad de restaurantes en Kobe. Algunos de ellos con muchísimo encanto, como el que encontramos de camino a nuestro hotel y que regentaban dos simpáticas ancianas. En una pequeña barra con capacidad para no más de seis personas, cenamos las que estamos seguros que son las mejores gyozas de Kobe. Única opción de su inexistente carta, acompañadas de una Asahi de litro. En Kitano también encontramos otro pequeño establecimiento cuya especialidad eran las crepes saladas. Por unos 10 euros, comimos una de ternera y otra de atún, además de un par de cervezas nacionales. Y en Suma, en la misma estación de tren, encontramos un pequeño puesto donde preparaban al momento diferentes delicias empanadas: ternera, pollo, pescado o verduras por 100 o 150 yenes. ¿Dónde dormir en Kobe? A tan solo una parada de metro de la estación de Shin Kobe, en pleno centro de la ciudad, se encuentra el hotel B Kobe. Su nombre representa el balance entre las bes de breakfast (desayuno) y de bed (cama), que deben ser bueno y confortable, respectivamente. ¿El precio? Desde 90 euros la noche en habitación doble superior en régimen de solo alojamiento. Fue una de las más amplias que reservamos a lo largo de nuestro viaje. ¿Te ha gustado este paseo? ¿Hay más lugares que ver en Kobe que nos recomiendes?

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‘230 Fifth’, un ‘brunch’ en Nueva York con las mejores vistas

A estas alturas de la película no queda casi nadie sin saber qué es un brunch. Ese híbrido entre desayuno y almuerzo que suele hacerse los domingos en muchas ciudades de Estados Unidos. Y que los españoles hemos acabado adoptando como costumbre propia. Recuerdo cuando tomé mi primer brunch en Nueva York. Entonces era una fan total de ‘Sex and the city’ y elegí uno de los locales a los que iban las chicas de moda para poner a caldo a los hombres mientras comían huevos Benedict y bebían Bellinis. Esta vez quise que fuera algo realmente especial y elegí la azotea del 230 Fifth, ya que había leído en una revista que las vistas desde su terraza eran las mejores de la Gran Manzana. Y vaya si lo son… Brunch en Nueva York con bufet libre La oferta gastronómica que ofrece por 29 dólares/persona (15 en el caso de los niños) es un bufet libre de platos fríos y calientes. Además de una isleta donde se preparan tortillas al instante con los ingredientes que uno elija. Huevos, beicon, pollo, sándwiches, hamburguesas, hot dogs, pasta, ensaladas, bagels, french toasts, tortitas, gofres, fruta fresca… Todo lo que uno pueda imaginar y más para degustar ininterrumpidamente desde las 10 de la mañana a las 4 de la tarde, como si de una tarifa plana se tratara. Está claro que si eres de los que les gusta comer, este lugar te resultará uno de los más económicos en Manhattan. En el precio de este brunch en Nueva York está incluida una copa de champán o una Mimosa. Además de café ilimitado -zumos y refrescos en el caso de los más pequeños-. También disponen de una carta adicional de bebidas y cócteles que van desde los 10 dólares de un Bloody Mary a los 2.200 de una botella de Perrier-Jouet Gran Brut. Aunque está más que claro que no te vas a quedar con hambre después de este brunch en Nueva York, en este local la comida es lo de menos. Ya que difícilmente posarás los ojos en tu plato debido a las impresionantes vistas del skyline neoyorquino frente a ti. Presididas por el Empire State Building y el edificio Chrysler, mi favorito de la ciudad de los rascacielos. Como su propio nombre indica, encontrarás este brunch en el 230 de la Quinta Avenida, esquina con la calle 27, muy cerca del Flatiron. Está disponible sábados y domingos y no es necesario hacer reserva. A la entrada, te darán una pulsera a modo de ‘todo incluido’ y te pedirán una tarjeta de crédito en la que cargarán después tu factura. Revísala para que no te pase como a nosotros y añadan un 20% de propina. A pesar de que en el propio tíquet indican que no está incluida y que solo es obligatoria para grupos de 6 o más personas. Y no te preocupes por la temperatura. Si llueve, te trasladarán a una de las mesas de la planta de abajo, donde podrás seguir disfrutando de las vistas a través de sus grandes ventanales. Asimismo, en invierno aclimatan una zona concreta con estufas para soportar las frías temperaturas neoyorquinas. Actualización 2020 COVID-19 Debido a la situación actual por la COVID-19, el bufet libre de este brunch en Nueva York ha dejado de estar disponible. En su lugar, ofrecen un menú a la carta con cuatro platos principales.

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Omoide Yokocho, la encantadora calle de los yakitori de Tokio

Rocío Persson, una de las blogueras que mejor conoce Japón y su gastronomía, nos había recomendado una visita a Omoide Yokocho. También es conocido como Memory Lane o, más coloquialmente, calle de los yakitori o ‘callejón del pis’. Tranquilos, parece ser que, antiguamente, los hombres orinaban en la calle. Pero, en la actualidad, hay varios baños públicos que hacen que esa denominación vaya quedando en simple anécdota. Situado en el lado occidental de la estación de Shinjuku, se trata de una estrecha calle repleta de pequeños bares e izakayas (hay más de 60) donde degustar todo tipo de pinchitos y brochetas (yakitori). Nosotros nos plantamos allí sabiendo que iba a ser complicado hacernos entender, pero siempre aparece algún ‘ángel’ cuando menos lo esperas… Ninguno de los locales admite reservas, por lo que es aconsejable echar un vistazo desde fuera y ver cuál de ellos tiene mejor pinta. Nosotros nos fiamos por el que más clientes tenía, sentados a la barra y muy juntos unos de otros. Allí nos hicimos fuertes y empezaron las dudas, ya que la carta sólo estaba disponible en japonés. Casquería en forma de yakitori Al ver la cara que se nos debió de quedar, un par de oficinistas de afterwork nos preguntaron de dónde éramos y empezaron a traducir el nombre de los platos con Google Translate. De esa forma supimos que la mayoría de los pinchos eran de lo más ‘apetecible’: mollejas, hígado, corazón, intestino… A mí se me quitaron las ganas de cenar, pero he de reconocer que estaba tan a gusto que ni me importó. En otros restaurantes sí que había posibilidad de probar pollo o pescado. Pero no en el que habíamos elegido, así que tuve que conformarme con un plato de tomate y, eso sí, sake a discreción, ya que llenan los vasos a rebosar. Como nuestros dos nuevos amigos nipones vieron que apenas había probado bocado, se ofrecieron a acompañarnos al callejón colindante, donde poder degustar ‘comida normal’. Se trataba de una izakaya en la que, aconsejados por ellos, sí probamos platos como los que habíamos tomado a lo largo del Lovers in Japan, como estos sashimis tan frescos. Fue una noche tan surrealista que, cuando nos acordamos, todavía nos reímos. De la forma que menos esperas, puedes entablar una conversación con extraños y terminar la velada compartiendo tren de vuelta a casa, como nos ocurrió. De no haber sido por ellos, todavía estaríamos pensando qué cenar…

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El Jardín Majorelle, explosión de color en Marrakech

Historia del Jardín Majorelle El Jardín Majorelle está situado en la Rue Yves Saint Laurent de Marrakech. Es una de las principales atracciones turísticas de Marruecos. En árabe su nombre es حديقة ماجوريل. Fue diseñado por el pintor francés Jacques Majorelle (Nancy, 1886) quien tras estudiar arquitectura, viajar por Europa y descubrir Egipto aceptó la invitación de un amigo de su padre para adentrarse en la medina de Marrakech. Con poco más de treinta años se instaló en esta mítica ciudad marroquí. Primero, muy cerca de la plaza Jemaa el Fna, y luego en el palacio del Pasha Ben Daoud. Durante meses, pintó la vida en esta parte del Norte de África, sus aldeas, gentes y mercados. Recorrió el Atlas, expuso en Casablanca y, en 1923, adquirió un palmeral a las afueras de Marrakech. Amplió su propiedad hasta las 10 hectáreas y construyó una casa de estilo local, además de un taller de reminiscencia bereber. En 1931, Jacques encargó el diseño de su chalet al arquitecto Paul Sinoir. Bajo las premisas del movimiento art déco y la influencia de Le Corbusier. Comienza al mismo tiempo la concepción de su obra definitiva, casi eterna: el Jardín de Majorelle. A lo largo de varias décadas, aquel palmeral fue integrando, en perfecta armonía, plantas de todo el mundo hasta convertirse en un tesoro botánico a pocos kilómetros del más voraz de los desiertos. La figura de Yves Saint-Laurent y Pierre Bergé El elevado coste de su mantenimiento y el fatal accidente automovilístico de su creador obligó a malvenderlo, cerrarlo y enterrarlo en el olvido allá por los años 60. Tuvieron que pasar dos décadas para que el modisto Yves Saint-Laurent y su pareja, Pierre Bergé, iniciaran la recuperación de este oasis floral. Dicen que el azul intenso que se observa en las paredes de la villa fue una creación muy elaborada de su propietario, fascinado por el arte en movimiento. El jardín original, casi idéntico al actual, ofrecía varios ambientes, con el agua como protagonista. Destacan la buganvilla o el jazmín en contraste con el cactus o el bambú. Hoy en día el Jardín Majorelle esconde centenares de especies botánicas, da cobijo a pájaros desconocidos en otras latitudes y alberga un museo de arte bereber repleto de abalorios, ropajes, cerámicas, textiles y bocetos hechos por su fundador.

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Hotel Sofitel Hamburg Alter Wall, delicioso descanso en Hamburgo

Tras nuestra primera experiencia con la cadena Sofitel, en la localidad marroquí de Essaouira, no lo pensamos dos veces a la hora de reservar alojamiento para las últimas noches del año en Hamburgo. Ubicado en pleno centro de la ciudad, y con un modernas instalaciones, el Hotel Sofitel Hamburg es un cinco estrellas que invita a no salir de la habitación. A menos que uno busque relajación en su maravilloso spa. Habitaciones con espectacular diseño La nuestra, una doble de lujo, tenía un ventanal con vistas al canal de Alsterkanal. Desde él pudimos contemplar el espectáculo de fuegos artificiales minutos después de empezar 2014. A la mullida y enorme cama exclusiva de los Sofitel, MyBed -que puede adquirirse en su web por 4.300 euros- se suma un cómodo sofá con reposapiés en forma de huevo diseñado por Herman Miller. Lugar ideal para mirar la televisión en una pantalla plana de 42 pulgadas o escuchar la música de nuestro iPhone en el sistema de audio Bose Wave. En el cuarto de baño, con una gran bañera y ducha de efecto lluvia, aguardan dos suaves albornoces y aromáticos amenities de Lanvin. Una de las mayores cualidades de esta cadena hotelera es el cuidado que ponen en los detalles. Desde cafetera Nespresso a botella de agua de cortesía o unas esponjosas berlinesas para recibir al año nuevo. La exquisita decoración hace que el minibar esté oculto a modo de armario en la pared. O que un ejemplar de buen vino francés se esconda en un pequeño cajón. Otro de los puntos fuertes del Hotel Sofitel Hamburg es el desayuno. Siempre dispone de un cocinero para preparar platos calientes al momento: huevos, tortillas, tortitas… Puede decirse que no falta de nada. Gran variedad de zumos y panes, fruta preparada, fiambres, quesos, embutidos, bollería para todos los gustos… Y algunas delicatessen como salmón o yogures artesanales. Nos llamó la atención el buen número de productos biológicos y bajos en calorías con los que cuenta el bufé. ¡Los alemanes saben cuidarse! Pero si hay algo que enamora del Hotel Sofitel Hamburg es su encantador spa. Con piscina climatizada, sauna, baño turco, baño de contraste para los pies, tumbonas, masajes… Nos gustó del Hotel Sofitel Hamburg – El tamaño de la habitación y del baño, 33 metros cuadrados en total. – Los amenities de Lanvin. – La conexión wifi gratuita. – Los platos preparados al momento en el desayuno. – La fuente con manzanas frescas en recepción, a disposición de los clientes. – La terraza de verano a orillas del canal y con embarcadero privado. – La infinita tranquilidad del spa, casi siempre… No nos gustó – Que me perdonen los padres y madres, pero enseñar a nadar a una niña chillona en la piscina de un spa no es, definitivamente, buena idea. El precio de la habitación doble de lujo de este hotel en Hamburgo, desde 240 euros por noche con desayuno y acceso al spa incluidos.

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Campo di Fiori, mercado de Roma para comprar productos italianos

Es uno de los mercados más antiguos de Roma, pues hay constancia de que en 1869 ya existía el Mercato Campo di Fiori, que tiene lugar cada sábado en la plaza de igual nombre. Cuenta la historia que en ella tenían lugar castigos y ejecuciones públicas. En 1600, Giordano Bruno, filósofo y poeta italiano, fue quemado vivo por hereje, consecuencia de sus teorías revolucionarias sobre el universo. Y recuerdo de ello es la gran estatua situada en el centro de la plaza, obra del escultor Ettore Ferrari. Lo que comenzó siendo un espacio para la compra y venta de caballos se ha convertido muchos años después en un encantador lugar donde los romanos adquieren productos frescos y artesanales. Además de quesos, aceites, vinos y licores. Aunque no llega a las dimensiones del Mercato Centrale de Florencia, el de Campo di Fiori es perfecto también para conseguir auténticos productos de Italia. Perfectos para llevar de recuerdo a España. Como pastas -de todas las formas y colores posibles-, tomates secos -que envasan al vacío-, funghi porcini deshidratado o mezclas de diferentes especias para los platos de pasta, como pesto, puttanesca, arrabbiata o carbonara. Por la noche, la zona se transforma y es punto de reunión para los jóvenes. Por lo que abundan bares y restaurantes con coquetas terrazas donde cenar, tomar un helado o disfrutar del llamado aperitivo italiano a un módico precio. El Mercato Campo di Fiori abre de lunes a sábados, de 7 a 13.30 horas.

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The Prince Park Tower Tokyo, un hotel con vistas al monte Fuji

Siempre que viajamos intentamos alojarnos en buenos hoteles. Qué le vamos a hacer. ¡Nos gusta! Desde que vimos fotos de The Prince Park Tower Tokyo Hotel nos quedamos enamorados. Así que no lo pensamos dos veces para hacerlo nuestro lugar de descanso en la última etapa del Lovers in Japan. Las primeras noches elegimos el Dormy Inn Premium Shibuya-jingumae, con precio mucho más ajustado y desayuno incluido. Pero esta vez quisimos darnos un capricho y disfrutar de las excepcionales vistas que ofrece, además de otras comodidades. El baño del The Prince Park Tower Tokyo Hotel, por ejemplo, es uno de los más grandes que hemos tenido en nuestros viajes. Y, sin duda, el de mejor panorámica. Este hotel destaca también por estar especializado en bodas. Un paseo por sus plantas subterráneas es toda una aventura donde encontrar sastrerías, zapaterías, peluquerías, tiendas de complementos, joyerías… Tokio es una urbe enorme y, en caso de estar invitado a un enlace, no es necesario moverse de allí para estar preparado. Dispone también de una zona de ocio muy curiosa, con bolera, mesa de billar, dardos, sillones de masaje… Las vistas que ofrecen algunas habitaciones del The Prince Park Tower Tokyo Hotel no pueden ser mejores. Tanto de día como de noche, el skyline de la ciudad japonesa resulta fascinante, con la Torre de Tokio al frente, el parque de Shiba a sus pies y el Monte Fuji en la lejanía. ¿No os parece? Nos gustó – La conexión wifi gratuita. – La situación, a 2 minutos a pie de la estación de metro de Akabanebashi y a unos 12 del JR de Hamamatsucho. – El shuttle gratuito desde y hacia Hamamatsucho. – La enorme ducha y la bañera de hidromasaje. Perfecta para relajarse tras un día de turismo por Tokio con la visión de las luces nocturnas de la ciudad. – Las cortinas eléctricas. – Los amenities, que incluían sales de baño y crema hidratante facial. – Que, por fin, las toallas en Japón fueran de verdad y no del tamaño de un trapo de cocina. No nos gustó – Que la piscina fuera de pago… ¡Y menudo pago! Unos 12 euros por día. El precio de nuestra habitación, al tratarse de una esquinera con vistas, era de 160 euros por noche en solo alojamiento. Aunque es elevado, es uno de los cinco estrellas de Tokio más económicos, ya que algunos hoteles pueden alcanzar los 600 euros con facilidad.

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